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Por eso me demoro tanto en el baño

Pensar es rico, pero en exceso abruma. Buscar de forma exagerada explicaciones nos hace perder la espontaneidad y el goce real. La vida se basa en decidir cuándo pensar y cuándo actuar.

05 de julio de 2023
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  • Por eso me demoro tanto en el baño

Por Dany Alejandro Hoyos Sucerquia - @AlegandroHoyos

La ventaja de que casi nadie te lea es que puedes ser sincero y hablar acerca de pensamientos íntimos que posiblemente a nadie le interesen. En mi caso suelo pensar mucho en la vida y tratar de encontrarle explicación a lo que veo y siento. No me es fácil ir por ahí dejando que las cosas pasen desapercibidas. Esto me ha llevado a pensar más de lo normal y enredarme en unos ovillos para nada fructíferos pues he terminado más confundido que cuando inicié y sin ninguna respuesta satisfactoria, lo que desencadena una frustración con un golpe adicional, pues por estar pensando en lo que siento muchas veces no he disfrutado el momento. En ocasiones es mejor dejar que todo pase por arte de birlibirloque. Que se caiga lo que esté flojo.

¿Qué pasa si a veces vamos por la vida simplemente yendo, dejando que el azar haga su trabajo? Ni idea. Lo sé, da sustico perder el control y dejarse sorprender, contemplar sin afán el aquí y el ahora, y evitar la desesperanzadora explicación de la vida. Ella, solo pasa, y nosotros por estar maquinando razones, no vemos lo fantástico que nos puede suceder. Ese es el problema de los que, “le echamos mucha mente a todo”. A veces es mejor sin mente, como la Barbie, porque filosofar se puede convertir en el arte poco práctico del saber, la alabanza del desgano y el nihilismo como excusa de la mediocridad. Pero henos aquí, estupefactos pensando la vida, analizando las tragedias propias y ajenas, no sabiendo que por más que pensemos en por qué el mundo es así, por qué esa persona nos dejó, o por qué nuestros padres hicieron esto o aquello; la realidad es que el mundo es así, esa persona se fue y lo que nuestros padres hicieron es la razón, en gran parte, de lo que somos.

Pensar es rico, pero en exceso abruma. Buscar de forma exagerada explicaciones nos hace perder la espontaneidad y el goce real. La vida se basa en decidir cuándo pensar y cuándo actuar. Ella, indiferente, sabe que cada cosa tiene su tiempo. Por eso: a la hora de comer, contempla los sabores en tu paladar; a la hora de cantar, canta y déjate llevar de la emoción; a la hora de trabajar, trabaja; a la hora de descansar, descansa; a la hora de reír, ríe; a la hora de llorar, berrea mami berrea; a la hora de estar, es mejor que estés, en cuerpo y mente. Y a la hora de pensar, reflexiona con conciencia. Piénsate a fondo sin desconocer tu vida, pues esta se hizo para vivirla y puede que te la estés perdiendo. Sal a la calle y deja de estar echándole mente a todo, porque de lo contrario te quedarás escribiendo pensamientos al garete en una columna que pocos leen mientras estás en el baño.

Es ahí cuando me levanto, dejo de pensar, de chatear, me lavo las manos y salgo a vivir

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