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hace 14 horas
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Suelo recomendarle a la gente que no vea tráilers ni adelantos en Youtube de las películas que piensa ver en cine, para que la experiencia sea todavía más impactante. Si usted no tiene ni la menor idea de lo que trata El día de la revelación seguro que la va a disfrutar mucho más que los que vieron las entrevistas del reparto y las discusiones previas sobre “su tema”. Pero esta semana creo que tengo que hacer una excepción y sugerirles que antes de ver La cronología del agua, de Kristen Stewart (sí, esa Kristen Stewart que se hizo globalmente adorada como la protagonista de la saga Crepúsculo) busquen la charla TED (dura menos de 20 minutos) que hizo la autora de las memorias en las que se basa esta cinta, la escritora Lidia Yuknavitch, cuyo título en inglés se traduciría como La belleza de ser un inadaptado.

Y sugiero que la vean, porque Stewart, quien dirige acá su primer largometraje, ha tomado decisiones muy valientes y consecuentes con el material que adapta, pero que no se la ponen fácil al público más casual. Ante una introducción armada por planos rápidos y enfoques extraños, que aparecen con el ritmo de las brazadas de una nadadora, y que rompen con los esquemas más clásicos de narración para acercarse más al video arte cuando busca crear una atmósfera o recrear una emoción, pienso que es muy útil para el público que no leyó esas memorias (no se consiguen en español en nuestras librerías) saber algunas generalidades de la vida de Yuknavitch y de su manera de ver el mundo, para sentirse menos perdido en esos minutos y también para tener más aire que le permita aguantar hasta puntos donde la narración es más concreta.

Y aunque puede sonar a que estoy ahuyentándolos de las salas, espero que sea todo lo contrario: que advertirlos de las dificultades los anime al esfuerzo, porque obtendrán su recompensa. La película cuenta la historia de una mujer que vivió muchas desgracias, pero la forma en que la cuenta evita completamente la conmiseración o la autocompasión, que habrían sido formas más sencillas de relatarnos todo, para intentar, con una madurez cinematográfica que asombra por parte de Stewart, y usando muchos trucos de fotografía que Corey C. Waters toma del mundo del video musical, una vida intensa, que ha sido reflexionada por quien la vivió a posteriori. Por eso Stewart se permite hacer conexiones visuales (planos que se repiten en distintos tiempos, gestos iguales en personajes diferentes) ayudada por su excelente editora, la danesa Olivia Neergaard-Holm, que potencian la intensidad de la actuación de su reparto, especialmente de Imogen Poots, su protagonista, quien nos entrega la mejor interpretación de su carrera.

Como el agua, el leitmotiv de la película, Stewart adapta la forma de su cinta a la vida que está contando, y no al revés, que es lo usual. Y lo logra con más virtudes que fallos, lo que hace pensar en que ha nacido una gran directora, genuinamente interesada en contar historias a su manera, que en este caso, puede que no sea la que más acostumbre a ver buena parte del público.

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