Hubo un tiempo en el que El Yucal fue solo una tienda. Hubo días en los que don Alfonso Naranjo vendía arroz o huevos o leche. Se ubicaba tras su mostrador color caoba y atendía a amigos y extraños. De aquellos años solo quedan unas estanterías repletas de pasado: botellas, cajetillas, calcomanías de una Medellín que ya casi no existe y que encuentra allí, en esta tienda que cada vez es menos tienda, un hogar para sobrevivir.
Aquí el pasado y el futuro pasean a su antojo. Ochenta años existiendo en esta esquina de Belén Granada hacen de El Yucal una de las tiendas más antiguas de Medellín y un repositorio de sonrisas. Esas que revisten las paredes de la tienda de don Alfonso en decenas de fotografías. Él se desliza entre ellas recitando cumpleaños,...