Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4
Con el porcentaje de embarazos adolescentes en América Latina es casi inexplicable que no existan más películas como “Blondi”, de Dolores Fonzi, que se puede ver desde hace poco en Prime Video. Porque la relación humana más importante que toca esta comedia es la de una mujer a la que todos llaman por su apodo, incluso su mamá, con el hijo que tuvo a los 15 años. Una compinchería (rumbean juntos, comparten intimidades y humor casi como un hábito) que los convierte a cada uno en el mejor amigo del otro. Blondi no necesita a ningún otro hombre en su vida, ni lo está buscando, como lo deja clara una escena en la que a la salida de un local de juerga prefiere irse sola que mal acompañada.
Dolores Fonzi, que además de dirigir escribe el guion junto con Laura Paredes, crea una comedia dramática efectiva y entretenida, con esa combinación de verosimilitud y gracia en las actuaciones (ayuda que las dos guionistas también sean actrices) del mejor cine argentino. A diferencia de la mayoría de las comedias latinoamericanas, Fonzi no apela a la exageración o al chiste de grueso calibre para crear humor. Sus diálogos, rápidos y filosos, usan la ironía para condimentar situaciones que reconocemos: la eterna pelea entre hermanos, el marido inútil para la crianza que cree que sus problemas son lo más importante en esta vida y que las mujeres de la familia deben resolvérselos, cierto complejo de Peter Pan de Blondi. Y además agrega otras menos comunes, que subvierten esa maternidad ideal que tanto nos gusta presentar y que es otra forma del machismo. Aquí tenemos a Pepa, la mamá de Blondi, una Rita Cortese habilísima para encontrar el timing exacto del humor, que trata sin condescendencia a sus hijas, con una preferencia abierta por una de ellas; o a Martina, efectiva Carla Peterson, la mamá que descubre que no extraña a sus hijos, que a lo mejor no le hacen falta ni ellos ni el marido.
“Blondi” consigue hablar de temas importantes, como las ventajas que tendría el aborto para el futuro de mujeres jóvenes, sin dramatizar nada, y sin perder de vista que esto es una comedia. Ella se lo cuenta a su hijo Mirko mientras esperan que pase la lluvia, y éste tampoco lo asume como una confesión dolorosa (que sería el enfoque usual de nuestros melodramas) sino como la realidad de una chica que se convirtió en mamá sin buscarlo ni quererlo y que ha hecho todo lo posible para ser la mejor madre que pudo, como tantas y tantas en América Latina. Mirko, interpretado por Toto Rovito, un joven actor que aquí muestra el oficio de los destinados a ser estrellas, no se hace lío; no es el macho típico (que no tenga oído para meter los cambios del carro es una gran manera de mostrarlo) ni necesita serlo. Su sensibilidad es el producto de esas mujeres, con sus defectos y virtudes, que le han enseñado lo que es la vida. Mujeres así han sacado adelante solas, sin ayuda, a buena parte de este continente. Como lo muestra la última escena de esta buena película, es a ellas a quienes deberíamos levantarles un monumento.