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¿Qué tienen que ver el cambio climático y las lluvias de Medellín?

Las lluvias y las sequías son más intensas y frecuentes y sí hay relación, pero con matices.

  • El mundo registró el quinto mayo más caliente hasta ahora pero, en el área metropolitana, las temperaturas fueron más frías de lo habitual con lluvias extensas y prolongadas. FOTO Camilo Suárez
    El mundo registró el quinto mayo más caliente hasta ahora pero, en el área metropolitana, las temperaturas fueron más frías de lo habitual con lluvias extensas y prolongadas. FOTO Camilo Suárez
Vanesa de la Cruz Pavas | Publicado el 16 de junio de 2022

En Medellín no para de llover desde el año pasado: mayo fue el mes más lluvioso hasta ahora y el pronóstico es que junio lo superará. Los días nublados y grises, las temperaturas que rondan los 17 grados centígrados, las calles inundadas y las quebradas desbordadas son parte del paisaje, y no hay esperanza de cambio por lo menos en los próximos dos meses.

Mientras tanto, al otro lado del mundo, en España, la ola de calor se adelantó al verano y llegó en medio de la primavera, con temperaturas que superan los 42 grados centígrados, lo que según la Agencia Estatal de Meteorología de este país representa la ola de calor más temprana en los últimos veinte años y genera alta probabilidad de que el verano que llega sea más cálido y seco de lo habitual.

En el mundo se están presentando eventos como sequías, inundaciones, precipitaciones, incendios forestales, olas de calor, todas más intensas, más frecuentes y más duraderas que hace unos años. El Servicio de Cambio Climático Copernicus anunció, por ejemplo, que 2021 fue el quinto año más cálido registrado hasta ahora. La culpa puede ser suya, nuestra, del accionar humano, pero también deberse a los ciclos naturales de la Tierra. ¿Qué tanto es de uno y otro?

¿Qué pasa en Medellín?

En Medellín y el área metropolitana suele haber, como en la región andina, dos picos invernales o de precipitaciones al año. Uno entre marzo y mayo y otro en el último trimestre.

Este año, sin embargo, parece un invierno eterno que se remonta al año pasado y que se pronostica hasta agosto, según la Organización Meteorológica Mundial, OMM. Las teorías son varias: puede ser influencia del cambio climático, pero también el fenómeno de la Niña y otros factores externos pero naturales.

Pablo Cuartas Restrepo, profesor de Ciencias Planetarias del pregrado de Astronomía de la Universidad de Antioquia, explica que la época fría sí se debe al fenómeno cíclico natural la Niña.

Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, es una “disminución de las temperaturas (anomalías negativas) en las regiones Andina, Caribe y Pacífica”. En él, añade Cuartas, las aguas superficiales del Pacífico se enfrían debido a la transferencia de calor proveniente de la corriente de Humboldt, que viene desde el océano Ártico. “Se enfría cerca a Perú, Ecuador y Colombia y produce aumento en las precipitaciones y del frío por la falta de radiación solar por los cielos nublados”. Pero no todo es culpa de la Niña porque, de hecho, esta tiene intensidad moderada este año. También al ingreso de humedad desde la Orinoquía y la Amazonía hacia los Andes, ondas tropicales. Esto es normal de esta época, solo que han estado más activas este año.

Entonces, ¿qué tanto es culpa del cambio climático? Es correcto decir que todos los eventos climáticos que ocurren naturalmente pueden estar hoy influidos por el ser humano. Dice Petteri Taalas, secretario General de la OMM, que “el cambio climático inducido por el hombre amplifica los impactos de eventos que ocurren naturalmente, como La Niña, y está influyendo cada vez más en los patrones climáticos, en particular a través de un calor y una sequía más intensos”.

Sin embargo, es incorrecto afirmar que las lluvias prolongadas e intensas de este caso, de Medellín y el área metropolitana, se deban al cambio climático. Para poderlo asegurar, explica Paola Arias, profesora titular de la Escuela Ambiental de la Universidad de Antioquia, se necesitaría un estudio de atribución.

“Sabemos que es cierto que en muchas regiones del planeta se está intensificando el ciclo hidrológico, pero una cosa es el cambio climático y otra es la variabilidad climática (cambios naturales), que es lo que está asociada al Niño o la Niña. Para poder asegurar este caso se requieren análisis”. Para el caso español de las olas de calor, sí se relacionan directamente con los aumentos de la temperatura global.

¿Nuestra culpa?

La Tierra no ha sido la misma desde los humanos. Las temperaturas sí han aumentado y con eso, varias consecuencias como climas más extremos y hasta la extinción masiva de especies de fauna y flora.

Es normal que haya extinciones, de hecho van cinco masivas; es normal que llueva y que caigan rayos y que haya sequías... La Tierra tiene ciclos climáticos naturales que pueden ser de corta duración como las estaciones anuales o de larga duración que se dan por cambios en la órbita terrestre o en el eje de rotación cada cientos y miles de años, explica Cuartas.

Así, es normal que se produzcan glaciaciones, enfriamientos drásticos o calentamientos en el planeta.

También es cierto que hay otros cambios que no son naturales sino antropogénicos, causados por el hombre, y que se han notado con más intensidad en el último siglo. Arias lo explica así: “La actividad humana, mediante quema de combustibles fósiles que generan emisión de gases de efecto invernadero y cambios de uso de suelo con actividades como la deforestación, ha generado un desbalance energético en el planeta que ha significado aumento de temperaturas planetarias aumento del nivel del mar, derretimiento de zonas glaciares polares y de alta montaña, como en el caso de Colombia; y eventos hidrometeorológicos extremos más intensos y frecuentes”.

De esto, añade la experta, sí hay mucha evidencia, ya hay atribución: se sabe que ocurren debido a esta influencia humana. Hasta la magnitud de los huracanes ha aumentado por causa humana, “que ahora tienen mayor poder destructivo sobre el mar Caribe, como el huracán Iota que destruyó a Providencia en el 2020”, explica Germán Poveda, profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia y miembro de Número de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, e integrante de la Misión de Sabios 2019.

Impactos negativos

Además de “alterar los regímenes hidrológicos y climáticos”, como añade Poveda, y de causar efectos secundarios como destrucción de la biodiversidad y de ecosistemas enteros, hay consecuencias sociales, económicas y culturales que afectan a las poblaciones más pobres y vulnerables.

Las olas de calor, por ejemplo, además de dañar ecosistemas, afecta la salud humana y “no todos los seres humanos somos igualmente vulnerables, hay poblaciones que lo son más”, dice Arias. Las sequías pueden ocasionar inseguridad hídrica que causará fallas en la seguridad alimentaria por la falta de cultivos, también en la salud por la falta de agua potable. “Es una crisis, una emergencia climática”.

Los riesgos, agrega Poveda, serán seguir sumando la pérdida de vida humanas y animales, la destrucción de infraestructura y de cosechas, la interrupción de los servicios básicos esenciales (agua, electricidad, alimentos, recolección de basuras, etc.), la afectación a los sectores básicos como el transporte, la producción de alimentos o la salud.

La evidencia científica es clara. Hay que actuar ya. Es urgente que de forma rápida y sostenida se generen cambios como la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero o acabar con la deforestación, porque de lo contrario se pueden esperar eventos aún más frecuentes e intensos que impactarán a las poblaciones y que seguirán causando desplazamientos y migraciones por cambio climático.

Contexto de la Noticia

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Aunque las acciones individuales cuentan, serán cruciales los cambios a gran escala. No más emisiones, no más combustibles fósiles, migrar a otras formas de energía y consumo... “Es un problema civilizatorio, estructural, del modelo económico que tenemos”, dice Arias. Poveda destaca la necesidad de aplicar en serio los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París y en la COP26 de Glasgow, transitar a las energías limpias y renovables, dejar de subsidiar los combustibles fósiles e imponerles impuestos, correlativos con los daños ambientales que causan, abandonar la mala ciencia económica que premia la contaminación y la deforestación y aplicar economía ambiental, replantear nuestra relación con la naturaleza, evitar el hiperconsumismo y el derroche de recursos naturales, profundizar la jurisprudencia ambiental, entre otros.

Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.


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