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Esa manía de hacer cosas raras el último día del año

  • Rituales y agüeros para el cierre del fin de año. Foto: Julio César Herrera Echeverri
    Rituales y agüeros para el cierre del fin de año. Foto: Julio César Herrera Echeverri
Por Jonathan Montoya García | Publicado el 30 de diciembre de 2018

Querer atraer prosperidad para el año nuevo en las últimas horas del viejo es un asunto mundial, ya sea metiéndose lentejas en los bolsillos, como se hace en Colombia, o poniendo sal en las puertas como acostumbran los turcos.

La tradición no es nueva en ningún continente, tiene cientos de años; muchos le han confiado a esos ritos lo que les suceda en el año venidero, por esa razón los realizan como si en serio su futuro dependiera de ellos, o simplemente por divertirse.

Según el escritor y profesor José Guillermo Anjel, como la tradición de dar regalos o el origen de los buñuelos, los agüeros llegaron a estas tierras desde España y allá los recibieron como una herencia de los romanos.

“Fueron un imperio y por lo tanto los romanos conocieron diferentes culturas. Así tomaron las tradiciones, las recogieron de los hombres de los bosques, de los siberos, del Medio Oriente...”, relata “Memo”, como es conocido el escritor.

Los mismos deseos que la gente manifestará este lunes, prosperidad, abundancia, amor, ya los expresaban los romanos, cuenta Ángel, porque era la época más difícil del año, fría sobre todo, entonces pedían poder migrar, tener alimento y salud, entre otras súplicas. Todo eso lo heredaron después, dice el profesor, en Francia y España, donde estuvo el imperio. “Luego le empezaron a agregar cosas orientales, africanas...”, pero siempre con el mismo sentido: “desearse lo mejor en el peor momento”.

Todas las culturas han marcado el cambio de ciclo con rituales, asegura el historiador Nicolás Pernett; según él, lo hicieron los aztecas, por ejemplo, quienes cometieron sacrificios para los dioses con el fin de que el mundo siguiera funcionando. Desde eso, y hasta ahora, cada uno de los ritos “viene marcado por la incertidumbre de no conocer qué traerá el nuevo tiempo. Es la forma que tenemos los humanos de sentir un respaldo metafísico de afrontar ese sentimiento”, señala Pernett.

Anthony Aveni, profesor, astrónomo y antropólogo, ahora retirado, trabajó durante 54 años en la Universidad Colgate, en Nueva York y escribió algunos libros, entre ellos: The Book of the Year: A brief history of our seasonal holidays (El libro del año: una breve historia de nuestras celebraciones de temporada), en él detalla, entre otras cosas, lo que hacían los aztecas el 31 de diciembre.

Esta antigua cultura, expresa Aveni, celebraba la ceremonia del fuego nuevo. Entre sus rituales estaban destruir las esteras de sus hogares y arrancar un palo de pino del templo de la lluvia y del dios de la fertilidad para ponerlo en el “corazón” de sus casas.

“La víspera de año nuevo es para el año lo que es la medianoche (la hora de la brujería) para el día, un momento de peligro en el que el pasado y el futuro se encuentran. Es por eso que debemos hacer un balance de nosotros mismos, debemos darnos cuenta de nuestra propia vulnerabilidad. Hacemos resoluciones porque creemos que tienen la mayor probabilidad de que se hagan realidad cuando la puerta de Jano (en la mitología romana dios de los comienzos, las transiciones y los finales) al futuro se nos abre un momento”, relata el antropólogo en su libro, publicado en 2014.

Las ideas y prácticas, entre ellas las de celebración de fin de año, están permeadas por cada cultura, dice el historiador y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, Jaime Andrés Vásquez Jaramillo.

En ese sentido, señala, las prácticas mágicas y religiosas, muy comunes durante el último día del año, “no son solo una forma de conocimiento vulgar, sino una respuesta que da significado y proyección en el tiempo y en el espacio”.

Además, el profesor aclara que lo religioso y lo mágico tienen sus diferencias: lo mágico es inferior para religión y por lo tanto se le denomina superstición o agüero, a pesar de que “ambas formas por medio del rito transmiten y expresan su pensamiento”.

¿Brujos y hechicería?

En países como Estados Unidos y Francia, es más común que en vez de brindar con aguardiente o ron, las copas suenen al chocarse, pero llenas de champaña.

Actualmente las tradiciones de fin de año son múltiples y varían según el territorio en el que se celebren, en Brasil, por ejemplo, durante los primeros minutos del nuevo periodo no se come pollo, pero sí pescado o cerdo, porque, según las supersticiones de ese país, a las aves de corral, como escarban la tierra, se les asocia con retroceder, y lo que se necesita durante el año nuevo es avanzar. Así lo reportó en 2012 el periódico The Rio Times, señalando que en el país suramericano la tradición se mezcla hasta con rituales africanos.

Acá en Colombia pasa igual, así lo asegura el antropólogo y profesor del Centro de Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana, Hernán Darío Gil Alzate. Afirma que algunos de los agüeros guardan relaciones con la hechicería y la brujería, razón por la que el cristianismo les solicitaba a sus fieles no realizarlos. Según el profesor, esos rituales que buscan atraer amor, salud y prosperidad, en nuestro país vienen de la religión yoruba que trajeron los negros africanos que se asentaron en Cuba y Haití, practicando allí la santería y el vudú, respectivamente. “En el ciclo de cierre de año las personas manifiestan tres grandes deseos –amor, salud y prosperidad–, para ellos mismos y para sus conocidos. Esos tres elementos de los agüeros actuales coinciden con los de la religión yoruba”, señala el antropólogo.

Vásquez Jaramillo asegura que las cosmogonías mágicas de los indígenas y negros africanos sobrevivieron “pese a la evangelización y adroctrimanitento” y lo hicieron “a la par de las ideas religiosas oficiales del cristianismo; no entendidas como contrarias sino como complementarias”.

Para él, las batallas entre las ideas de la religión y las que se anteponen a ellas se ha librado a lo largo de la historia. En Colombia, en el periodo de la conquista “los frailes, al ver las prácticas rituales de los indígenas, las catalogaron como diabólicas y portadoras de hechicería”.

Combinación de tradiciones

Pero, ¿en qué momento exacto nos dio por comer uvas o por arrastrar una maleta dándole la vuelta a la manzana?

Quemar años viejos, es una herencia muy española, dice el escritor José Guillermo Anjel, viene de la parte del sur de Valencia. Por supuesto, comer uvas también lo es.

Sin embargo, rastrear la época en particular en la que se comenzó a hacer es difícil, considera Gil Alzate. Para él, muchas de esas prácticas surgieron a partir de otras, por ejemplo, llevar lentejas en los bolsillos podría asociarse con el ritual de ofrecerles a los dioses una parte de la cosecha cuando era muy buena, como símbolo de agradecimiento y una petición de más abundancia; también, por estos días, poner trigo sobre la mesa del comedor tiene la misma connotación que llevar el grano en los bolsillos, se hace para que no falte el pan en casa.

“Hay prácticas que dependen de la tradición oral, como la de correr con la maleta, pero no tiene relación con rituales religiosos”, apunta Gil y agrega: “es difícil decir en qué momento apareció”, lo que sí es seguro es que muchos de los agüeros surgieron con el sincretismo producto de la llegada del cristianismo y de la religión yoruba, así como de la herencia de culturas que se desarrollaron en Latinoamérica, entre ellas los aztecas.

“Así, los agüeros, y las prácticas mágicas se intensifican en ciertas fechas emblemáticas para la cultura”, cuenta el antropólogo, y el inicio de un año cilvil es una de ellas.

Otro de los agüeros del 31 de diciembre es pasar saumerio por la casa. Esa costumbre, según el historiador Vásquez, hace parte de una categoría de ritos denominada ancestrales, porque era una acción que realizaban los indígenas cuando le hacían culto a los dioses.

En el sincretismo religioso, otra manera de clasificar esas prácticas rituales, dice el profesor de la UPB, está la tradición de hacerse riegos con plantas, como la ruda. Durante este rito se invoca la ayuda de Dios para limpiarse del mal y evitarlo.

Adicionalmente, concluye, están los ritos miméticos, que hacen parte de la cultura como un medio para desear prosperidad y abundancia, entre ellos se pueden mencionar algunos que se han reseñado ya como las 12 uvas, “fruto no muy propio de estas tierras; la costumbre de correr con la maleta y usar prendas amarillas, color símbolo de abundancia”.

Sobre ese tono que se lleva hasta en la ropa interior el 31 de diciembre también “Memo” tiene su opinón. Su relación con la abundancia, expresa, se debe a que corresponde con el del oro y con el del Sol.

Así es que esa prenda de ese color, criticada por muchos y querida por otros, tiene significado, tanto como el resto de agüeros para el día 365. Seguirlos es una práctica con cientos de años que se perpetúa.

Contexto de la Noticia

Bañarse en champaña como si fuera agua

Este agüero no es muy colombiano, acá la champaña no es barata. El ritual sí es muy común en países como Estados Unidos y Francia, donde algunos supersticiosos se meten a la bañera después de vaciar algunas botellas en ella o se echan el líquido entre gritos y sonrisas, cuando son las 12 en punto, porque es símbolo de lujo y riqueza por su costo y color. La historia de su uso el 31 de diciembre, particularmente, según la publicación Livescience, comienza en Inglaterra, en el 1500.

12 uvas, pero sin atragantarse solo

Las 12 uvas son comunes en Colombia y también en España, donde se originó la tradición. Allá en la península Ibérica el ritual se hace de la misma manera, cada persona debe comerse una uva por cada campanada que vaya indicando que son las 12 y que el nuevo año va a comenzar. La diferencia con el agüero en Colombia es que la gente se reúne en los parques a hacerlo en conjuntos mientras que, al mismo tiempo, comparten botellas de vino espumoso como acompañante de la fruta.

Los platos no son para la cena de fin de año

La buena suerte en Dinamarca, Europa, no le llega a la gente después de ponerse los calzones amarillos, sino tras brincar durante un buen rato sobre el sofá o las sillas. Esa es la tradición de año nuevo allí.

También la gente suele ir a su cocina en busca de platos o vasos, pero no para la cena de año nuevo, sino para lanzarlos contra las puertas y ventanas de las casas de sus vecinos. Eso, según ellos, ahuyenta las malas energías y los malos espíritus de sus hogares.

Un muñeco con el que no se corre mucho peligro

La costumbre de quemar un muñeco de año viejo no es solo colombiana, en Panamá también lo tienen, y allá, casi que obligatoriamente, la figura debe representar un personaje conocido popularmente, como un político o cualquier músico o actor famoso. También son usados los personajes internacionales.

El muñeco se hace en familia, a diferencia de Colombia, no se le pone pólvora, se arma con cartón, ropa vieja, hojas secas y palos, por eso incendiarlo no es tan peligroso. Para los panameños esa es la mejor manera de comenzar el año nuevo.

Jonathan Montoya García

Periodista de la Universidad de Antioquia. Interesado en temas de tecnología y cultura. Disfruto del cine y la música.

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