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Alerta: las iglesias del Centro están sitiadas por el hampa

Ladrones y drogadicción invaden los atrios de los templos más importantes. La situación ha empeorado.

  • Alerta: las iglesias del Centro están sitiadas por el hampa
  • Alerta: las iglesias del Centro están sitiadas por el hampa
  • Sin control, extienden ropa en el atrio de la Basílica Metropolitana. Foto: Manuel Saldarriaga.
    Sin control, extienden ropa en el atrio de la Basílica Metropolitana. Foto: Manuel Saldarriaga.
  • Así se ve una de las paredes laterales de La Veracruz. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
    Así se ve una de las paredes laterales de La Veracruz. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
Publicado el 21 de junio de 2022

Desde que el padre Rafael Gómez asumió como párroco de La Veracruz, hace tres años, ha oficiado solo dos matrimonios. Unos cuantos bautizos se han celebrado, pero de manera esporádica. La gente le teme a los alrededores de la iglesia, donde abundan el olor a marihuana y bazuco, la explotación sexual, los ladrones. Las paredes laterales están desconchadas, chorreadas, orinadas. “Las paredes piden auxilio a gritos, pero no tenemos forma de arreglarlas”, sentencia el padre.

Y no hay como repararlas porque no hay plata. La iglesia, terminada de construir en 1803, necesitaba un cambio de luces urgente que costó $100 millones. La parroquia está pagando esa deuda con dificultad, ahogada por la baja de feligreses. “No podemos negar que cada vez vienen menos fieles. El consumo de drogas, los robos y la suciedad han ahuyentado a la gente. A pesar de que somos un edificio patrimonial, no tenemos ninguna ayuda estatal”, se queja el párroco.

El abandono es evidente. Sobre la fachada húmeda, golpeada por el paso de las décadas, crece una vegetación intrusa. En el costado derecho hay una reja que está oxidada, más bien podrida, por las cientos de orinadas que ha recibido. En las mañanas, cuando se celebra la primera de las seis misas diarias, hay que limpiar los desperdicios dejados por los habitantes de calle, que se levantan a regañadientes.

Pero el decaimiento de la iglesia, ícono del siglo XIX y la mitad del XX, no es solo simbólico: es la estampa de la debacle del Centro de Medellín. La situación de la comuna 10, muy difícil de por sí, se complicó más con la pandemia. El llamado Bronx se ha expandido, ocupando ahora hasta el atrio de la Basílica Metropolitana; en general, la población se empobreció drásticamente en 2020, cuando 334.415 personas cayeron en situación de pobreza monetaria, según el Dane.

Las iglesias del Centro han quedado en medio del recrudecimiento de los problemas sociales. En la Plazuela Botero, por ejemplo, se registraron robos en gavilla el año pasado. Con violencia, los ladrones zarandeaban a la víctima y la despojaban de sus pertenencias, cosa que no se había visto antes. “No nos hemos podido recuperar de la divulgación de esos videos. Se creó un estigma sobre el sector”, se lamenta el padre Gómez.

Sin control, extienden ropa en el atrio de la Basílica Metropolitana. Foto: Manuel Saldarriaga.
Sin control, extienden ropa en el atrio de la Basílica Metropolitana. Foto: Manuel Saldarriaga.

Y no es que los alrededores de las iglesias fueran un remanso, pero los párrocos y los empleados reconocen que la pandemia empeoró todo. Sobre el parque Berrío está otra de las iglesias más importantes de Medellín: la Candelaria. “Una iglesita blanca, bonita, en el costado oriental. Para más señas: en el atrio le aterrizan las palomas y adentro tiene un Señor Caído doloroso que alumbran miles de veladoras”, escribió Fernando Vallejo sobre esta iglesia en su novela Casablanca la bella.

Si bien la iglesia fue restaurada hace siete años, pues la humedad se la estaba comiendo, hoy de nuevo sufre los embates del invierno. Está mucho mejor que La Veracruz, pero la situación social es la misma. Tomás Ábalos, que desde hace 50 años hace parte de la parroquia, en la que es corista, cuenta que los ladrones han entrado y arrebatado celulares de los fieles. La situación es tal que la iglesia, que fue la catedral de la Arquidiócesis de Medellín entre 1868 y 1931, permanece varias horas al día con las puertas cerradas. Entre tanto, vendedores ambulantes se apostan en el atrio y el Parque Berrío se atesta de visitantes.

En cuanto a fieles, sufre la misma baja de La Veracruz. Ábalos dice que la pandemia redujo el ya disminuido público que asiste a la iglesia. El problema es que en el Centro de Medellín viven apenas 150.000 personas, muchas de ellas en inquilinatos. A pesar de que por la comuna pasan 1 ‘200.000 personas a diario, no hay una comunidad formada, sino más bien un cúmulo de visitantes esporádicos. Eso hace que las finanzas sean más precarias y que cualquier daño, como los ocasionados por el invierno, sea más difícil de reparar.

De esta situación no se ha escapado la imponente Basílica Metropolitana, llamada en un comienzo Villanueva. Construida con más de un millón doscientos mil ladrillos, la más grande del mundo en su tipo, permanece hoy con las puertas cerradas la mayor parte del día. En el atrio, de manera inverosímil, habitantes de calle extienden ropa como si fuera el patio de su casa. Los ladrillos de la parte baja están roídos, carcomidos: los han raspado para mezclarlos con bazuco.

Así se ve una de las paredes laterales de La Veracruz. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
Así se ve una de las paredes laterales de La Veracruz. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA

Un empleado de la iglesia cuenta que hace dos semanas se robaron una planta de sonido. Relata: “Cuando abrimos las puertas para celebrar las misas, unos hombres entran y se esconden debajo de las bancas. Se quedan durmiendo, haciendo cosas indebidas. Cuando intentamos sacarlos, se ponen violentos y amenazantes”.

Como los demás, el empleado asegura que la situación empeoró tras la pandemia. Dice que el acompañamiento de la Policía es escaso y que controlar el desorden se ha convertido en un imposible: “Ya no queda ni una de las puertas originales, pues se les robaron todo el cobre. Ahora están recubiertas con una lámina para que no se las lleven”.

Este relato de tres de las iglesias más importantes de la ciudad puede ampliarse a las demás que están en el Centro. Fueron las más importantes del siglo pasado, donde la aristocracia local acudía a bautizar a sus vástagos, y hoy languidecen en medio del desorden y el abandono.

Miguel Osorio Montoya

Comunicador Social-Periodista de la UPB. Redactor del Área Metro de El Colombiano.


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