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Si la educación virtual es para siempre, ¿estamos preparados?

El confinamiento ha dejado enseñanzas para el sector y tareas pendientes como desarrollar nuevas habilidades, cerrar las brechas y mantener los vínculos sociales.

  • Las funciones a desempeñar cambiarán un 42 % para 2022 de acuerdo con el Foro Económico Mundial. Foto: Unsplash
    Las funciones a desempeñar cambiarán un 42 % para 2022 de acuerdo con el Foro Económico Mundial. Foto: Unsplash
Por laura tamayo goyeneche | Publicado el 05 de mayo de 2020

Un estudiante de quinto de primaria se conecta a una clase de sociales en línea, comparte la pantalla de su computador y les cuenta a sus compañeros qué pasó con el Florero de Llorente, el 20 de julio de 1810 en Colombia. Ellos le hacen preguntas, él responde algunas y el profesor interviene para ayudarle con las más difíciles. No hay calificaciones por números ni uniformes y la única regla es que todos participen activamente, si no intervienen es como si no hubieran ido a la sesión.

Esa escena, aunque ideal, es la que pinta los salones de clase del futuro pero en el país se ve todavía lejana. ¿Algo así se puede lograr en todos los cursos del colegio, en todas las carreras universitarias y en todas las regiones de Colombia? Expertos en tecnología y educación aseguran que no.

Desde que el mundo comenzó a confinarse, 1.500 millones de estudiantes –más del 90% de la población estudiantil– comenzaron a aprender desde casa, advirtió la Unesco el pasado 8 de abril. En Colombia, no todos los sectores (primaria, secundaria y educación superior) están reaccionando igual, si bien tienen retos comunes: superar la brecha en el acceso a dispositivos y en conectividad y lograr un cambio de mentalidad tanto en los estudiantes como en los profesores. Según los expertos, estos son algunos aprendizajes que le ha dejado la actual crisis a la educación en el país.

La lechuza, la lechuza...

Uno de los desafíos más grandes lo afrontan los profesores y padres de los estudiantes de preescolar y primaria. Eso cuenta Juan Carlos Elles, licenciado en Educación Integral y profesor de Español en primaria en un colegio de Funza, Cundinamarca.

Elles hizo un balance sobre su experiencia enseñando en línea y relató que se siente atrasado para asumir una inminente digitalización y le inquieta qué pasa en las casas de sus estudiantes. “Los de bachillerato tienen más experiencia, su espíritu hacia la rebeldía ante los sistemas establecidos los hace ser menos dependientes de los adultos, pero nuestros pequeños están sujetos aún a la misma ignorancia de sus padres, están en la encrucijada y requieren acompañamiento presencial”, escribió en un informe que entregó a la rectoría de su institución, al que accedió EL COLOMBIANO.

También destaca cosas positivas en el informe, como el hecho de que con el tiempo más niños estarán cada vez más acostumbrados a los entornos digitales y el auge de las plataformas que les ayudan a dar clases más interactivas. No solo están las herramientas de videollamadas, sino que en Colombia hay iniciativas gratuitas como TOMi Digital, desarrollada por el Gobierno Nacional, INNpulsa Colombia y Fedesoft, con juegos en línea y recursos para los profesores.

Aquí surge una pregunta: ¿basta con un correcto acompañamiento y las herramientas adecuadas para que el proceso esté terminado? Mickael Martiquet, gerente de adopción tecnológica para el sector educación en Microsoft Colombia, dice que no. Sin importar el nivel, señala, la tecnología le da un impulso al proceso que implica tener una formación pero requiere acompañamiento docente y socialización con otros. Después de todo, uno va al colegio a aprender Matemáticas, Español y Biología, pero también relaciones interpersonales, convivencia y resolución de conflictos.

Lo valioso de ir a la escuela

Con la visión de Martiquet concuerda el filósofo de la Universidad de Los Andes Nicolás Hernández. Actualmente se desempeña como docente de cátedra para la paz en el Liceo San Andrés de Tumaco con la organización Enseña por Colombia en bachillerato. Desde hace un mes prepara los talleres para sus 400 estudiantes desde la fría Bogotá, donde se fue a pasar la cuarentena. Cuenta que solo ha tenido contacto con 70 de ellos, por la enorme brecha que hay de computadores y conectividad. Mucho menos ha podido hacer una clase en Zoom.

Eso no es lo que más le preocupa de lo que el confinamiento ha significado para la educación de los bachilleres. Al pensar en una futura educación completamente virtual, lo desvela que se pierda la experiencia y el relacionamiento.

Hernández cita al pedagogo Carlos Skliar, quien explica la importancia de ir al colegio en su investigación Del estar juntos en educación (2009). Ahí concluye que la convivencia no es tanto evitar los conflictos entre estudiantes sino vivir con el otro en un sentido estricto y aprender a reconocerse y a reaccionar frente al mundo gracias a esa experiencia. “A la mayoría de mis estudiantes les parece aburrido madrugar, tener hambre, sueño y casi todo lo que implica ir a estudiar; pero no se dan cuenta de que el bachillerato está lleno de unos aprendizajes implícitos que llegan producto de convivir con alguien más. Es la etapa para reconocerse, seguir modas si es necesario y revelarse a otras cuantas. Estar con los que no son como uno y compartir un espacio a diario con ellos. Eso es clave antes de empezar la universidad o cualquier camino profesional”, señala.

¿Y la carrera por el título?

Para la universidad las cosas son distintas también. Los datos advierten que muchos de los trabajos para los que hoy están formando las universidades podrían transformarse en el mediano plazo. Un informe de 2019 del Foro Económico Mundial concluye que las competencias básicas necesarias para desempeñar la mayoría de las funciones cambiarán en un 42 % para 2022.

En ese mismo estudio, se advierte que para estar al día con los profesionales que demanda el mercado global, las universidades deberían invertir más del 3 % del gasto total que actualmente se asigna a la educación en habilidades tecnológicas. ¿Eso aplica para todas las carreras?

David Aroesti, director de educación de la plataforma de educación en línea Platzi, dice que la clave es dividir los caminos profesionales. “Existen algunos en donde el título es obligatorio, como la Medicina. Pero también hay muchos caminos que no requieren certificación sino que una persona demuestre que sabe hacer con calidad un trabajo y que tenga experiencia práctica”, explica Aroesti, quien se graduó como abogado pero aprendió ingeniería de software en línea y trabajó para una compañía en Silicon Valley desde México.

De la necesidad de clases presenciales a la vieja usanza, ha sido testigo Sara Fonseca, estudiante de noveno semestre de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia. Cuenta que para ella y sus compañeros esta experiencia ha sido frustrante y que, aunque en otras universidades se usan herramientas como simuladores para apoyar las clases, no hay nada como la experiencia en vivo. “Uno aprende cuando está de turno en un hospital, cuando ve a su profesor suturar a alguien y luego te toca a ti. Esa adrenalina y responsabilidad no la puede reemplazar nada”, dice.

Pero existen opciones cuando se trata de otras carreras. Los jóvenes ahora se enfrentan a un mercado global. Gracias a la tecnología pueden conseguir un trabajo en cualquier lugar del mundo. Plataformas como Fiverr o Torre.co son ejemplos de oportunidades de empleo basados en habilidades. “No conozco un solo entrevistador en la industria de marketing digital y tecnología que pida títulos para dar un trabajo”, asegura Aroesti.

Hay competencias que en este momento son demandadas por muchos, y enseñadas por pocos. El Índice de Competencias Globales de 2019 de Coursera, una reconocida plataforma de educación virtual que nació en la Universidad de Stanford en EE.UU., halló que dos tercios de la población mundial se está quedando atrás en competencias críticas.

La compañía hizo este análisis con inteligencia artificial y cotejó los resultados de 38 millones de estudiantes, que accedieron a más de 3.000 cursos en 60 países y 10 industrias. Esa fue la base para establecer un ranquin en tres grandes áreas, denominadas Negocios, Tecnología y Ciencia de Datos. Cada una está sustentada sobre destrezas o competencias que debe poseer un trabajador hoy (ver Informe).

En Negocios, Colombia ocupa el puesto 30 y está en el grupo de los países competitivos, pero en Tecnología está en el puesto 49, en el grupo de las naciones atrasadas, igual que en Ciencia de Datos, en el que ocupa el lugar 46.

Lo que debe cambiar

Desde que comenzó la emergencia sanitaria, el Ministerio de Educación ha lanzado varias estrategias para mitigar la brecha como el videojuego “BeThe1Challenge”, una aplicación para aprender inglés que se descarga gratis. Para los alumnos de bachillerato está Computadores para Educar, programa en el que planean entregar 83.345 equipos a las sedes educativas del país y que pueden ser enviados directamente a estudiantes de décimo, once y profesores en áreas rurales. ¿Dónde quedan los demás grados o qué modelo funcionaría mejor para solucionar la brecha? (ver Opinión).

A nivel superior lanzaron el Plan Padrino, en el que 126 instituciones se han vinculado para compartir sus buenas prácticas pedagógicas en la virtualidad. Sin embargo, los esfuerzos van más allá, por ejemplo en el cambio del rol del docente, asegura Martiquet, quien ha trabajado con el sector público en transformación tecnológica: “en el pasado el profesor era el que impartía el conocimiento, pero ahora la información está disponible en Internet, entonces debe enseñar a encontrarla en fuentes confiables y también impartir habilidades como el trabajo colaborativo. Las empresas hoy no buscan al que más sepa sino al que sepa asumir retos y trabajar en equipo”.

Y aunque lleguen nuevas formas de aprender, el rol de los profesores evolucione y los oficios se transformen, la interacción social es irremplazable. A eso apuntan Aroesti y Martiquet. Las nuevas plataformas tienen herramientas que permiten ser empático en la virtualidad, como los emoticones, las reacciones, las videollamadas y los fondos interactivos. Lo clave es no olvidar que el proceso educativo integral es una experiencia social, inclusiva, insisten los expertos. No basta con desarrollar o aplicar herramientas nuevas, emocionantes e innovadoras. Hay que pensar cómo la tecnología puede hacer que el aprendizaje digital sea accesible e igual para todos.

Lo concluyó Stefania Giannini, subdirectora General de Educación de la Unesco, en una reunión virtual el pasado abril, con más de 70 ministros de educación de diversos países que batallaban, a su manera, contra la pandemia: “El desafío a futuro supera con creces la cuestión de los dispositivos, las plataformas, los contenidos y la conexión a Internet. Se relaciona con la resiliencia del tejido humano, al apoyo afectivo y la ayuda que se les proporciona a los más vulnerables y frágiles” .

42 %
cambiarán las funciones a desempeñar en 2022: Foro Económico Mundial
46
el puesto que ocupa Colombia en Ciencia de Datos en 60 países: Coursera
Laura Tamayo Goyeneche

Quiero pasarme la vida aprendiendo cosas nuevas y me hice periodista para asegurarme. Escribo sobre tecnología y gastronomía en la sección de Tendencias.


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