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Centro alucinógeno: cocaína de $4.000 y hoteles donde reviven gente con adrenalina

La población que transita por esta zona la hace atractiva para exprimirla en la criminalidad.

  • Los operativos de seguridad no han dado resultado en el Centro de Medellín. FOTO: JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    Los operativos de seguridad no han dado resultado en el Centro de Medellín. FOTO: JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
Centro alucinógeno: cocaína de $4.000 y hoteles donde reviven gente con adrenalina
Publicado el 16 de mayo de 2022

Aunque parece tierra de nadie, el centro de Medellín tiene sus señores, sus lores. Capos y bandas controlan plazas de vicio, extorsiones, prostitutas y hoteles. Es una mañana de jueves, una mujer vieja y con las carnes bien operadas —la mandamás, la manda a callar de los ladrones y borrachos, la proxeneta— da permiso de hacer preguntas, muy cerca a la Plaza de Botero. Mientras en el quinto piso del Museo de Antioquia se limpian las pinturas del maestro con cuidado quirúrgico, aquí abajo se cuida al cliente:

—¿Qué quiere, papi? —pregunta una mujer con piernas largas y morenas. Tomamos un par de cervezas y no son las once de la mañana. Quien me acompaña le habla al oído:

—¿Nos conseguís una bolsita de fua?

Fua, polvito, nieve, perico coca. En esta calle —fondo del centro— la bolsita vale 4.000 pesos, la calidad es pésima, puede tener tiza o talco. La mujer, que está en busca de un cliente, dice que podemos subir a una habitación. Cobra 50.000 pesos, otras pueden cobrar 60.000 o 70.000 pesos. Le decimos que no y nos vamos.

***

Por el hurto de una bicicleta, dos hombres llegaron desesperados hasta El Bronx —esa calle del Centro abarrotada de consumidores de bazuco, donde hombres y mujeres se arrullan en sus viajes alucinógenos y te pueden apuñalar por un cigarrillo o una mirada indiscreta—. Buscaban al responsable, creían que podía ser un reciclador, un adicto.

Lo identificaron, se le acercaron. No sabían nada de él, pero se llamaba Julio César Arteaga Borjas y tenía 30 años. Le metieron varias puñaladas en frente de todos. Lo dejaron malherido y se fueron sin la bicicleta. El ataque, temerario, solo lo pueden hacer quienes tienen el poder del Centro. Estaban cobrando una cuenta pendiente, porque de ese territorio no se pierde una aguja sin su permiso. Policías llevaron a Julio César al Hospital San Vicente Fundación, pero las heridas eran tan graves que murió rápidamente. En una camilla murió uno de los 31 asesinados en el Centro este año.

Este asesinato ocurrió el 28 de abril, un muerto más que nadie lloró. Todo revela un modus operandi: el Centro está bajo el control de bandas que son intocables y su negocio primero es la venta de drogas, todo lo otro es secundario: los robos y las extorsiones. El que se aventura al raponeo tiene en cuenta que solo lo puede hacer en territorios permitidos, como parques abiertos, no las calles donde hay plazas de vicio. Además hay horarios, momentos.

***

Por el centro pasan todos los días 1,2 millones de personas. Solo hay que prestar atención. Un hombre negro, parado al lado del Museo de Antioquia, planea una venganza: “Yo no dejo eso así, voy a reunir a una gente y vamos y cascamos a ese hijueputa”. El hombre se mueve intranquilo, desorientado y unos amigos se le acercan. Mientras tanto un chamán-culebrero vende un aceite para los dolores que tiene veneno de alacrán —levanta un tronco con alacranes: prueba para los incrédulos—, el tarro vale 4.000 pesos, o tres por 10.000. Una mujer bien alternativa: pelo de colores, gafas hípster y los dientes podridos por la droga, tiene un cartel con fotos de cortes de pelo:

—A la orden muchachos, el corte a 10.000 para usted y para él que tiene barba, 16.000 pesos —el valor es mucho más barato que en cualquier otro barrio.

En la esquina, una esquina de la Veracruz, una pandillita de hombres bien viejos juegan a la bolita. Una especie de estafa donde apuestas por averiguar donde está escondida una pequeña canica. Lo hacen rápido porque la Policía los persigue. La estafa también se presta para el cosquilleo: un boquiabierto se acerca y un ladrón aprovecha. Una mujer pasa vendiendo empanadas: 1.500 con carne. Son bastante grandes. Entramos a un bar: media botella de Aguardiente Antioqueño: 18.000 pesos, media de Ron Viejo de Caldas: 20.000 pesos. Afuera unos hombres con costales fabrican pipas para fumar bazuco: a 1.000 pesos cada una. Es una ganga.

***

Nadie detiene este flujo criminal. ¿Qué quiere, señor? Un buñuelo en la calle vale 500 pesos; un paquete de corazoncitos de hojaldre en el Astor vale 4.500 pesos; un capuchino con licor en El Camino Real está en 4.500 pesos; una cerveza en el Parque del Periodista: 3.000. Eso lo que se sabe, pero en el fondo está lo que no se ve: un bareto vale 2.000 pesos, un cigarrillo de cripa 3.000, y el fua que conseguimos antes por 4.000 es basura, porque el precio crece según la calidad: 15.000 cuando es casi escama de pescado; 30.000 cuando se trata de cristal: un viaje de pura cocaína que se consigue en las calles de Nueva York, como dice el jíbaro.

Entre tanta venta, el negocio se reparte por marcas. Todo el perico se vende en bolsas pequeñas resellables que tienen símbolos que revelan territorios: las del centro tienen un sticker azul, pero en la ciudad hay otros: la cara de Pablo Escobar (plaza de Robledo) o una carita feliz (Barrio Antioquia); también con árboles de Navidad o la cara de Walter White, el protagonista de Breaking Bad. Así se mantiene el orden criminal, el dueño de la plaza es el dueño de la calle. Cuando una moto de policías está parqueada cerca, el signo es perentorio: no están a cuentas, o subieron los homicidios, o los robos, o no se pagó una cuota.

***

Se sabe que en el Centro hay, por lo menos, 15 divisiones de las denominadas Convivir que estarían vinculadas con tres grandes bandas de la ciudad: “La Terraza”, “Caicedo” y “La Milagrosa”. Bajo una alianza criminal controlan el microtráfico y la extorsión y tienen un efecto regulador sobre los hurtos, ejecutados principalmente por la delincuencia común. Luis Fernando Quijano, vocero de la Corporación para el Desarrollo Social (Corpades), señala que “los convivires” son organizaciones criminales con más de 1.000 miembros.

De acuerdo con los informes de la Sijín de la Policía, en el Valle de Aburrá hay 220 plazas de vicio estáticas, de las cuales 120 se encuentran en el Centro. “Las grandes plazas de vicio de Medellín, excepto la del barrio Antioquia, están en el Centro”, asegura Quijano.

Si bien esta parte de la criminalidad se maneja con un solo nombre, hay división en cuanto a las estructuras que les dan el apoyo para vender estas mercancías ilegales.

En la zona nororiental del Centro, que limita con las comunas 3 (Manrique) y 4 (Aranjuez), están influenciadas por la banda “La Terraza”, mientras que en la parte centro oriental, limítrofe con las comunas 8 (Villa Hermosa) y 9 (Buenos Aires), hay poder de los grupos delincuenciales “Caicedo” y “La Milagrosa”, aliados en la mayoría de los casos, según Inteligencia.

Todos los pactos se rompen en El Bronx. Es tanto el dinero que allí se mueve que todas las bandas lo quieren para sí; allí la guerra está abierta. Y se extiende a Guayaquil, Villanueva y La Candelaria. Las ganancias pueden ser de más de 1.000 millones de pesos cada semana.

El coronel Andrés Ceballos, comandante operativo encargado de la Policía Metropolitana y quien fue hasta el año pasado comandante del Distrito 3, que tiene jurisdicción en el Centro, dice que el consumo de estupefacientes en estas zonas donde hay mendigos ha derivado el incremento de los homicidios entre esta población, en casos que estarían relacionados con riñas: este año van 13.

Además está la extorsión. Los comerciantes callejeros pagan desde 5.000 pesos semanales por vender chicles y cigarrillos. En algunos casos, no pueden soportar y abandonan. Así le ocurrió a un comerciante de productos naturistas en el parque Berrío, a quien miembros de las “Convivir” lo intimidaron al verle su clientela y decidieron incrementarle la vacuna a 50.000 pesos.

Además están los pagadiarios: prestamista que tienen un interés hasta del 30% y que andan armados: o pagas o te mueres. Muchas veces el préstamo viene de los negocios del microtráfico, y expertos calculan que la cartera puede ser de 1.000 millones, generando hasta 400.000 millones de ganancias al mes.

***

Los raponeros están sueltos en el Parque de Berrío. Roban celulares, billeteras, bolsos. Otros, más cuenteros no raponean, intimidan: dicen que son “los muchachos” y te piden los documentos, te amenazan, dicen que te pareces a un delincuente de otra zona: primero te dan el miedo y luego te quitan todo.

Dicen que hay siete estructuras, se acomodan así: “Los Intocables”, “Los Cocuelos” y la “Convivir de Berrío”, que se mueven en los parques San Antonio, Berrío y Bolívar, la Plaza Botero, la avenida Oriental y los bajos del metro entre las estaciones San Antonio y Parque Berrío; el segundo grupo se dedica a robar carros, motos y autopartes en los barrios El Chagualo, Prado Centro y Boston, son las bandas “La 30”, de Manrique, y “La Roja”, de Villa Hermosa. Y están los que roban locales y bancos: “Terranova” y “Los Topos”. La Policía dice que el hurto ha crecido un 14%.

***

Seguimos caminando por el centro. Buscamos el fondo. ¿Qué hay para la cabeza? Pastillas desde 5.000 pesos. ¿Cuáles? Lo que quiera parcero: las famosas metanfetaminas, analgésicos, viagra molido, rubinol, éxtasis, ketaminas, PCP. Pero si busca algo más fuerte hay heroína: a 50, a 60, a 70.000 pesos.

Es un negocio que se expande, porque en un hotel roñoso encontramos un paquete especial —que también venden en esas cuevas debajo de casas viejas donde venden drogas y desaparecen gente—: te dan un colchón, una jeringa y candela. Algunos quedan tan mal, que son revividos por esos paramédicos improvisados en los que se han convertido los jíbaros a fuerza de necesidad: te inyectan adrenalina. “Si quieren cuando despierten les damos un caldito de pescado y, después, otra jeringa”.

120
plazas de vicio, según la Sijín, están ubicadas en el Centro de Medellín.
15

estructuras delincuenciales de Convivir hay en la
comuna 10.
Infográfico

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS los millones del contrabando

Otro de los grandes problemas que enfrenta el Centro, desde su economía, es el tema del contrabando de mercancía. La Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) indicó que este año se han incautado 139 productos por valor de $2.487 millones, entre confecciones, zapatos, accesorios de celular, bisutería, entre otros.

En todo el año pasado, en operativos conjuntos con la Policía Fiscal y Aduanera (Polfa), se incautó mercancía avaluada en $11.705 millones. Estos operativos, según este organismo, se dan principalmente en el sector de El Hueco.

Daniel Rivera Marín

Editor General Multimedia de EL COLOMBIANO.

Santiago Olivares Tobón

Periodista por pasión. Me gusta contar las historias de la ciudad desde todos sus puntos de vista y mostrar lo bueno y lo malo de nuestra realidad.


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