Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

La sinfonía sorda

Es inadmisible que la cultura de la supuesta perfección formal y la belleza estética se sostenga sobre la mutilación silenciosa de quienes crean el sonido.

hace 2 horas
bookmark
  • La sinfonía sorda

Por Lina María Múnera G. - muneralina66@gmail.com

El silencio es el lienzo sagrado sobre el cual se dibuja la música. Pero en las altas esferas de la llamada música culta, ese lienzo se está resquebrajando con un chirrido constante, un intruso invisible, agudo y desesperante: el acúfeno. Esta es una condición que hace referencia a la percepción de un zumbido, un pitido sibilante o un rugido en los oídos que no proviene de ninguna fuente sonora externa, sino del daño acumulado e irreparable en los delicados filamentos del oído interno. Es el tinnitus, un fantasma biológico que hoy tortura de forma crónica al 42.6 % de los músicos de orquesta a nivel global, según los crudos datos recopilados por organizaciones internacionales como la fundación TinnitusFree.

La paradoja es tan estridente como el peor de los acoples en un escenario mal ecualizado. En la sociedad suele elogiarse la sofisticación de los teatros líricos, la finura interpretativa del repertorio clásico y el rigor técnico casi divino que se exige en la formación sinfónica. Sin embargo, justo debajo de los trajes de gala perfectamente planchados y de las reverencias solemnes ante el público, late una vulnerabilidad humana profundamente desprotegida. Ese entorno que presume de ser culto, pulcro, sensible y vanguardista es, en la intimidad de sus camerinos, una maquinaria feroz que engendra un ecosistema de pánico, desprotección laboral e inseguridad psicológica completamente insostenible.

Mientras las grandes estrellas del pop y del rock llenan titulares en la prensa hablando de su salud auditiva con una naturalidad liberadora y madura, en los pasillos alfombrados de la música clásica el dolor físico se esconde con una vergüenza decimonónica. Un guitarrista de rock con tapones de protección en sus orejas es visto hoy como un profesional moderno y responsable, mientras que un violinista con el mismo accesorio en un ensayo sinfónico es catalogado, con demasiada frecuencia, como un elemento defectuoso o débil.

El miedo absoluto a perder el empleo en un mercado laboral supercompetitivo, el terror a ver triturada la reputación tras décadas de disciplina monacal y, peor aún, la amenaza existencial de ver disuelta la propia identidad profesional, obligan al músico a tragar saliva, agachar la cabeza y seguir tocando a pesar del tormento. Las estadísticas globales reflejan este pavor: solo 37 % de los instrumentistas que padecen este trauma acústico se atreven a buscar un diagnóstico médico formal. El resto prefiere que el cerebro se le incendie por dentro antes de admitir que su herramienta de trabajo se está apagando. El impacto psicológico del tinnitus en un artista es devastador porque al no poder escapar del sonido, su espacio mental se ve invadido las 24 horas del día.

Es inadmisible que la cultura de la supuesta perfección formal y la belleza estética se sostenga sobre la mutilación silenciosa de quienes crean el sonido. El acúfeno en las filas de la orquesta no debe seguir considerándose un simple gaje del oficio, sino una negligencia institucionalizada. Y el entorno de la música clásica no debería ser ese club tan selecto y sofisticado que prefiere condenar a sus mejores artistas a una perpetua sinfonía de tortura interna con tal de no admitir que sus propios templos sagrados, a veces, ensordecen.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD