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Que en una película aparezca una publicidad televisiva cuyo protagonista es un hombre de bigote vestido de mujer, que mientras se sienta en una de las mesas de lo que parece un viejo cabaret les dice a su espectadora y a nosotros: “¿Alguna vez pensaste que Alemania en 1930 habría sido grandiosa sin todos esos nazis?” antes de que veamos el logo de algo llamado Mundo Weimar, implica que esa película nos toma por gente inteligente e informada. En estos tiempos de guiones masticados cuya trama hay que recordar cada tanto por el desorden de atención de las nuevas generaciones, el uso de ese tipo de humor es un mérito en sí mismo.
La película de la que hablo es “Eternidad”, de David Freybe y está disponible desde hace unos días en AppleTV, sin haberse estrenado en nuestras salas después de su debut en el Festival de Cine de Toronto del 2025 y ser mil veces mejor que la mayoría de los estrenos de terror que hemos visto este año. Que la comedia romántica con el guion más original desde “About time” no tenga un espacio en la cartelera comercial, dice bastante de nuestra época. Porque además no cuenta la historia del comienzo de un amor, como casi todas las comedias románticas, sino la del fin de uno: el que ha unido a Joan y a Larry durante 65 años y que parece acabar cuando él muere inesperadamente.
Porque el estupendo guion que firman el mismo Freyne y Patrick Cunnane parte de una premisa inolvidable: usted, yo, todos los que conocemos, no nos vamos a ir ni al cielo ni al infierno, sino a una eternidad que podemos escoger, pero de la que no podremos volver. Ya sea que elijamos la eternidad bailable de Studio 54, o la aburridísima (y deseable para muchos) de los museos, vamos a estar ahí por los siglos de los siglos sin posibilidad de arrepentirnos y probar otra cosa. Y claro, la palabra eternidad no es algo en lo que piensen los jóvenes, mucho menos los que creen que un video de más de 40 segundos es largo. Pero los que nos vamos acercando a cierta edad, sonreímos al imaginarnos con quién querríamos compartir todos los días del resto de nuestra muerte. De allí que la decisión que debe tomar Joan sea tan difícil: ¿seguir con Larry, a quien le conoce todas las mañas, o probar con aquel primer esposo tan apuesto con el que no pudo crear un hogar porque murió en la guerra de Corea?
Pero una idea genial no funciona en pantalla si no cuenta con los intérpretes adecuados y por fortuna todo el reparto de “Eternidad” sabe hacer comedia: la química entre Elizabeth Olsen y Miles Teller se siente genuina; Callum Turner consigue ser simpático incluso cuando alza la voz, mientras que la gracia de Da’Vine Joy Randolph y de John Early como los ayudantes de turno es asombrosa. No todos los cabos del universo están bien atados pero hay detalles tan bellos (los malos recuerdos sólo se ven en la trasescena, por ejemplo) que todos querremos saber cuál amor decide Joan que será eterno. Puede que no sea el que los más jóvenes de la audiencia deseen, pero nosotros, los adultos reales, sabremos que es el que lo merece.