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¿Cuándo los humanos empezaron a ser empáticos? Un estudio lo determina

Científicos de la Universidad de Barcelona (España) y de la Universidad Rockefeller (EE. UU.) han descubierto las diferencias genéticas a las que atribuyen la evolución del comportamiento social de los humanos.

  • La empatía, la tolerancia social, la cooperación y el altruismo vienen en los genes de los seres humanos, un estudio busca cuándo aparecieron en la evolución. FOTO EFE
    La empatía, la tolerancia social, la cooperación y el altruismo vienen en los genes de los seres humanos, un estudio busca cuándo aparecieron en la evolución. FOTO EFE
EFE | Publicado el 02 de junio de 2022

La revista Comprehensive Psychoneuroendocrinology publicó una investigación que ha comparado las secuencias genómicas de los genes entre humanos modernos, especies de primates no humanos (chimpancé, bonobo y macaco) y, por primera vez, humanos arcaicos, para lo que han utilizado todos los genomas disponibles de neandertales y denisovanos.

Según los investigadores, los humanos modernos se caracterizan por la prosocialidad, un término que incluye la empatía intraespecífica, la tolerancia social, la cooperación y el altruismo, facetas que se han asociado a variaciones en los genes de la oxitocina y la vasotocina (OT y VT) y sus receptores (OTR-VTR).

El objetivo del estudio era averiguar las bases genéticas de este comportamiento y, para ello, los investigadores identificaron diversas posiciones del genoma en el que los humanos modernos se diferencian tanto de los humanos arcaicos como de los primates no humanos, y otros en los que tanto los humanos modernos como los arcaicos se diferencian de los primates no humanos.

“Combinamos análisis de genomas modernos y arcaicos, genética de poblaciones, transcriptómica y estudios conductuales y neurocientíficos, entre otros métodos, para entender la evolución de la prosocialidad de los homínidos a través de la perspectiva de los receptores de oxitocina y vasotocina”, detalló la investigadora Constantina Theofanopoulou.

Teniendo en cuenta las pruebas sobre la prosocialidad de los humanos modernos y la implicación de los genes de la oxitocina y la vasotocina en los comportamientos sociales, los investigadores plantearon la hipótesis de que la evolución de estos genes podría dilucidar la base genética de evolución de la prosocialidad de los homínidos.

Con este objetivo, estudiaron las diferencias entre humanos modernos, humanos arcaicos y primates no humanos respecto a las regiones heterocigotas polimórficas del genoma humano.

Así, identificaron cinco posiciones en los receptores de oxitocina y vasotocina que son únicas de los humanos modernos en comparación con los humanos arcaicos y primates no humanos.

Los investigadores también observaron que estas posiciones están en regiones del genoma activas en el cerebro, en particular en el giro cingulado, una región cerebral implicada en las vías relevantes para la cognición social.

Además, otras investigaciones también han asociado a estas regiones con comportamientos o déficit sociales, como el autismo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad. (TDAH), la agresividad, etc.

Según los investigadores, estos hallazgos podrían ser relevantes para explicar algunas de las diferencias sociales entre los humanos modernos y los comportamientos sociales de los neandertales y los denisovanos.

“Por ejemplo, podrían ser relevantes para explicar los grupos sociales más pequeños que se atribuyen a neandertales y denisovanos, o la menor androgenización de los humanos modernos. También podrían ser significativas para explicar una organización social distinta”, según Theofanopoulou.

La investigadora cree que el estudio aporta datos para “averiguar los fundamentos genéticos de la tolerancia social progresiva necesaria para la transmisión cultural intensiva de las innovaciones tecnológicas (por ejemplo, el uso del fuego) en la evolución de la humanidad y para distinguir las bases genéticas de la reducción de la agresividad que muestran varios marcadores en la evolución temprana de los homínidos.

“Descifrar nuestra trayectoria evolutiva puede dar información sobre nuevos puntos genéticos para la investigación clínica que, a su vez, podrían conducir a un diagnóstico más temprano de trastornos de comportamiento”, dijo Theofanopoulou.


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