A mí me gustan los ‘socialistas de iPhone’
Crítico

Wilson Vega

Publicado el 25 de septiembre de 2020

A mí me gustan los ‘socialistas de iPhone’

Wilson Vega
@Wilson Vega
Editor de Abecediario.co

El tema ha rondado, por lo menos, hace 5 años, pero volvió a ganar tracción en redes sociales gracias al líder de Más País y cofundador de Podemos, el diputado español Íñigo Errejón.

En un discurso ante sus pares del Congreso, recordó que a todos los miembros se les hace entrega de un iPhone y reflexionó acerca de cómo a menudo se les cuestiona a los politicos y activistas de izquierda el sostener ideas de redistribución y de Estado fuerte y, a la vez, tener un teléfono de la firma de la manzanita.

Ese estigma existe, y de hecho en inglés fue acuñada la expresión iphone socialist, que sirve a los defensores del capitalismo para burlarse de quienes se definen como socialistas o incluso como comunistas pero acceden a Internet desde dispositivos –como el iPhone– producidos en sistemas abiertamente capitalistas.

El argumento es que al usar bienes producidos en un sistema capitalista, exhiben una contradicción con sus ideas anticapitalistas.

No es una idea lo que se dice original, pero sin duda es taquillera, por lo que sigue en uso. Nada más esta semana circularon en redes fotos en las que se cuestionaba por enésima vez que personas con ideologías de izquierda, como quienes participaron en las marchas del paro del 21 de septiembre, tuvieran –horror de horrores– un iPhone.

Errejón señalaba, además, que al Iphone se le emplee a menudo como símbolo del espíritu emprendedor que promueve el capitalismo, asociado con frecuencia con la figura icónica de Steve Jobs, quien en la mente de muchos pareciera haber inventado solo el dichoso aparato.

Para desmontar ese mito, Errejón echó mano de la investigación que hizo Mariana Mazzucato, directora del Institute for Innovation & Public Purpose de Londres, quien en su libro The Entrepreneurial State: Debunking Public vs. Private Sector Myths, rastreó los orígenes de las tecnologías que hicieron posible al iPhone –es decir, las que pusieron el smart en smartphone– y halló que prácticamente todas fueron posible gracias al financiamiento estatal.

Así, la pantalla touch que Steve Jobs presentó como el eje de la nueva manera de interactuar con este dispositivo nació en la Universidad de Delaware, gracias a dinero de la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos, mientras que el GPS avanzó por la financiación del Departamento de Defensa.

Por supuesto, no es algo exclusivo de Apple. Las baterías que hicieron posible que Tesla lidere el campo de los vehículos eléctricos se desarrollaron con un inversión del Departamento de Energía y hasta el todopoderoso algoritmo de Google llegó a ser con el impulso de la mencionada NSF.

Y como si fuera poco, la propia Internet, cuando nació como Arpanet, fue el resultado del trabajo que varias universidades adelantaron cuando el Pentágono buscaba diseñar una red de comunicaciones a prueba de ataques nucleares. Y el http, el protocolo en el que se basa la World Wide Web, nació del trabajo del muy público laboratorio europeo CERN, en Ginebra.

Aclaremos aquí que ni a Mazzucato, ni a Errejón, ni a mí nos interesa quitar un ápice del mérito que tiene el emprendedurismo, el ingenio creativo. Steve Jobs no es menos Steve Jobs por haber ideado –siempre junto a su equipo– la manera de poner todas estas tecnologías en un solo dispositivo y nadie duda que es el denodado trabajo detrás de cada start-up lo que lleva a Google o a Netlfix a convertirse en... bueno, en Google o en Netflix.

Pero eso no basta. El propio Barack Obama señaló alguna vez, en un discurso, que cuando una empresa privada triunfa, ya sea vendiendo zapatos, o exportando bananos o haciendo animación 3D, usa carreteras, aeropuertos o redes que no construyó el espíritu emprendedor, sino la administración efectiva, dirigida y, es de esperar, equitativa, de los recursos del Estado.

Pero nada de eso cuenta, a la hora de la verdad, en lo que tiene que ver con quienes ostentan ideologías de izquierda a la vez que teléfonos inteligentes de última generación.

Sí, el iPhone ES un símbolo poderoso de capitalismo, en el que masas de compradores ven no solo la respuesta a una necesidad inmediata –comunicación, acceso a Internet– sino un símbolo de estatus que justifica pagar su costo con tal de pertenecer a un club o enviar un mensaje. Es que hasta Lisa Simpson tiene en este tema su punto débil.

¿Consumismo?, por supuesto que sí. ¿Capitalismo? Pues claro, ¿a quién engañamos? ¿Un descalificador de una mirada crítica de nuestra sociedad?, pero por supuesto que no.

En mi opinión, el peligro está, como siempre, en los extremos. Ese extremismo, ya sea de derecha o de izquierda, es promovido y alimentado por aquellos en el poder, porque beneficia sus intereses. Mientras se pelea por qué teléfono usa el uno o qué festivos respeta el otro, es fácil perder de vista que la clave para una sociedad que avanza de manera justa es el equilibrio entre las posturas de unos y otros y entre los derechos y deberes de unos y otros. Pero en un clima caldeado como el que se nos impone –como el que se nos ha impuesto por años– cualquier posición moderada es marcada como tibia y rápidamente descartada. La mesura se extingue y el radicalismo campea.

Si me preguntan, los socialistas de iPhone pueden ser inofensivos, o podrían probar ser exactamente lo que necesitamos. Contradictoria como puede resultar, la posición de quienes abogan desde su smartphone por igualdad salarial entre los géneros, por protección para el derecho a la protesta o por justicia ante el exterminio de los líderes sociales, habla de un privilegio que, de alguna manera, no les impide criticar el sistema en el que habitan.

Lo he dicho antes, el mundo no se va a salvar a punta de trinos, pero esto es, al menos, un primer paso. Si trinar es todo lo que hacen, los socialistas de iPhone no serán más que una entre tantas cosas absurdas y molestas en las redes. Pero si se decidieran a actuar... Bueno, eso es algo que yo quisiera ver.

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