Esta es la historia de la sala de teatro abierta más antigua de Bello
Continúa Un buen parche en Medellín, nuestra serie semanal sobre espacios culturales de la ciudad. Esta vez le traemos la historia de la Corporación Tecoc, donde cada año se realiza el Festival Internacional El Teatro se Toma a Bello.
Periodista de la Universidad de Antioquia. He trabajado como fact-checker en La Silla Vacía y ahora hago parte de la sección de Tendencias de El Colombiano.
En los años ochenta, cuando a Bello comenzaron a llegar los “combos” y, con ellos, el tráfico de drogas, lo que hizo Hildebrando Flórez, junto con otros 30 jóvenes del barrio Niquía, fue conformar un grupo de teatro “sin conocimiento, sin saber mayor cosa, pero con muchas ganas y muchas cosas por decir”.
Lo que empezó con ensayos en la terraza de uno de los integrantes terminó convirtiéndose en Corporación Tecoc, que en 2026 ya ajusta 43 años de historia y está ubicada en el barrio Suárez, a cinco minutos del parque principal.
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De esos primeros años, Flórez menciona que su primera obra original se llamó ¿Los sueños, sueños son? y que, en paralelo, también comenzaron a trabajar con títeres, algo que no han dejado de hacer desde entonces. Como no había dónde presentarse, las calles del municipio del norte del Valle de Aburrá se convirtieron en su escenario; después lo fue la biblioteca comunitaria de Niquía, hasta que en 1985 alquilaron su primera sede, en la que solo podían ensayar y guardar los elementos que usaban en sus obras.
“En ese momento había muy pocos grupos de teatro en Bello, que conocimos cuando de Niquía nos vinimos hacia el centro de la ciudad. Ahí nos dimos cuenta de que había una vida cultural muy activa. Había músicos, bailarines, pintores... gente de todo tipo haciendo cosas. Incluso hicimos un festival de teatro callejero; realizamos dos versiones. Fue mágico, porque empezó a llegar gente de todas partes que quería presentarse: de Bogotá, de Neiva, de Santander... Nosotros no entendíamos muy bien lo que pasaba, todavía éramos muy pelados, pero fue algo muy especial”, recuerda Flórez.
Ese ir y venir siguió por un par de años más, hasta que en 1994 llegaron al lugar en el que actualmente están. A finales de esa década dejaron la casa, pero en 2004 regresaron; en 2005 reabrieron sus puertas y, desde entonces, no se han ido ni planean hacerlo. La reinauguración del teatro fue también la excusa perfecta para retomar el Festival El teatro se toma a Bello, que se había realizado en dos ocasiones en los noventa y que, en su tercera edición, tuvo como invitada a Fanny Mikey, la fallecida reina del teatro colombiano.
Al año siguiente abrieron su escuela que ya lleva 20 años funcionando sin interrupciones y que cuenta con alrededor de 60 estudiantes por semestre.
Otra de las prioridades de Corporación Tecoc en estas más de cuatro décadas ha sido la creación de nuevas obras. Actualmente, su repertorio está compuesto por 20, algunas de ellas propias, como es el caso de La orden, escrita por el mismo Hildebrando, quien también es dramaturgo. Esta es una de las más importantes y aborda el conflicto armado colombiano.
“Pensamos que es una obra que cumple una tarea: hablar del perdón y de la verdad como dos requisitos fundamentales para que nuestro país tenga futuro. Es una historia narrada a partir de hechos reales ficcionados. Partimos de esos hechos y construimos una ficción para contar la historia de una mujer que busca la verdad y, al encontrar al culpable, quiere matarlo, pero se da cuenta de que no es capaz de hacerlo. A partir de ahí se teje toda una historia con distintos personajes que genera reflexiones sobre nuestra realidad”, cuenta Flórez.
Lágrimas del cielo, que narra cómo fue el desplazamiento por el conflicto armado que sufrieron los Nukak Makú, un pueblo indígena de la Amazonía colombiana, y El niño que sabía volar, acerca de un pequeño en silla de ruedas que soñaba con volar, son otras de las obras –ambas de títeres– más destacadas de este teatro bellanita.
Por Tecoc también han pasado producciones nacionales e internacionales, y cada año se realizan entre 160 y 180 funciones. Por fuera estas pueden llegar a ser entre 150 a 200 anualmente. Solo en 2025, cerca de 6.000 personas visitaron este espacio cultural que tiene capacidad para 84 asistentes.
Esta es una de las cinco salas que hay en el municipio, donde, según Flórez, las oportunidades para los artistas son pocas.
“Bello es una ciudad de artistas, eso es innegable. No es solo un eslogan: es real. Aquí hay muchísima gente haciendo arte y cultura, y es una apuesta que hemos tenido durante muchos años. Sin embargo, muchos se han ido buscando mejores oportunidades, casi siempre hacia Medellín. Hay quienes viven acá, pero ejercen su actividad artística en otras ciudades por la falta de oportunidades. Es un poco paradójico, porque es una ciudad que está creciendo de manera desbordada”, menciona.
Sin embargo, al igual que en sus orígenes, la apuesta de Tecoc sigue siendo consolidarse como un espacio para habitar el arte y la cultura, lo que los ha llevado a ser hoy en día la sala más antigua abierta en Bello. El objetivo, dice Hildebrando, es seguir aprendiendo, investigando y creando: “Cada obra, para nosotros, es un proceso de investigación y aprendizaje, y siempre nos emociona cuando podemos traer público aquí a verlas. Esa es nuestra labor y eso es lo que moriremos haciendo.”
Así va nuestra serie para que conozca todos los teatros y escenarios que hay en Medellín:
2. En Belén, La Polilla acoge a los nuevos teatreros: un buen parche para la ciudad
3. Un buen parche en Medellín: Canchimalos, 50 años de labores culturales en La América
5. Conozca el único teatro en la Medellín ubicado dentro de un centro comercial
6. Sala Rec y Casa Maracaibo, nuevos espacios de teatro en Medellín
7. La montaña que piensa: teatro atrae turistas a Calatrava, en Itagüí
8. Imagineros: la sala de Manrique que entrega el 80% de su taquilla a los artistas emergentes
9. Conozca 50|50 la casa de la cultura, el baile y la reflexión en Medellín