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¿Gafas, lentes de contacto o cirugía?

Más que una decisión estética es una decisión práctica. ¿Cuál es la correcta? Aquí, un breve recorrido por las alternativas.

  • Es fundamental evaluar las necesidades y condiciones reales de cada persona y tomar en cuenta las variables para irse por la mejor decisión. FOTO Sstock
    Es fundamental evaluar las necesidades y condiciones reales de cada persona y tomar en cuenta las variables para irse por la mejor decisión. FOTO Sstock
Juliana Cifra Marín | Publicado el 30 de junio de 2022

Afortunados nosotros que vivimos en la era de la ciencia y la tecnología! Si bien los primeros lentes fueron desarrollados en el siglo XIII por monjes italianos, apenas se masificaron en el siglo XX. Fueron los avances de aquella época en ciencia y tecnología los que lograron que hoy casi cualquier problema refractivo de visión sea manejable.

La cuestión, entonces, es decidir cuál es la opción correcta, porque como todo en esta vida, hay pros y contras que se deben tener en cuenta.

Las gafas

Los pro: definitivamente es la opción menos invasiva para los ojos, al no tener contacto con ellos ni influirlos estructuralmente. Con ellas se puede corregir casi cualquier problema refractivo, se protegen los ojos de agentes externos como polvo, radiaciones, viento, etc., y se han convertido, además en un objeto de moda y estilo. “Si yo quiero ver bien y no quiero correr ningún riesgo, la mejor opción son las gafas, los lentes de visión sencilla o los progresivos cuando ya hay una presbicia (ya que permiten que las personas queden viendo bien de lejos y de cerca)”, afirma el oftalmólogo Luis Fernando Monsalve Bustamante.

Los contra: son un elemento externo, algo pesado, que se empaña, por ejemplo, con el uso del tapabocas que impulsa la respiración hacia arriba, y algunas personas no lo toleran o sienten que usar gafas los envejece. También pueden ser incómodos y peligrosos en algunos deportes y actividades.

Los lentes de contacto

Los pro: no son notorios a simple vista y, si se tiene un buen cuidado y mantenimiento, casi ni se sienten. Por otro lado, son la mejor opción para deportistas en prácticas como fútbol, tenis, baloncesto, voleibol, ráquetbol o cualquier ejercicio que tenga riesgo de impacto. Pueden ser la alternativa más cómoda en otros deportes, ya que el sudor hace que las gafas se empañen, se deslicen o tallen. Pueden usarse para reemplazar de forma temporal un lente intraocular perdido por algún trauma o accidente.

Los lentes de contacto, a diferencia de lo que muchos piensan, no son solo para adultos. “El uso de lentes de contacto es muy importante en niños cuando presentan una anisometropía, es decir, una diferencia entre el defecto visual entre un ojo y otro, mayor de 2 dioptrías. Estos pequeños tienen tendencia a hacer ambliopía (que el cerebro “desconecte” este ojo y se base en el trabajo del que ve correctamente) y si esta diferencia es muy amplia, no van a poder usar gafas porque no las van a tolerar. Esta anisometropía se corrige con lentes de contacto”, afirma el oftalmólogo Gustavo Aguirre Velásquez.

Los contra: por buenos que sean, los lentes de contacto son un cuerpo extraño en el ojo y tienen unas indicaciones específicas y estrictas de cuidado higiénico para evitar problemas. Personas que no logren mantener estos estándares higiénicos no deben utilizarlos. Tampoco deben utilizarlos personas con alteraciones de la lubricación o personas que sufran conjuntivitis alérgicas.

Las cirugías

“En Medellín estamos a la vanguardia mundial en tecnología en las operaciones de ojo, minimizando riesgos. Sin embargo, por seguras que sean, pueden tener complicaciones quirúrgicas que, manejadas correctamente no tienen problema, pero en pocos casos pueden alterar el pronóstico visual”, afirma el oftalmólogo Monsalve.

Toda operación tiene consecuencias y, por esto es fundamental que el oftalmólogo haga un estudio completo y tenga claro a qué se dedica la persona, cuáles son sus pasatiempos, sus condiciones de vida generales, sus antecedentes familiares, su estado de salud y sus expectativas, para poder asesorarlo adecuadamente y explicarle los pros, contras y prospectos de esa operación.

Un caso: los míopes ven muy bien de cerca, pero la operación para la miopía suele afectar esta visión perfecta a cortas distancias. Por otro lado, no afecta mucho si es un conductor, un deportista o una persona cuya actividad requiere una buena visión de lejos, pero si lee mucho, cose o tiene pasatiempos que requieren detalle en su visión de cerca, posiblemente la operación no sea la opción más acertada.

“La edad también es un factor a tener en cuenta. Un sujeto joven se puede beneficiar mucho de una cirugía refractiva porque va a quedar satisfecho muchos años. Si una persona miope se opera a los 35 años afecta su visión de cerca y, a los 40 o 42 años, cuando comience un proceso de presbicia va a tener que utilizar gafas para ver de cerca. Personas mayores de 55 años que están comenzando un proceso de degeneración, de cataratas, no se les justifica un procedimiento de este tipo”, cuenta el oftalmólogo Aguirre.

Para mayores de 50 se realiza la cirugía facorefractiva, que consiste en sacar el cristalino y reemplazarlo por un lente intraocular que contiene varios anillos, cada uno diseñado para una distancia determinada de visión. Hay una gran variedad de lentes intraoculares de acuerdo con la edad de la persona, las patologías que tenga, sus necesidades y la tolerancia del ojo a ese tipo de lente determinado. Aunque el paciente puede quedar viendo halos de luz por uno o dos meses, es una operación que tiene una muy buena recuperación.

Dos opciones a mano, todas ellas con grandes ventajas. Lo importante es evaluar las necesidades y condiciones reales de quien decide y tomar en cuenta las variables para irse por la mejor elección.

Requiere para una cirugía

Ser mayor de 21 años, que es la edad en que el ojo deja de crecer. Debe existir estabilidad en la medida, es decir, que la persona tenga por lo menos dos años con las mismas gafas y que tenga un buen grosor de la córnea para que con la cirugía no vaya a quedar demasiado delgada y se dañe a futuro.

No se recomienda intervención

Personas con defectos visuales muy altos, con enfermedades de base que produzcan ojo seco (enfermedades autoinmunes como el lupus y la artritis reumatoide y enfermedades relacionadas con la diabetes y el herpes zóster), o con la córnea muy delgada. Tampoco deben realizarse operaciones refractivas ya que no se puede garantizar el resultado a largo plazo.


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