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Supermercado Salón Málaga
Crítico

Lorenzo Villegas

Publicado el 10 de junio de 2020

Supermercado Salón Málaga

Nos enteramos de la triste noticia del cierre del lugar más emblemático de la historia culinaria de Colombia: La Puerta Falsa, en Bogotá, abierto desde 1.816 y liquidado por la cuarentena. De solo pensar en los lugares de Medellín da pánico: Repostería Astor desde 1.930, café Le Gris desde 1.978, salón Málaga, 1.957, Versalles, 1.961 y el Kaiser en Caldas, que abrió puertas en 1.953. No es lo mismo que cierren una sede de un restaurante de cadena a que se ponga fin a La Puerta Falsa. Sí, se pierden empleos, pero La Puerta Falsa era un sitio patrimonial, era la historia viva de la cocina colombiana. Que debido a la cuarentena cierren los restaurantes es una pena, pero lo patrimonial toca el alma. Por eso buscamos los protagonistas y les preguntamos en qué situación se encuentran y el porvenir de sus locales.

Para hablar del Salón Versalles nos comunicamos con Marcela Nieto, hija del fundador, para que nos narrara la situación:

“El próximo 15 de agosto Versalles cumple 59 años de existencia como un referente de gran parte de la historia de esta ciudad. Leonardo Nieto le compró a una familia catalana una repostería ubicada en la calle Junín. Aunque conservó su nombre decidió imprimirle un aire más bohemio tratando de replicar el ambiente de los cafés de Buenos Aires. A Versalles concurrían nadaistas, artistas, escritores, futbolistas y se fomentaban las tertulias de política, arte, fútbol o literatura. Para el sector gastronómico esta crisis tiene implicaciones muy fuertes. Nuestra identidad como lugar de encuentro, de charlas y de reunión se esfumó y nos ha tocado reinventarnos a través del canal de domicilios, pero si algo ha caracterizado a Versalles es la entrega y lealtad de nuestros más de 60 empleados, además de una clientela fiel, que nos ha dado su apoyo. Versalles ha vivido momentos difíciles como el abandono y la inseguridad del centro de Medellín en épocas violentas, pero nunca habíamos vivido una situación que revistiera estas características.

Queremos generar nuevos modelos de negocio, pero aún hay mucha incertidumbre y las condiciones no son claras. Las medidas de alivio que ha dado el gobierno no logran solucionar el problema, la falta de ingresos no permite cumplir con los compromisos que se generan, los cuales siempre pudimos responder a tiempo. Es nuestra voluntad resistir hasta el límite de nuestras posibilidades en honra a nuestra historia, a nuestro personal, a nuestros clientes y a una ciudad que nos ha acogido con tanto cariño por más de medio siglo”.

Por su parte, el Salón Málaga se fundó en 1.957, en Maturín entre Abejorral y Junín, pero desde 1972 está en la carrera Bolívar. César Arteaga, gerente del salón Málaga, nos informó sobre la situación.

“Tenemos 14 empleados con todas las prestaciones sociales. 25 músicos, más los bailarines, también dependen del salón. Abrimos de domingo a domingo, desde las 8:00 de la mañana hasta altas horas de la noche. Tenemos programación cultural completa de lunes a domingo, por eso el salón Málaga pasó de ser un bar común a ser un espacio cultural. Desde mediados de marzo cerramos puertas y hasta el día de hoy la registradora está en ceros. A los trabajadores les pagamos vacaciones adelantadas, teníamos programados los pagos de impuestos, sin embargo, el arriendo es muy alto y tenemos un atraso en el pago de ipoconsumo. Los servicios públicos llegan cumplidos y a pesar de que tenemos desconectados hasta los enfriadores, las cuentas llegan como si estuviéramos abiertos, sin sacar una bolsa de basura nos cobran el servicio completo.

Hemos tenido crisis fuertes porque el Centro es muy difícil, por ejemplo, la construcción del metro fue un momento muy duro, también la violencia de los noventa ya que la gente se iba a las 5:00 para la casa, pero la cuarentena no tiene comparación.

Por el espacio físico del Málaga podríamos atender al público con las normas de bioseguridad, pero a nivel nacional no se aprueban las aperturas y esto nos preocupa mucho porque no tenemos flujo de caja, la nómina es alta y los recursos se acaban. Además, el salón es una construcción desde lo colectivo, es casi un museo. Si nos reinventamos, podríamos ser el supermercado Salón Málaga, tendríamos que quitar toda la decoración y casi que borrar el recuerdo y la historia”.

El patrimonio humano y cultural está en peligro de desaparecer, podríamos crear leyes que los blinden para situaciones futuras similares, si es que de verdad valoramos nuestro ancestro. Parece que esto a nadie le duele, excepto, claro, a los dueños y empleados.

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