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En estos oficios no importa si es él o ella

Hoy es el Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo desde 1975. Esta es una selección de historias de ellas.

  • Lucy y Cecilia, las montallantas.
    Lucy y Cecilia, las montallantas.
  • Lina Calderón maneja un camión mezclador de concreto.
    Lina Calderón maneja un camión mezclador de concreto.
  • A Karen Zapata y Lorena Jiménez las une su pasión por el servicio, la misma que las llevó a integrar el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Envigado.
    A Karen Zapata y Lorena Jiménez las une su pasión por el servicio, la misma que las llevó a integrar el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Envigado.
  • Rebeca Lane rapea sobre el escenario.
    Rebeca Lane rapea sobre el escenario.
  • Cielo Castrillón le pone color a las paredes como pintora y estucadora.
    Cielo Castrillón le pone color a las paredes como pintora y estucadora.
Por tendencias | Publicado el 08 de marzo de 2019

Tal vez le ha pasado, incluso aunque sea mujer y sienta que defiende sus derechos: llega una a cambiarle la llanta del carro y usted pregunta con quién viene, ¿sola? Aún le parece raro que sea ella y no él. Y luego se siente mal porque se da cuenta que es un prejuicio.

El primer acuerdo internacional para afirmar el principio de igualdad entre mujeres y hombres fue en 1945 cuando se firmó la Carta de las Naciones Unidas.

Y de ahí para acá son muchas las luchas que se han dado para que haya las mismas oportunidades para los géneros, a pesar de ser distintos.

Así que no tiene nada de raro que una mujer cambie una llanta. Solo que todavía hay oficios que han sido tradicionalmente de hombres, con mujeres que ya los ejercen. No son tantas, pero cada vez son más.

Estas son las historias de siete mujeres que han llegado al oficio sin pensar siquiera que ahí solo han estado ellos. Por herencia familiar, la necesidad de un empleo, el gusto por una actividad o la vida misma que, a veces no tiene explicación, las llevó hasta allí

en definitiva

El primer Día Nacional de la Mujer fue en 1909 en EE. UU., un 28 de febrero. El Internacional ya es una tradición desde hace 44 años, según Naciones Unidas. La idea es de finales del siglo XIX.

Contexto de la Noticia

lucy y cecilia, las montallantas

Lucy tenía 13 años cuando su papá le explicó cómo cambiar una llanta. “A esto se dedicaba y como no tuvo hijos hombres nos enseñó a todas las hijas (cinco en total). Para él no era extraño que nosotras le ayudáramos a trabajar, por eso nunca lo vimos raro”.

Primero fue darle una mano a su padre, luego dedicarse de lleno al negocio. Lucy completó 35 años como Montallantas, su hermana Cecilia 27. Han atendido a cientos de personas y recuerdan con cariño que desde Mariana Pajón hasta el humorista Jeringa (David García) han recibido sus servicios.

“Le digo que lo más difícil es cuando los pernos vienen muy apretados”, cuenta Lucy con una carcajada. Cecilia sí recuerda que al inicio algunas personas las rechazaron cuando veían que eran ellas las que iban a cambiar la llanta, “o preguntaban que dónde estaba el señor”, y ahí añade Lucy, “yo les respondía que no había señor, que era yo”.

Ante la sorpresa de quienes visitan el Montallantas Las Monas, en el barrio Manila de El Poblado, las hermanas Tabares Castaño son muy profesionales y aseguran que el éxito viene de la mano del gusto con el que lo realizan. “Es que cualquiera que se proponga y tenga capacidades puede hacer cualquier oficio independientemente de que haya sido catalogado de hombre o mujer”, dice Lucy. Y aunque el negocio ha disminuido desde que las llantas son tubulares, ellas siguen arreglando, en promedio, de 12 a 15 diarias. Para Cecilia el tema del machismo ha cambiado para bien, “ahora estamos en más igualdad, pero todavía falta”.

lina conduce un camión de cemento

Lina Calderón maneja un camión mezclador de concreto. “La gente siente curiosidad y me mira, algunos me animan y parecen hasta sentirse orgullosos de lo que hago, pero otros no”.

Alguna vez, un ingeniero, cliente de la empresa en la que trabaja, le dijo que se veía muy linda en el camión, pero que se vería mejor en la cocina. Tuvo que alejarse de la rabia que la irrumpió. “No todos son así, pero aún hay gente que piensa que hay trabajos de hombres y de mujeres y yo pienso que uno como mujer puede lograr lo que se proponga”.

No cree que ellos se enfrenten al temor que la invadió el día de la prueba con la mixer en una loma bastante inclinada. “Su ego de hombres no les permite decirse que no son capaces, en cambio uno como mujer sí”, piensa ella. Antes manejaba un taxi y como pasó varias pruebas lo entregó, segura que de que el nuevo trabajo sería para ella. Y así fue, sin embargo, no a la primera. Aunque Lina maneja desde los 12 años, sus nervios le jugaron una mala pasada en la prueba final y se quedó en la loma, no logró subir el camión cargado. Falló por segunda vez, pero no paró. “Me fui para La Mayorista con mucho temor y en medio del llanto le pedí a un señor que manejaba una tractomula que me ayudara y él me contactó con otro amigo que tenía una volqueta”, recuerda. Sin dinero de por medio, el angelito, como lo llama, la contactó con el que la entrenaría en Caldas por un mes. Un movimiento estratégico que le dio la confianza para volver a la prueba. Hoy ya cumple tres años y medio manejando en el uniforme verde de Argos, ese camión que mezcla concreto.

Karen y Lorena, bomberas por pasión

A Karen Zapata y Lorena Jiménez las une su pasión por el servicio, la misma que las llevó a integrar el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Envigado. De su trabajo día a día, apagando incendios, atendiendo fugas de gas, accidentes de tránsito, deslizamientos o rescatando animales, entre muchas emergencias, lo que más valoran son esas palabras de gratitud que reciben de la gente. “La satisfacción de salvar una vida no tiene precio”, reconoce Karen, de 27 años y cuatro de servicio. Así como reciben mensajes reconfortantes, saben que muchas veces no son valoradas por la comunidad de la misma manera que lo hacen con los hombres. “La calle es muy agresiva (la gente desconfía que ellas puedan atender la emergencia), lo más complejo es el rechazo de la sociedad, por el simple hecho de ser mujeres”, anota Lorena, quien es reservista del Ejército y que lleva 11 años en Envigado. Coinciden que esa prevención no la experimentan con sus compañeros, que sí reconocen sus capacidades de trabajo. Ambas son esposas y madres, Karen tiene un hijo de 4 años, mientras que Lorena es mamá de una joven de 20 y un niño de 5. Dicen que los momentos más duros llegan cuando deben atender casos en los que hay niños como víctimas. “Es imposible no pensar en tu hijo”, afirma Karen, que es tecnóloga en atención prehospitalaria. Las dos concuerdan en que ser bombero es un oficio para cualquier persona, sin distinción de raza o género.

Rebeca rima contra la violencia

Del rap a veces se ha dicho que es música de pandilleros y de malandros. Qué sorpresa se llevarían algunos si vieran a Rebeca Lane rapeando sobre el escenario. “Soy una hija de la guerra”, dice la artista guatemalteca que fue víctima de la guerra civil en ese país, su tía desapareció por cuenta del conflicto y ella buscó justicia en las calles, donde encontró esta música. No empezó a rimar de una vez, antes de subirse a una tarima en 2012 participó en toda clase de actividades tras bambalinas porque eran los hombres los que estaban al frente. Sus referentes fueron otras mujeres que poco a poco reclamaron su espacio dentro de la escena y fue gracias a un grupo llamado Colectiva Urbana, conformado por 14 raperas, que se animó a defender su lugar en el género musical: “La lucha era abrirnos espacios porque no nos invitaban a eventos y si nos invitaban no nos daban mucho tiempo”, cuenta. Dentro de ese panorama ha habido cargas sexistas, comenta ella. Se esperaba que la rapera fuera sensual y coqueta, lo cual ha dificultado aún más su trabajo. “Hay una sexualización de las mujeres, aunque no le corresponde solo al hip hop sino que sucede en otros movimientos artísticos, sociales o políticos”.

Otra de sus batallas ha sido ganarse más espacios para compartir su música, porque en los carteles puede haber 20 artistas masculinos y ninguna mujer, reflexiona, y lo interesante es que no solo hay raperas, hay grafiteras y bailarinas que quieren llevar su arte consigo. “Es mucho menor la cantidad de mujeres que de hombres participando, lo cual no quiere decir que no seamos un grupo suficientemente grande para que no seamos tenidas en cuenta en los eventos”, señala.

Cielo le pone color

Si a Cielo Castrillón le piden opinar sobre el color que ella cree que debería llevar una pared, dice: verde manzana. No hay otro que le guste tanto. Y si le preguntan por lo contrario, por el que no, responde ¡negro! Una vez se le mancharon las manos, intentó despintárselas de varias formas, pero el tiempo fue el que se las destiñó. Le quedaron negras porque un cliente le pidió usar estuco veneciano de ese color en un muro. Ella accedió, ese es su trabajo hace 22 años, estucar y pintar paredes.

Antes de dedicarse a eso, limpiaba los apartamentos recién hechos que ya estaban listos para entregar. Sin embargo, los líquidos que usaba le hacían daño; por eso aprendió a utilizar el rodillo, a lijar y a resanar. Así comenzó su labor como pintora y estucadora.

Fue difícil, recuerda, le preguntaban por qué no estaba en su casa cuidando sus hijos, le decían que era un oficio de hombres, la hicieron llorar. Eso fue solo al comienzo, luego se hizo conocer como independiente. “Cielo deja el apartamento muy lindo, es muy cuidadosa, todo impecable, eso ha dicho mi clientela”, comenta. Además de esa clase de satisfacciones, su oficio le ha forjado el carácter, le enseñó a pararse en frente de alguien y decir: “yo sí puedo, yo soy capaz. Por ese motivo no cambiaría su labor, a no ser que la vida me ponga en otra situación”. No es la única mujer pintora o que estuca, pero sí hay pocas; este, como otros, es aún un oficio en el que predominan los hombres y los estereotipos, dice ella. “Llegan a cuestionar la orientación sexual de las que se dedican a él, pero independientemente de cuál sea, la mujer puede dedicarse a lo que quiera y a lo que se sienta capaz de enfrentar”. A ella, además de gustarle pintar las paredes de verde manzana le encanta estar con su hijo, Emanuel, de 6 años.


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