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Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com
El 31 de octubre de 2004, hace ya veinte años, el New York Times publicó por primera vez Modern Love, una columna dedicada al amor y las relaciones. Hace unos días Daniel Johns, su autor, miró en retrospectiva y escribió siete lecciones de lo que ha aprendido tras hablar cada semana con desconocidos sobre sus enredos románticos, platónicos y familiares.
De entre ellas destaca una que publicó hace mucho y que se convirtió en el artículo de Modern Love más popular de todos los tiempos porque hasta el momento lo han leído más de 75 millones de personas. Se titula Las 36 preguntas que llevan al amor y el mensaje central es que sentir curiosidad por la gente que se conoce es mucho más seductor que hablar de los propios logros.
Se basó en un estudio del psicólogo Arthur Aron (y otros) que explora si se puede acelerar el proceso que lleva a la intimidad entre dos extraños mediante una serie de preguntas, bajo la premisa de que la vulnerabilidad mutua fomenta la cercanía. Tal parece que el asunto funciona y que eso de evitar la autopromoción y en su lugar interesarse por lo que el otro cuenta es la clave de una sana relación entre iguales.
En cuanto a las otras seis lecciones, se podrían resumir así: la forma de negociar los conflictos, que son inevitables, es el indicador más importante de la compatibilidad de una pareja. Vivir el momento, dejar de pensar en el futuro o en el pasado, en lo que puede pasar o no, y guardar el teléfono. Relacionarse con empatía, y pensar, si esa relación termina, que no se puede odiar a alguien que formó parte de traer algo bueno al mundo.
Lo que nos lleva a otra gran lección y es que las relaciones no tienen que durar para ser bellas: “Cada relación que tenemos, corta o larga, puede ser buena, esencial, incluso transformadora, y tener un valor duradero. No se trata de superarlo y soltarlo. Se trata de hacerle honor a lo que pasó”. Esta enlaza con otra recomendación que es saber apreciar la belleza de la impermanencia, porque nada que no tenga límites puede ser precioso. Precisamente es la fugacidad de la vida y el amor lo que hace que nos aferremos tanto a ellos.
Y la última lección la da desde la perspectiva de quien ha editado textos durante años: escribe bien, ama bien. Lo que significa que hay que esforzarse por ser honesto, generoso, abierto, curioso, divertido y humilde tanto en la escritura como en el amor.
Daniel Johns sigue con su columna, a la que suma podcast, libros, presentaciones en vivo y programas de televisión en varios países, así como otro texto semanal en un espacio titulado Pequeñas historias de amor, donde cualquiera puede contar la suya en 100 palabras. El ejercicio vale la pena, lo publiquen o no.
Acotación: escribir una columna semanal durante más de veinte años exige una constancia y disciplina a prueba de todo. Va mi admiración por compañeros de estas páginas como Alberto Velásquez, Juan José García, Ernesto Ochoa y Óscar Domínguez que siguen firmes.