x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Crónicas de un Fan Fatal: ¿Qué significa revivir a un ícono en un holograma?

hace 8 horas
bookmark
  • Crónicas de un Fan Fatal: ¿Qué significa revivir a un ícono en un holograma?

Diego Londoño
@ElFanFatal

Gustavo Cerati no morirá nunca.

Digo esto sabiendo que su cuerpo ya no está con nosotros. Pero gracias a sus canciones, hechas eternas, y a su pasión desbordada por la guitarra, dejó de ser un ser humano cualquiera para convertirse en una leyenda que viaja por los aires, de continente a continente, tocando corazones, despertando recuerdos, impulsando nostalgias y susurrándonos que lo más bello de la música es su capacidad de eternizarlo todo.

Eterniza a quienes ya no están. Inmortaliza sensaciones. Resguarda recuerdos que la memoria empieza a borrar. Nos construye un álbum fotográfico mental que no necesita existir en físico, que no se daña con la humedad ni desaparece en un incendio. Ese es el verdadero poder de la música: la eternidad.

Una mañana desperté y encontré en mi celular cinco o diez videos de amigos que habían estado en el show de la gira “de regreso” de Soda Stereo en Buenos Aires: Ecos 2026. El espectáculo prometía algo tan esperado como incierto: ver nuevamente a la banda en escena con Zeta Bosio y Charly Alberti. Pero había una ausencia imposible de ignorar: la de Gustavo Cerati.

En esos videos ocurrió lo impensable. Como en un episodio de Black Mirror, esa serie que explora el lado oscuro de la tecnología y su impacto en la sociedad, vi a Soda Stereo completo, reunido otra vez, como si la muerte no los hubiera separado. A un lado, Charly. Al otro, Zeta. Y en el extremo izquierdo, sonriendo, con sus ademanes y su virtuosismo inconfundible, estaba Gustavo.

La ilusión era posible gracias a un holograma.

Sentí un vértigo inmediato que me llevó de regreso a 2007, cuando tuve la fortuna de verlos en vivo. Aquello no era solo una proyección: era una puerta al pasado. La pantalla proyectaba una presencia tan real que, por momentos, uno podía olvidar que no estaba allí.

Y entonces apareció la pregunta inevitable: ¿qué significa revivir a un ícono en forma de holograma?

Lo vi varias veces. Dudé. Me pregunté si esa era realmente su voz, si esos gestos eran algo más que un eco digital. Pero la emoción incluso a través de una pantalla era innegable. Y lo era aún más en la reacción de quienes estuvieron allí.

Al final, más allá de cualquier discusión, más allá de si esto es un recurso válido o un intento de explotar económicamente una ausencia, me quedé con una idea más simple: la importancia de la música.

La posibilidad de que quienes nunca vieron a Soda Stereo en vivo puedan experimentar algo cercano a esa alegría.

Solo por eso basta. Por ver a padres e hijos llorando con las mismas canciones. Por sentir cómo una misma emoción atraviesa generaciones. Por comprobar que hay algo de nosotros que también está sobre ese escenario.

Lo demás, la crítica, el debate, pierde peso. O, al menos, para mí, lo pierde.

Porque aunque el tiempo pase, llegue la muerte y los ídolos se vayan, la música sigue siendo ese puente que no se rompe.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD