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El bloqueo ha puesto en jaque la economía mundial y los mercados internacionales se resienten cada día por la inestabilidad, de ahí los precios al alza del crudo y del gas.
La reapertura del estrecho de Ormuz es una prioridad absoluta. Con el precio del crudo Brent superando los 100 dólares, la presión es insostenible y por eso Trump ha intentado arrastrar a otros países para que le ayuden a defender la navegación. El problema es que la guerra ha ido escalando a un ritmo frenético en estas semanas y cualquier gesto de apoyo podría traer consecuencias aún más graves para el mundo.
La importancia geoestratégica de Ormuz es incuestionable. La ruta, por la que suele pasar el 20% del petróleo mundial (y un tercio de los fertilizantes), sigue paralizada por los iraníes y hay cientos de barcos cargueros y petroleros que están fondeados esperando salir o entrar a la zona con el fin de abastecerse. Para darse una idea, hay que pensar que antes de la guerra pasaban a diario por el estrecho unos 140 barcos.
El bloqueo ha puesto en jaque la economía mundial y los mercados internacionales se resienten cada día debido a la inestabilidad, de ahí los precios al alza del crudo y del gas. Lo curioso es que parece que este escenario no se hubiera tenido en cuenta cuando Estados Unidos decidió unirse a Israel y atacar a Irán. O por lo menos esa es la impresión que transmiten. Trump inició esta guerra sin ningún objetivo claro en mente, y todo apunta a que tampoco sabe cómo acabarla. Ahora, el factor clave es el tiempo, porque un cierre prolongado supone un claro riesgo financiero que puede acabar afectando al comercio global. Reabrir Ormuz no será una tarea sencilla para Washington porque se necesita mucho más que poder militar.
Washington sabe que los bombardeos aéreos no van a hacer caer al régimen que ya no tiene nada que perder y que está jugando al todo o nada. Además, en un año electoral tan importante como es este para Estados Unidos, Trump no puede arriesgarse a llevar la guerra sobre el terreno porque el costo político sería altísimo.
Los iraníes supieron convertir el estrecho de Ormuz en el cuello de botella de esta guerra y la salida de semejante crisis no se ve cercana. Al mismo tiempo que mantienen el bloqueo del estrecho, han empezando a golpear las infraestructuras que funcionan como alternativa a esta vía marítima: desde el pasado fin de semana, el régimen de los ayatolás ha atacado en dos ocasiones el puerto de Fujairah, en el golfo de Omán, que es utilizado por Emiratos Árabes Unidos para dar salida a parte del crudo que envía con destino a Asia.
El presidente estadounidense hizo un llamado a la Unión Europea para que le ayuden a solucionar este embrollo, pero los europeos, aunque necesitan que se reabra el estrecho para evitar una crisis económica, no quieren contribuir a agravar el conflicto. Los ministros han estado estudiando cómo colaborar para desbloquear el paso, pero no ven viable enviar navíos. Además le han recordado a Trump que Ormuz queda fuera del ámbito de la OTAN a lo que este ha respondido con amenazas de un futuro “muy malo” si los aliados no le ayudan.
En principio Trump ha descartado dialogar con el nuevo liderazgo iraní, pero la economía es un arma de presión muy poderosa. La falta de planificación y las discrepancias con Israel, que quiere seguir hasta el final y eliminar el régimen de los ayatolás, le están complicando la salida de una guerra que dijo que duraría solo dos semanas. Pero las contradicciones del republicano han sido continuas desde el inicio de todo esto y los medios de comunicación estadounidenses han puesto en evidencia que la Casa Blanca ha dado hasta once versiones distintas sobre el objetivo de esta guerra innecesaria.
La última medida que ha anunciado Washington es que el Pentágono podría reabrir Ormuz utilizando “petroleros escudo” para proteger a sus destructores de las minas iraníes. La industria naviera se muestra reticente ante esta posibilidad porque cualquier error en el primer convoy podría desencadenar un desastre ecológico y militar que terminaría por cerrar definitivamente el estrecho.
Mientras tanto, el reloj sigue con su imparable tic tac, los mercados presionan y crecen las críticas de los congresistas republicanos que se juegan su puesto en las elecciones de medio mandato. Eso por no hablar de lo esencial, de los muertos y heridos que se siguen acumulando.