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Matoneo

Creo que deberíamos empezar a ver el matoneo adulto como lo que es: una regresión infantil.

hace 5 horas
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  • Matoneo

Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo

Al hijo de una amiga tuvieron que cambiarlo de colegio porque le estaban haciendo bullying. El acosador, supongo, debe estar orgulloso de su logro. Sintiéndose aún más fuerte, más influyente y, sobre todo, con fuerzas renovadas para exhibir su capacidad intimidatoria ante otra nueva víctima. A mí, la verdad, en vez de bullying, me gusta más la palabra matoneo, me parece más contundente. Viene del verbo matar y termina con el sufijo eo que, en español, se usa para formar sustantivos que designan una acción reiterada. Aquel que ejerce el matoneo necesita exhibir su capacidad de hacer daño, no una vez, sino la mayor cantidad de veces posible para que quede claro de lo qué es capaz.

El matón, casi siempre, ataca por una razón muy sencilla: porque puede. Como el que es alto y se pone a jugar basquetbol. En ocasiones los motivos son tan simples que cuesta creerlos. Puede ser porque la víctima le cae mal o porque tiene algo de lo que él carece, por ejemplo, inteligencia. Los hay con pobre autoestima que necesitan sentir que hay alguien por debajo de ellos y también los hay con autoestima inflada o narcisista, estos buscan reconocimiento y respeto, aunque sea por las razones equivocadas. Sienten una especie de gratificación psicológica al comprobar que son capaces de alterar el estado emocional de sus pares. Sea cual sea el caso, los matones no dan sino lástima y lo peor es que casi nadie es capaz de decírselos por temor a ser atacado o porque, ante mentes tan cerradas y argumentos tan pobres, no vale la pena desgastarse refutándolos. Los imagino regocijándose en el sufrimiento de sus víctimas, creyendo que son superiores cuando en realidad son unos pusilánimes incapaces de llamar la atención por cosas que verdaderamente valgan la pena.

Llegados a este punto creo que todos, sin excepción, estamos de acuerdo en que los matones son patéticos y estorban en todos los patios de todos los colegios del mundo. ¿Y si les dijera que no estoy hablando necesariamente de matoncitos de colegio? Hay gente que crece y se dice adulta, pero se queda atrapada por siempre en la adolescencia. Los matoncitos de colegio al menos tienen padres y profesores, en cambio, los adultos que ejercen el matoneo no tienen a nadie que los haga entrar en razón. Su principal herramienta son las redes sociales, motivo por el cual, sus agresiones tienen mayor alcance, literalmente se quedan viviendo entre el bolsillo de sus víctimas. Se esconden detrás de perfiles, a veces sin foto y sin nombre, se unen a los ataques cuando ya han comenzado y hay una masa crítica detrás de la cual pueden diluirse sin consecuencias, en definitiva, son cobardes, aunque, con sus opiniones —casi siempre desinformadas y reduccionistas—, se crean ocurrentes y valientes. Sus pares lo validan, el algoritmo los premia y todos felices sumando likes.

Creo que deberíamos empezar a ver el matoneo adulto como lo que es: una regresión infantil. Los adultos que acosan en redes no están ejerciendo su libertad de expresión, sino que están operando desde una estructura psicológica de doce años. Seguro que después van a la reuniones del colegio de sus hijos a indignarse con los índices de matoneo. Son parte del problema y ni se enteran.

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