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Lo bueno, lo malo y lo feo del Mundial

Lo mejor del Mundial lo dejó el campeón: el título de España no salió de un golpe de suerte ni del capricho de una figura. Es el resultado de un proceso de décadas.

hace 43 minutos
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  • Lo bueno, lo malo y lo feo del Mundial

Se acabó el Mundial. España levantó su segunda Copa del Mundo tras una final que dominó con suficiencia; Lionel Messi, a los 39 años y en su tercera final, se despidió coronado —ya con poca competencia en esa vieja discusión— como el mejor jugador de la historia, y Kylian Mbappe suma puntos para convertirse en legendario.

Con el balón quieto llega el balance y, como en la película de Sergio Leone, veamos lo bueno, lo malo y lo feo de este Mundial.
Entre lo malo hay que anotar unas “innovaciones” que siguen sin cerrar. Las pausas de hidratación se aplicaron hasta en estadios con aire acondicionado y terminaron siendo lo que se sospechaba: publicidad que parte los partidos en cuartos al estilo de la NFL. Solo con esos minutos, calculan los analistas, Fox recuperó más de la mitad de lo que pagó por los derechos. La pausa no solo resulta artificial sino que demostró que en prácticamente todos los partidos cambió el ritmo del juego.

Lo de la boletería fue grave: entre precios dinámicos y una reventa oficial en la que la FIFA cobró 15% a comprador y vendedor, este fue, según The Economist, el evento cultural más costoso de la historia.

Si esa lógica se queda, el deporte más popular del mundo será menos accesible para quienes lo llevaron hasta donde está hoy. Y el VAR no acaba de acertar ciento por ciento: lo padeció Egipto ante Argentina, lo sufrió Croacia con un fuera de lugar invisible al minuto 102 y no apareció para sancionar el pisotón de Messi. Demasiadas decisiones que ni con repetición quedan claras.

Lo feo tuvo protagonistas con nombre propio. Bastó una llamada de Donald Trump a Gianni Infantino para que la FIFA suspendiera la sanción del expulsado Folarin Balogun, goleador de EE.UU. Es insólito que una roja quede en el aire. La UEFA calificó la decisión de “incomprensible e injustificable” y advirtió que “cruzó una línea roja”. El fútbol, que no atiende razones de Estado, respondió con un 4-1 de Bélgica sobre EE.UU.

Feas las apuestas, otra vez actor de influencia sobre el deporte, y el racismo que no lo abandona, desde insultos de una senadora paraguaya contra Mbappé hasta millones de mensajes de odio que la FIFA rastreó en redes.

Y, sin embargo, fue mucho más lo bueno. Uno de los mejores mundiales de los últimos tiempos. El experimento de 48 selecciones, que amenazaba con diluir la emoción, nos regaló partidos memorables e historias de película. Ninguna como la de Cabo Verde, país de medio millón de habitantes que empató ante España y llevó a Argentina hasta el límite del alargue. Su arquero Vozinha, de 40 años, pasó de 50.000 a 29 millones de seguidores: sin duda una de las historias más entrañables del Mundial. ¿Qué pasará en cuatro años cuando sean 64 selecciones y la Copa se dispute en tres continentes?

Fue el Mundial de las estrellas. No es común que figuras que llegan cargadas de favoritismo brillen como en Norteamérica 2026. Bellingham y Kane sumaron trece goles entre los dos, casi la totalidad de Inglaterra, mientras Haaland se cotizó con 7 goles y brilló con doblete en la eliminación de Brasil. En la cima, el duelo que definió una era: Mbappé ganó su segunda Bota de Oro con diez goles y se quedó con el récord de máximo goleador de la historia de los mundiales, que Klose había dejado en 16, el francés tiene ya 22 y tres o cuatro mundiales más para aumentarlo. Messi cerró con ocho goles y quedó cerca con 21.

Además de Mbappe, solo tres jugadores han llegado a 10 goles o más en una misma edición del Mundial: Fontaine, de Francia, 13 goles en Suecia 1958; Kocsis, de Hungría, 11 goles, en Suiza 1954, y Müller, de Alemania, 10 goles, en México 1970. Hace más de 50 años no convertía un solo jugador tantos goles.

Fue un Mundial multicultural, lleno de equipos que son lecciones vivas de un mundo globalizado por la inmigración. Casi 25% de los jugadores defendió una camiseta distinta a la de su país natal y un centenar de futbolistas nacidos en Francia se repartió por otras selecciones. Empezando por el goleador de México que nació en un pueblito de Nariño en Colombia. Se hizo común en algunos países reclutar jugadores destacados en ligas europeas que a pesar de haber nacido en el extranjero tuvieran algún vínculo de sangre. Fue el caso de Curazao, reclutó a 25 jugadores de Países Bajos; Congo a 20 de Francia y Bélgica; Marruecos a 19 de España, Francia, Bélgica, Países Bajos; Bosnia y Herzegovina a 17, Argelia a 16 de Francia, Haití a 16. En total 289 futbolistas defendieron a una selección de un país en el que no nacieron, más del doble que en Qatar 2022.

Lo mejor del Mundial lo dejó el campeón: el título de España no salió de un golpe de suerte ni del capricho de una figura. Es resultado de un proceso de décadas que pasa por la Masia y por canchas de barrio donde Europa les enseña a sus niños fútbol desde que tienen 6 o menos años. En ese modelo los talentos brillan, pero al servicio del equipo: se vio en la cancha, donde en el campeón, más que una estrella, triunfó lo colectivo. Así lo dejó claro el técnico campeón Luis de la Fuente: “Además de gente talentosa, pueden jugar buenas personas. La gente solidaria y con valores es capaz de formar un auténtico equipo”.

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