El boom de los conciertos llevó a invertir $3 billones en los estadios colombianos, que recaudaron 100 millones de dólares en 2025
Con más de US$100 millones en ingresos en 2025, cerca de un millón de boletas vendidas y un crecimiento de 133% en la última década, la industria del entretenimiento en vivo se consolidó como un motor económico urbano, impulsado por los grandes conciertos en estadios.
Comunicador social - Periodista de la UPB Bucaramanga. Magíster en Estudios Políticos de la Universidad de Caldas. Especialista en Comunicación Digital. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2023. Miembro de Consejo de Redacción.
Colombia está viviendo, sin exagerar, un auge sostenido de la industria del espectáculo y actividades artísticas. Después del golpe que dejó la pandemia, el sector no solo se recuperó, sino que aceleró, cantó, bailó, vibró y disfrutó.
Entre 2014 y 2024, el rubro de actividades artísticas, de entretenimiento y recreación creció más de 133%, y el cierre del 2025 promete consolidar esa tendencia que ronda el 10%, según el Dane.
Hoy, los conciertos, festivales y eventos masivos ya no son vistos como gastos superfluos o simples actividades culturales. Ahora, son considerados espacios de creación de riqueza.
Artistas colombianos como Shakira, Maluma, Silvestre Dangond, Karol G o J Balvin no solo llenan estadios, sino que activan cadenas completas de valor que incluyen transporte, hotelería, comercio, gastronomía y empleo temporal.
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El ejemplo más visible fue la gira de Shakira a comienzos del año pasado. Nueve funciones en el país reunieron a más de 370.000 personas y dejaron un impacto económico superior a los US$100 millones. La derrama fue mucho más allá de la taquilla, cada ciudad, como Medellín, recibió un espectáculo que movió la economía local.
Estadios, los motores del PIB: de templos del fútbol a fábricas de empleo y consumo urbano
En esa efervescencia del sector entretenimiento, artístico y cultural, aparecen los estadios como nuevos epicentros del dinamismo de esta industria, especialmente en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali.
Durante décadas se hablaba de los estadios como “templos del fútbol”. En este momento, esa definición se quedó corta. Las multitudes que llenaron conciertos de Shakira, J Balvin, Silvestre Dangond, Dua Lipa o Bad Bunny ratificaron que estos escenarios son motores urbanos de entretenimiento y desarrollo económico.
No es casualidad que Bogotá, Medellín y Barranquilla estén inmersas en una carrera por modernizar sus grandes colosos, e invertir más de $3 billones en los siguientes dos años.
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La lógica de los inversionistas es tener grandes escenarios de espectáculos que tengan infraestructura, conectividad y experiencia para el público. Y el que no lo haga, se queda por fuera del mapa de los grandes eventos.
Las inversiones de Medellín, Bogotá y Barranquilla en sus estadios
Por ejemplo, el estadio Metropolitano Roberto Meléndez volverá a rozar las cifras históricas de aforo. Con una inversión cercana a los $180.000 millones, pasará de 45.994 a más de 60.000 espectadores, con la posibilidad de llegar hasta 75.000 en conciertos.
Además, Barranquilla proyecta construir un Movistar Arena con capacidad para 12.000 personas, ampliando la oferta de espectáculos de mediano formato. No por nada la ciudad fue elegida como sede de la final de la Copa Sudamericana 2026, una vitrina regional con impacto económico directo.
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Bogotá va más allá. Con el proyecto Sencia, la capital se propone levantar un nuevo estadio El Campín, con una inversión superior a $2 billones, capacidad para 50.000 personas y un distrito de deportes y entretenimiento de 167.000 metros cuadrados.
Tan atractivo es el proyecto que Corficolombiana, del Grupo Aval, firmó un acuerdo para adquirir el 51% de Sencia, la asociación público-privada encargada de la renovación.
El nuevo estadio se construirá donde hoy está El Campincito, sin tocar la infraestructura actual hasta que culminen las obras, previstas para iniciar el 1 de marzo de 2026 y entregarse en diciembre de 2027. El costo total rondará los US$500 millones.
Medellín no se queda atrás en esta carrera inversionista. El Atanasio Girardot se había quedado pequeño para ser la segunda ciudad del país. Tras un intento fallido de renovación en la pasada administración, el alcalde, Federico Gutiérrez, anunció una inversión pública de $750.000 millones para ampliar el aforo de 42.252 a 60.000 personas.
La decisión no es menor. El mandatario explicó que el proyecto anterior apenas tenía renders y un estudio de prefactibilidad, además de contemplar ceder la explotación por 29 años a un tercero. Ahora, la apuesta es financiar las obras con recursos públicos y asegurar el control de una fuente estratégica de ingresos para el distrito, justo cuando los grandes espectáculos están en auge.
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Las cifras y la experiencia de los empresarios del mercado del entretenimiento
Ricardo Peláez R., CEO de D’Groupe, considera que la industria del entretenimiento viene creciendo a un ritmo más acelerado que muchas otras actividades económicas y ya tiene un peso visible en las cuentas locales.
“En ciudades como Bogotá y Medellín el sector aporta de forma significativa al PIB y se proyecta a representar cerca de 12% del PIB nacional en los próximos años”.
La clave, señala, está en que los grandes shows funcionan como una exportación de servicios, que atraen visitantes, generan ingreso de divisas, fortalecen el turismo y posicionan a las ciudades como destinos confiables en el circuito internacional del entretenimiento.
Ese crecimiento, coinciden los empresarios, no se explica solo por la demanda. “Está demostrado que la oferta es la que estimula la demanda”, insiste Peláez. Por eso, la mejora y construcción de nuevos escenarios se traduce en más eventos, mejores condiciones laborales y mayor consumo.
El sector, agrega, ofrece salarios promedio superiores al mínimo legal y ayuda a extender la estadía de los turistas más allá de una o dos noches, con efectos directos en hotelería, gastronomía, transporte y comercio. A medida que el mercado se expande, también se abren espacios para nuevos talentos, empresas locales y transferencia de conocimiento.
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Desde la óptica de los promotores, el fenómeno se ve con igual claridad. Miguel Santacoloma, director de Comunicaciones de Páramo Presenta, recuerda que desde el regreso de la pandemia la industria del entretenimiento se convirtió en un factor relevante del crecimiento del PIB, algo que ya miden entidades oficiales como el Dane.
“No es solo un beneficio para los empresarios directamente involucrados, sino para toda la cadena de valor”, señala.
Por eso, la profesionalización de proveedores técnicos, logísticos y de transporte, la actualización de venues y la llegada de agencias y sellos internacionales son, para él, señales de madurez del mercado colombiano. La entrada de jugadores globales como Live Nation, a través de su participación en Páramo Presenta, terminó de consolidar esa apuesta.
Por su parte, la infraestructura aparece como el otro gran catalizador. Santacoloma explica que, a medida que el mercado se solidifica, los escenarios deben crecer en paralelo para permitir distintos formatos de eventos.
Bogotá es hoy el ejemplo más claro, con un ecosistema que combina estadios y arenas pensadas específicamente para conciertos, como el Movistar Arena, Vive Claro o el Coliseo MedPlus.
Medellín avanza con la Arena Primavera y la renovación del Atanasio Girardot; Cali se prepara con la Arena Cañaveralejo; Barranquilla moderniza el Metropolitano; y ciudades intermedias como Cartagena o Bucaramanga empiezan a mostrar interés. Todo esto, subraya, se traduce en empleo, no solo por la construcción, sino por la operación permanente de los escenarios.
A renglón seguido, Luz Ángela Castro, directora general de Ocesa Colombia, asegura que el balance de 2025 fue contundente, ya que el entretenimiento en vivo dejó de ser “solo cultura” para convertirse en una industria ancla.
Según consolidaciones basadas en datos de Pollstar, los principales estadios del país superaron el millón de entradas vendidas y generaron más de US$100 millones en ingresos por eventos musicales.
“A eso se suma un ecosistema humano altamente calificado, públicos comprometidos y una operación que ya integra sostenibilidad, economía circular y responsabilidad social, elementos clave para competir regionalmente por grandes giras”.
Agrega que la modernización de estadios abre una oportunidad adicional al pasar del evento puntual al distrito de entretenimiento. Castro explica que un recinto moderno permite programación continua, rotación eficiente de eventos y una integración real con comercio, hospitalidad y servicios urbanos.
En cifras concretas, recuerda que solo en Vive Claro, con seis conciertos y pocos meses de operación en 2025, se generaron más de 25.000 empleos y cerca de US$16 millones en ingresos turísticos para Bogotá.
En la capital, los grandes eventos dejaron más de $65.000 millones en impacto turístico y más de $27.000 millones en impuestos en un solo año.
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El impacto se siente también en la imagen de las ciudades. Santacoloma lo ejemplifica con el “efecto Shakira”, con ocupaciones hoteleras por encima del 80% y derramas económicas superiores a los US$10 millones en ciudades como Barranquilla, Cali y Medellín, además de un efecto positivo en percepción, turismo y tejido social.
Peláez coincide en que, dependiendo del tipo de evento, el impacto puede ser cultural o convertirse en una verdadera exportación de servicios con ingreso neto de divisas.
Para las empresas organizadoras y promotoras, el beneficio es doble. Por un lado, escenarios mejor preparados reducen costos de producción, tiempos de montaje y desmontaje, y elevan la eficiencia.
Por otro, obligan a una gestión más sofisticada, planificación anticipada, inversión sostenida y coordinación con las ciudades en temas de movilidad, sostenibilidad y convivencia. “Pensar el venue o estadio como un ecosistema amplifica el valor más allá del evento”, concluye Castro.
Cinco estadios colombianos, entre los 25 más importantes del continente
Colombia se consolidó en 2025 como uno de los mercados más dinámicos del entretenimiento en vivo en Suramérica, según el ranking de Pollstar.
Cinco estadios colombianos se ubicaron entre los 25 más importantes del continente por ventas de boletas. El Campín ocupó el segundo lugar, con una recaudación de US$35,4 millones y 329.015 entradas vendidas, solo detrás del Allianz Parque de São Paulo.
Durante el año recibió 19 conciertos de gran formato, con más de 720.000 asistentes y 140 artistas. También destacaron Vive Claro, Atanasio Girardot, Metropolitano de Barranquilla y Pascual Guerrero.
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En la quinta posición apareció Vive Claro, también en Bogotá, que con apenas seis eventos desde agosto logró recaudar US$23,7 millones y vender más de 290.000 boletas.
El ranking también incluyó al Atanasio Girardot en el sexto lugar, al Metropolitano de Barranquilla en la posición 14 y al Pascual Guerrero de Cali en el puesto 18. En conjunto, los principales estadios del país superaron el millón de entradas vendidas y generaron más de US$100 millones en ingresos durante 2025.
El protagonismo no es solo de los escenarios. En el ranking de promotores, Páramo Presenta fue el segundo mayor de Suramérica, con más de 1,7 millones de entradas vendidas y US$146 millones en ingresos. Ocesa Colombia ocupó el tercer lugar, con 1,5 millones de boletas y US$136 millones.
Por otro lado, en arenas, el Movistar Arena de Bogotá fue segundo en la región, con más de 820.000 entradas y US$47 millones en recaudación, mientras que el Coliseo MedPlus se ubicó cuarto.
En el frente artístico, Pollstar destacó a Shakira como la gira de mayor recaudo en Suramérica en 2025, con más de 577.000 entradas y US$68 millones. De las 15 giras más exitosas del año, 10 pasaron por Colombia.
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El PIB cultural y artístico
Este auge no solo se evidencia en boletas y recaudo, también se materializa en crecimiento del PIB colombiano. Mientras otros sectores de la economía colombiana avanzan a paso moderado, las actividades artísticas, de entretenimiento y recreación han tomado el liderato absoluto.
Según el último reporte del Dane, correspondiente al tercer trimestre del 2025, este sector se consolida como el de mayor crecimiento en lo corrido del año pasado, superando a pesos pesados de la producción nacional como el comercio y el agro.
En el acumulado del 2025, este sector registra un aumento del 9,4%, una cifra que lo sitúa en la cima del podio económico. Para ponerlo en perspectiva, este rendimiento deja atrás el crecimiento del comercio (5,1%) y de la agricultura (4,1%), sectores que tradicionalmente presionan el Producto Interno Bruto (PIB).
Aunque el ritmo ha mostrado una estabilización natural, las cifras siguen siendo positivas. De acuerdo con el reporte del Dane, durante el tercer trimestre de 2025, el valor agregado de este sector creció un 5,7% en comparación con el mismo periodo del 2024.
Si se analiza, exclusivamente, el componente de actividades artísticas, de entretenimiento y recreación, el salto anual fue del 6,3%.
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