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La democracia del conocimiento

Lo curioso es que sigue primando el interés emocional, inclusive en las comisiones, de manera que a última hora, la aprobación de un proyecto va a depender de muchas circunstancias ajenas al dialogo del conocimiento.

01 de diciembre de 2023
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  • La democracia del conocimiento

Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com

En Platón y en Sócrates encontramos importantes reflexiones sobre el concepto de democracia del conocimiento. Ambos - al fin y al cabo, Platón recoge el pensamiento socrático - están de acuerdo en que la democracia como gobierno de las mayorías, se fundamenta en la concepción contractualista del poder, en la igualdad de los ciudadanos en sus derechos políticos y en las leyes como resultado material del dialogo socio político.

Sin embargo, dejan entrever que necesariamente la realización del dialogo como fundamento de la decisión democrática, requiere de un alto contenido de conocimiento. Sócrates sostenía que cada día se sentía más solo, pues sus interlocutores hacían prevalecer la emoción a la razón, y en esas condiciones la “demo” creada para ser dirigida por sabios y filósofos, se derrumbaba ante el apogeo del sentido emocional de las mayorías.

La doctrina contractualista de las mayorías, fundamento esencial de la democracia actual, hace que el sentido emocional desplace la reflexión racional, en el ser, el actuar y el decidir de los políticos. Pareciera que el conocimiento dejó de ser la piedra angular de la democracia, para ser reemplazado por el impulso de las mayorías, supuestamente cubiertas de una sabiduría que no tienen, pero que se les ha reconocido para garantizar un supuesto diálogo permanente, el cual es materialmente imposible por falta de fundamentos conceptuales entre quienes participan en el mismo.

En algún momento de nuestra convulsionada historia, el constituyente colombiano fue consciente de esta situación. En la estructura constitucional de 1886, por solo mencionar el modelo unitario de estado, las leyes se discutían y aprobaban en sesiones plenarias de senado y cámara. Era un absurdo pensar que un cuerpo colegiado integrado por cerca de doscientas personas pudiera discutir con seriedad y serenidad cualquier tema, que de acuerdo con las reglas sobre competencia era materia de la ley.

Consciente de este inadecuado proceder, la reforma constitucional de 1945 creó las denominadas comisiones constitucionales permanentes, identificadas técnicamente de acuerdo con la materia que compete a cada una de ellas. Se dispuso que cada comisión estaría integrada por expertos en esa respectiva materia. Fue un importante progreso, lamentablemente en la conformación práctica de las mismas, imperan intereses distintos al conocimiento. De todas formas, significó un avance, porque se supone que el diálogo real sobre un determinado tema se da en la comisión constitucional, que se encarga de llevar las recomendaciones del caso, para que la respectiva plenaria imparta su aprobación o rechazo.

Lo curioso es que sigue primando el interés emocional, inclusive en las comisiones, de manera que a última hora, la aprobación de un proyecto va a depender de muchas circunstancias ajenas al diálogo del conocimiento. La democracia moderna se debate en una profunda disyuntiva entre el dialogo del conocimiento y la decisión emocional. Los temas sujetos a discusión son cada vez más complejos y los medios electrónicos, los hacen de reacción inmediata. La educación parlamentaria es punto clave para la democracia del futuro. Sin conocimiento no habrá democracia real.

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