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Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
La Constitución Política de Colombia de 1886 restableció la pena de muerte abolida en la de 1863, pero lastimosamente la exceptuó para delitos políticos. En Colombia los cambios nunca son de fondo, así como las reformas tributarias nunca son “estructurales”.
En mi columna del 5 de enero escribí: “subir “irracional e incoherentemente” el salario mínimo por orden del gobierno, diciendo que eso acaba la pobreza, es una canallada politiquera preelectoral. Es como creer que habrá más profesionales si el gobierno regala diplomas universitarios.”. El 19 insistí diciendo que: “El irracional pero electoralmente “eficaz” aumento del 23% del salario mínimo, así lo derogaran, aseguró al menos 5 millones de votos de colombianos forzados a hacer una contabilidad muy estomacal y para quienes resulta una “bendición” el incremento decretado por el alucinado marxista en el poder; aunque ignoren que provocará más informalidad y un tsunami de despidos “difícilmente medible””.
Los comunistas son entrenados para usar “todas las formas de lucha”, incluso la fuerza y la “compra de votos”, para acceder y perpetuarse en el poder. Como expertos extorsionistas, no temen comprar votos con aumentos salariales desquiciados y amordazar a la clase política que queda en la guillotina electoral si se opone a ello, así tengan razones coherentes con la viabilidad del país, del empleo y las empresas que pagan los sueldos e impuestos.
Llevamos décadas bajo extorsión de criminales. Tantas, que parte de la sociedad, dirigencia empresarial, política y religiosa del país, se acostumbró a arrodillarse, a aceptar “todo” con tal de no ser asesinada o perder elecciones. Toda esta postración, que confundió la paz con el apaciguamiento, se institucionalizó con el acuerdo de impunidad extorsiva de JuanMa y un cartel narcoterrorista.
Entiendo que en la coyuntura política y para evitar dejar el país en manos de los “tal-ivanes”: Cepeda, Mordisco y Márquez, los candidatos de la oposición terminen arrodillándose al ilógico aumento del salario mínimo, pero no deja de olerme a cobardía. A excepción de Fenalco, de muchos gremios y dirigentes no espero sino genuflexión, como la Andi, que en marzo cumple 30 años sin presidente. De los candidatos de la oposición lamento que necesitados de votos, planteen disculpas tan lamentables como decir que: “dejemos así”, que si ya pasó pues “nos tenemos que acomodar”, que hay que aceptar la violación y soñar ingenuamente que los victimarios y terroristas dejarán de serlo, especialmente si comprueban que violar la ley y hacer lo indebido da más frutos que ser decente y coherente.
Soy un profesor que ve con tristeza el mensaje destructivo que llega a mis alumnos y al futuro de su país. Sus padres venden hasta los riñones para que estudien y sean profesionales responsables con la sociedad. Pero tras graduarse, si consiguen trabajo, ven que quien no se preparó se gana casi exactamente lo mismo que ellos, ¿ustedes creen que este país dejará de ser subdesarrollado si a quien se educa y aprende, le pagan lo mismo que a quien no? La cosecha de mediocridad que viene será descomunal.
No esperen que al país lo salven solamente líderes excepcionales, que no abundan y están atrapados por el populismo imperante. Lo salvarán los ciudadanos responsables y con espíritu gallardo que no votarán ni por Cepeda ni por Fajardo.