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Vivir en la anomalía. “Exit 8”, de Genki Kawamura

hace 1 hora
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Samuel Castro

Miembro de la Online Film Critics Society

X: @samuelescritor

Para Adela, que me prestó su escritorio para escribir esto.

Se le llama ostinato a esa reiteración constante de un motivo musical (una pequeña melodía o una figura rítmica, o ambas) sobre la que se arma una obra. El ejemplo más conocido para explicarlo es esa maravillosa frase con la que Maurice Ravel construyó su “Bolero”, repetida en un constante crescendo orquestal y pensado para que fuera el fondo de una coreografía que habría de bailar su querida amiga Ida Rubinstein. Por eso es un detalle muy bien puesto que el “Bolero” de Ravel sea lo que está oyendo el personaje principal de “Exit 8” cuando todo comienza, en el vagón de un metro subterráneo, mientras presencia un ataque machista a una pobre mujer cuyo bebé no para de llorar y todos en el vagón, incluido él, se hacen los pendejos.

Y digo que es un detalle muy bien puesto porque de la misma forma está construida “Exit 8”, la inquietante película japonesa que adapta un videojuego independiente lanzado en 2023, presentándonos una obstinada y constante caminata que hacen tres personajes por el mismo pasillo de la estación de metro, una y otra vez, atrapados en lo que parece ser un chiste metafísico o un episodio de “La dimensión desconocida”, que va haciéndose más intenso a medida que ciertos elementos del cine de terror, como las criaturas mutantes o las inundaciones repentinas aparecen. El director y coescritor del guion, Genki Kawamura, aprovecha al máximo el artefacto narrativo que ha construido para reflexionar sin dejar de entretener, sobre la vida rutinaria que vivimos todos y nuestra incapacidad cada vez mayor de mirar con atención, de percibir las señales que nos comunican, por ejemplo, que alguien a nuestro alrededor la está pasando mal.

Por eso además del protagonista inicial, un joven al que su novia le cuenta por teléfono que está embarazada, veremos a un hombre vestido como oficinista (camisa blanca de manga larga, maletín negro en una mano) y a un niño al que alguien o algo le ha hecho daño en el rostro. En una de las señales informativas de la estación, al joven y a nosotros nos serán transmitidas las “normas” que deberá seguir para salir de allí y que implican que tendrá que fijarse en cada detalle para captar la “anomalías” que se presenten. Cuando descubra una, deberá devolverse por donde vino, para poder avanzar hasta la salida 8, lo que significa que si se equivoca, como descubrirá con desesperación, todo vuelve a comenzar. La película se titula “Exit 8”, pero podría llamarse “Sísifo subterráneo” o “Moebius forever”.

Kawamura hace mucho con muy poco. Gracias a un inteligente diseño de producción y a un uso muy medido de los efectos visuales, “Exit 8” crea en el espectador el mismo efecto que el “Bolero” de Ravel, llevándonos hasta el borde de la silla para averiguar si alguno de los personajes logrará volver a la vida normal. Que esa vida normal no signifique ascender a un cielo, sino descender a otro nivel del infierno, describe muy bien el pesimismo que envuelve a la película. En un juego donde solo nos dan una vida, no podría ser de otra forma.

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