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Abelardo De la Espriella, el litigante que quiere ser presidente

El segundo en las encuestas, el abogado penalista de 47 años, carga con el peso de haber defendido a criminales, corruptos y estafadores. Esta es su relación con el dinero y sus contradicciones en temas clave, pero también sus virtudes.

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hace 13 minutos

La vida de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, nacido hace 47 años en Bogotá pero criado en Montería, está atravesada por una ambición que él mismo ha narrado: la de hacer dinero.

“Me la pasaba todo el día viendo la manera de hacer plata”, dijo en su biografía oficial escrita por Ángel Becassino (Abelardo de la Espriella - La pasión del defensor). “En esa época, tenía diez, once años, a mí me quedaban libres, semanales, más de cien mil pesos. Y con eso, hace veinte años, yo era el dueño del barrio”, decía como producto del manejo de dos kioscos de comida rápida y licor en un lote desocupado del barrio La Castellana de Montería, cuando era apenas un niño de 11 años.

El periodista de investigación Gerardo Reyes, en su libro sobre Alex Saab —cliente del abogado De la Espriella y señalado testaferro de Nicolás Maduro—, llama la atención sobre las proporciones de ese relato de infancia: si los ingresos que describe corresponden a 1988, equivaldrían hoy a casi cuatro millones de pesos mensuales para un niño de once años.

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Ahora que Abelardo quiere ser presidente de Colombia, y aparece en segundo lugar en las encuestas detrás de Iván Cepeda, el debate sobre su trayectoria como litigante ha tomado un lugar central en la campaña.

Esta semana, la periodista de Noticias Caracol Malú Fernández le preguntó sobre una frase suya de 2015 —“Si usted dice que la ética no tiene nada que ver con el derecho, entonces, ¿se puede gobernar sin ética?”— y el candidato le respondió con dureza. “Lo que pasa es que la ignorancia es atrevida”; “tú no entiendes la diferencia porque no tienes formación en derecho”, le increpó De la Espriella.

La frase alude a una distinción filosófica real entre el derecho y la ética, un debate que tiene siglos de historia y sobre el cual, en un contexto académico y jurídico, De la Espriella tiene razón. Pero la pregunta concreta de “¿se puede gobernar sin ética?” tal vez merecía una respuesta más pedagógica y menos agresiva de quien aspira a ser Presidente de la República.

El litigante y sus clientes

Hacer dinero no es un delito. Tampoco lo es defender a imputados, incluso a los más cuestionados: ese es el corazón del sistema garantista.

A través de su firma De la Espriella Lawyers, el candidato ha sido apoderado del paramilitar Salvatore Mancuso, del estafador David Murcia —fundador de la pirámide DMG— y de criminales conocidos con alias como Boliche, Macaco, el Mono Abello, Papá Pitufo y el Tuso Sierra.

También asesoró a miembros del corrupto clan Nule, al exembajador Jorge Visbal procesado por vínculos con paramilitares, y al exmagistrado Jorge Pretelt, condenado por corrupción.

Vale anotar que en al menos dos investigaciones que lo relacionaron con presuntos vínculos paramilitares —en 2009 y en 2012—, la Fiscalía General de la Nación precluyó los procesos por falta de pruebas suficientes. El candidato no registra condenas ni investigaciones activas en esa materia.

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En una entrevista de 2018 con Juanpis González, en la que dice que no tiene aspiraciones políticas, se ve al abogado penalista en su faceta más pura: sus referencias a la hombría, el lujo, la valentía, el honor y el dinero: “No hagas con plata nada que no harías si no la hubiera”, dice.

Juanpis le pregunta: “¿Pero y cuando ayudó a los congresistas por parapolítica?” y el abogado responde: “Sí, pero es que fíjate tú, el que era inocente, resultó inocente. El que tenía problemas, encontramos el mal menor. Y recuerda una cosa: no solo se hace justicia cuando se condena al culpable sino también en mayor medida cuando se absuelve al inocente”.

Pero también es justo reconocer que ha liderado sonados casos de interés nacional, en los que las víctimas tenían todas las de perder contra sus victimarios y De la Espriella se echó al hombro la tarea de que se hiciera justicia, incluso probono, como el del atroz asesinato de Rosa Elvira Cely, el ataque con ácido contra Natalia Ponce de León o la defensa de los derechos colectivos al medio ambiente en el territorio Matamoros.

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En los tres casos, además, debido al impacto mediático de los casos que maneja De la Espriella logró impulsar la tipificación del feminicidio como delito autónomo y endurecer penas para ataques con agentes químicos.

El dilema del honorario

En Colombia, como en cualquier Estado de derecho, todo sindicado tiene derecho a la defensa, y el abogado que asume esa defensa no tiene por qué compartir la responsabilidad penal de su cliente. Es una garantía constitucional sin la cual el sistema de justicia simplemente no funciona. De la Espriella tiene razón cuando lo recuerda.

Pero ese argumento, siendo válido en el plano jurídico, no agota el debate en el plano moral y político.

La pregunta que incomoda no es si tenía derecho a defenderlos —lo tenía—, sino de dónde sacaron sus clientes el dinero con el que le pagaron sus honorarios: un paramilitar, un testaferro de dictador, un captador ilegal de recursos, unos primos que se robaron recursos del Estado.

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El abogado no está obligado por ley a indagar el origen de los fondos con los que cobra —aunque en algunos casos las normas de lavado de activos sí imponen deberes de debida diligencia—, pero eso no equivale a que el asunto sea moralmente neutro.

Otro aspecto del dilema, sobre su paso de penalista a querer ser jefe de Estado, la sintetizó el también abogado Jaime Lombana en una entrevista en La FM con ocasión de la reciente muerte de Germán Vargas Lleras.

Hacia el final del diálogo, Lombana responde sobre si votaría por Abelardo o Paloma Valencia: “No es que no lo quiera (a De la Espriella), yo lo que he dicho es que algo hay de ser abogado y escoger sus clientes a ser un presidente que ha defendido a todos los narcos de este país. Si uno es buen abogado debe tener una cercanía con los clientes, una amistad, un nexo y eso es lo que me preocupa”.

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De la Espriella ha mantenido su idea de “hacer plata” al punto de que no contento con lo bien que le iba en su firma De la Espriella Lawyers decidió convertirse en emprendedor en otros frentes: La Silla Vacía reveló que para 2024, cinco de sus empresas generaron ingresos por 16.130 millones de pesos, a pesar de que otros de sus negocios —como el del “Ron Defensor” junto a Silvestre Dangond— tienen saldo en rojo.

Sus transformaciones

Al debate sobre el origen de su fortuna se suman otras sobre sus cambios de posición. Se consideraba ateo hace unos años: “Absolutamente niego la presencia de Dios. No creo en nada que la razón no pueda explicar”, dijo en entrevista con Patricia Pardo.

Más tarde explicó que tuvo un proceso de conversión al catolicismo a raíz de una tragedia familiar —la grave enfermedad de su padre durante la pandemia. Eso, en sí mismo, es comprensible. Ahora recita el Padre Nuestro en latín en actos de campaña, entendiendo tal vez que la fe es también un activo electoral.

Hay otros cambios que tienen más peso político. Siendo abogado del concuñado de Petro, defendió públicamente al entonces alcalde de Bogotá: “Si algo se ha caracterizado Gustavo Petro es por ser un hombre honesto, que ha desenmascarado y perseguido a las mafias del Distrito”. Ahora dice que “Petro es el fondo de la basura”.

Sobre el proceso de paz con las Farc, sostuvo: “Yo sería partidario de que el señor Timochenko no pagara un día de cárcel. Si ese es el precio para pacificar este país, hay que hacerlo”.

Hoy habla del “mal llamado proceso de paz” que “sacó de circulación a unos guerrilleros barrigones de lesa humanidad”. Sobre la adopción homoparental, pasó de decir que “prefiero a un niño que viva en un hogar integrado por homosexuales a que lo haga en una calle” a afirmar en campaña que “los niños son sagrados” y que personalmente no lo haría.

Estos son matices de alguien que le mide la temperatura del electorado de derecha al que hoy le habla. También, aunque De la Espriella ha pregonado que “llegó tarde a la repartición del miedo”, apenas ha asistido a un debate y ha declinado entrevistas de medios que se las han solicitado, entre ellos EL COLOMBIANO.

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Las propuestas

Lo que el ruido mediático alrededor de su figura ha opacado es que De la Espriella sí tiene un programa de gobierno, más articulado de lo que sus detractores reconocen.

En economía proyecta un crecimiento del 7% anual impulsado por un ajuste fiscal de 70 billones de pesos, la reducción del tamaño del Estado en una cuarta parte, y una estrategia de desregulación masiva bajo la regla de eliminar dos normas por cada una nueva que se cree.

En seguridad propone una ofensiva militar para recuperar el control territorial en noventa días, el fortalecimiento de la fuerza pública con uso intensivo de drones e inteligencia artificial, la retoma de la fumigación con glifosato y la construcción de cárceles de máxima seguridad.

Su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, le da al binomio una credencial de ortodoxia fiscal que otros candidatos de derecha no tienen.

En salud propone un plan de choque de diez billones de pesos para sanear deudas del sistema, garantizar tratamientos para pacientes con cáncer y enfermedades huérfanas, y llevar medicamentos directamente a los hogares de quienes no pueden desplazarse.

Para la juventud plantea una plataforma de universidad virtual gratuita y créditos Icetex al 2% con diez años de plazo.

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Hay propuestas más heterodoxas, como convertir a Colombia en un hub gamer latinoamericano, y otras polémicas, como la legalización del porte de armas.

Algunas de estas propuestas tienen tensiones internas que los analistas han señalado: la promesa de un ajuste fiscal de 70 billones convive con compromisos de gasto que no siempre cuadran. Y su admiración declarada por el presidente argentino, Javier Milei, choca con la promesa de regular el precio de la leche para proteger la producción nacional.

Las virtudes

Quienes lo conocen de cerca destacan aspectos que la caricatura mediática no recoge. Su fórmula vicepresidencial, Restrepo, lo describe así: “Lo que más me ha sorprendido es su personalidad generosa. Tiene una personalidad que reconoce cómo debe complementarse con los demás para construir un buen gobierno. Eso es la demostración de un estadista”.

Personas de su equipo, bajo reserva, dicen que “no es solo el vacile costeño, es que él es noble cuando uno lo conoce”. Su esposa, Ana Lucía Pineda, es descrita en la campaña como su “polo a tierra”.

Sus ataques a periodistas son un flanco real y legítimo de crítica. No se trata solo de un estilo áspero: hay un patrón de condescendencia que sus propios aliados han tenido que salir a matizar públicamente. Restrepo ofreció un “compromiso de respeto por la prensa y con la mujer”, lo que implica reconocer que hay algo que comprometer.

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El escenario

Según la mayoría de encuestas, De la Espriella pasaría a segunda vuelta contra Iván Cepeda. En ese escenario tendría el desafío de crecer hacia el centro, una tarea difícil para alguien cuya base electoral es una mezcla de voto duro de derecha y voto “enclosetado”: el que no se declara públicamente pero vota con convicción.

A esa base —y al propio candidato— parece no importarle demasiado la discusión sobre contradicciones y origen de la fortuna. Lo que está en juego es la disputa por el poder. Y esa, como él sabe mejor que nadie, se juega a otro precio.

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