Pico y Placa Medellín
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Imposible verlo estirando churumbel. Lo primero que se le ve es una cierta sonrisa. Vive agradecido con el cuerpo médico.
Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com
Mi nonagenario invitado en esta ocasión pertenece a la logia de los que se agachan y se les cae un libro, o su equivalente. En esa vía, es de la cuerda de Otto Morales, Antonio Cacua Prada o el yarumaleño Diego Jaramillo, mandacallar del Minuto de Dios, quien se hizo cura en la fría Santa Rosa de Osos.
Jesús María Amaya Alzate, el doctor Chucho, es santarrosano, o sea, paisano de Barba Jacob, Rogelio Echavarría, Bernardo Hoyos, el poeta Darío Jaramillo. Sobre ellos ha escrito en alguno de los 55 folletos que ha editado. (De Bernardino, su nombre original, cuenta que lo metieron en cursos para mejorarle la voz porque con la que tenía no llegaría a ninguna BBC de Londres).
Chucho enseña, ejerce el derecho y escribe. Es su forma de estar en el mundo. Se pulió en la escritura ejerciendo sus dos profesiones: licenciado en Educación de la Universidad de Antioquia, y abogado de la de Medellín. Durante 27 años fue maestro de primaria y bachillerato.
También se ha lucido como instructor del Sena, cazador de gazapos, gocetas, historiador, amigo, conversador de cinco estrellas, persona delicada, filántropo, seminarista, biógrafo, defensor de causas perdidas.
Si su cliente no tiene con qué, lo defiende gratis y le encima almuerzo y le paga el bus de regreso a su estrechez doméstica. En caso de cobrar por demandas se lleva el 10 por ciento. La normal es el 30, aclara. A sus noventa y monedas nada que se regala el descanso. Hace 27 años tiene un programa musical los domingos en Radio Bolivariana 1110 AM.
Las dos últimas veces me topé con él en los sitios donde solemos coincidir los muebles viejos: en la misa por sus 90 años, y en el cementerio Jardines de Paz, donde le deseamos buen viento, buena mar y buen amar a un amigo común, Armando Garcés, pastuso, estadístico de la U. de Medellín. Bueno, y para meterle guadua a la vida, hemos coincidido en El Pájaro Loco, de Envigado, un bar donde ponen música vieja, su especialidad. Cuando sus hijos lo recogen paga la cuenta hasta ese momento. Nada de gorriar. Se deshace en elogios por su fallecida esposa Ofelia Castrillón y sus hijos Margarita Rosa, Luis Fernando, Juan Carlos, Héctor Mario, ya fallecido, Cecilia Lucía y María Elena. De ellos dice que son ciudadanos íntegros, profesionales.
Católico, apostólico y santarrosano, aprovecha su activismo en WhatsApp para tirar línea religiosa. Incluye citas como esta reciente de san Mateo 14:27: “Soy yo, no tengas miedo”.
Imposible verlo estirando churumbel. Lo primero que se le ve es una cierta sonrisa. Vive agradecido con el cuerpo médico. Los galenos “solo” le han quitado la próstata. Regala la fórmula de su longevidad: nada de trago ni de cigarrillo, sanidad mental y física.