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La Navidad ilumina los cementerios de Medellín con velas y plegarias

Las familias decoran las tumbas, prenden las velitas, ponen villancicos y hasta alumbrados. La nostalgia de las ausencias se acentúa en diciembre.

  • Esta es la primera Navidad que pasan sin Conrado de Jesús Mora Rojas. Sus nietos, alrededor de su tumba. FOTO CAMILO SUÁREZ
    Esta es la primera Navidad que pasan sin Conrado de Jesús Mora Rojas. Sus nietos, alrededor de su tumba. FOTO CAMILO SUÁREZ
  • Las familias van al San Pedro y decoran las tumbas de sus familiares. FOTO CAMILO SUÁREZ
    Las familias van al San Pedro y decoran las tumbas de sus familiares. FOTO CAMILO SUÁREZ
  • El hijo de Roger Andrés Zapata orando a su padre. Lo acompañó su abuela Loreley. FOTO CAMILO SUÁREZ
    El hijo de Roger Andrés Zapata orando a su padre. Lo acompañó su abuela Loreley. FOTO CAMILO SUÁREZ
  • Luz Dary Morales y su sobrina Laura prendieron velas en la tumba de la pequeña Sara. FOTO CAMILO SUÁREZ
    Luz Dary Morales y su sobrina Laura prendieron velas en la tumba de la pequeña Sara. FOTO CAMILO SUÁREZ
  • Nancy Rodríguez y Johany Albeiro Gallego vinieron desde Bogotá a visitar a su hijo Manuel. FOTO CAMILO SUÁREZ
    Nancy Rodríguez y Johany Albeiro Gallego vinieron desde Bogotá a visitar a su hijo Manuel. FOTO CAMILO SUÁREZ
18 de diciembre de 2022
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La fogata ardía sobre un gran caldero en el centro del camposanto ante la mirada inmóvil de seres de piedra que custodian a los muertos. La llama crecía con frases de remembranza. Se alimentaba de pequeños papelitos con mensajes que lanzaban quienes recuerdan a sus seres queridos cada día, pero con mayor nostalgia en diciembre. Las palabras, entregadas entre lágrimas, silencios prolongados o risas nerviosas, eran, en cierto modo, la forma de esas personas de “celebrar” la Navidad con familiares y amigos que ahora reposan en las bóvedas del Cementerio Museo San Pedro.

Fue el pasado miércoles. Eran las 7:00 de la noche cuando el fuego empezó a hacerse más fuerte tragando papelitos y disipaba un poco la oscuridad. Alrededor, separados por cuerdas de seguridad, unas 500 personas, niños, mujeres, hombres, ancianos, jóvenes, niñas se abrazaban desconsolados, recordaban en voz baja a su ser querido o simplemente callaban. Hubo algunas risas y quienes bromearon con que en esa llama tan fuerte se podía poner la olla pal sancocho. Cada quien carga el dolor de la muerte a su modo.

El de la familia de Conrado de Jesús Mora Rojas es reciente y está atravesado por una dura prueba: esta es la primera Navidad que pasan sin él, su padre, quien los dejó a los 64 años, el pasado 30 de julio, por culpa de una enfermedad. Con el peso de esta realidad, la esposa, los cinco hijos y seis nietos estuvieron un rato, el miércoles, alrededor de su bóveda para recordar lo mucho que le gustaban estas fechas y cómo solían pasarlas juntos en su casa en el barrio Popular 2. “La Navidad ya no es lo mismo”, señaló una de sus hijas.

Ha pasado poco desde la partida, pero hablaron de él entre risas, cuando contaron que era “un poco cascarrabias”. Los niños dijeron que le encantaba el tinto, el cigarrillo, el mango, el mamoncillo y la malta mezclada con huevo. La familia se niega a olvidar los detalles mínimos y lo visitan cada 15 o 20 días. Por eso, también, estuvieron en la fogata.

Las familias van al San Pedro y decoran las tumbas de sus familiares. <span class=mln_uppercase_mln>FOTO</span> CAMILO SUÁREZ
Las familias van al San Pedro y decoran las tumbas de sus familiares. FOTO CAMILO SUÁREZ

Allí, los crujidos de la quema se perdían por momentos entre el sonido de villancicos o música de meditación. Una voz guiaba el ritual navideño que los organizadores llamaron Noche de la Luz. La invitación era a sanar, agradecer y compartir en familia en estas fechas en las que casi que en cada hogar se siente una ausencia.

La nostalgia por el que se fue

La de Loreley Ochoa es la de su hijo Roger Andrés Zapata, a quien vio por última vez en febrero de 2020, cuando partió hacia Sincelejo. Tenía 25 años e iba a conocer a su hijo de 2. Pudo celebrarle ese único cumpleaños porque lo asesinaron antes de que se devolviera para Medellín. Como era bailarín y le encantaban la Navidad y los alumbrados, Loreley también fue con su nieto y su hermana, a ponerle música y encenderle velitas y barras de incienso frente a la lápida adornada cual si fuera la fachada de una casa iluminada en esta temporada.

Loreley va todos los domingos y los miércoles a visitar la tumba de Roger Andrés. Y celebra que el San Pedro haga actividades como las de diciembre, así como las de otros meses: “Ayudan mucho porque uno viene con dolor, con la tensión de que ellos no pueden estar con uno en Navidad porque están ahí”. La dificultad de desprenderse persiste aún ante lo intangible.

El hijo de Roger Andrés Zapata orando a su padre. Lo acompañó su abuela Loreley. FOTO CAMILO SUÁREZ
El hijo de Roger Andrés Zapata orando a su padre. Lo acompañó su abuela Loreley. FOTO CAMILO SUÁREZ

Por eso, un mensaje recurrente se oía a través de los parlantes mientras se hacía la fogata: “Cuando terminemos el ritual, no olvidemos despedir a nuestros seres queridos, decirles adiós, que ya nosotros nos vamos para la casa y ellos se quedan aquí”, decía la sicóloga del programa de acompañamiento al duelo liderado por el cementerio.

A las 8:00 de la noche llegó el momento de que las familias pusieran en práctica la recomendación. Tal vez algunos se despidieron mentalmente de su ser querido y le desearon una feliz Navidad. Tal vez algunos dijeron que volverían el 24 o el 31, dos fechas concurridas en el San Pedro, con el fin de año como uno de los picos de visitas con otros como el Día de la Madre, el Día del Padre y el Día de las Ánimas. En diciembre, en particular, las actividades culturales que acostumbran hacer todo el año en el camposanto dan paso a los rituales y la reflexión.

La fogata, que apagaron apenas salió la procesión de visitantes, fue el evento de cierre de varias actividades que el cementerio programó para que las familias compartieran el espíritu de la Navidad con sus muertos. Dos horas antes, a las 6:00 de la tarde, el ritual empezó con visitas a los fallecidos. Oscureció rápido. A lo largo de las galerías de bóvedas pululaban una que otra luz de las velitas que muchos prendieron para revivir el 7 y el 8 de diciembre, pero también las de las instalaciones de bombillas pequeñitas que acompañaban un Papá Noel, una campana o un pesebre, todo, a escala de la lápida.

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A través de los altoparlantes sonaban villancicos, pero algunas personas, paradas o sentadas frente a flores, nombres y fotografías de los muertos, además de encender velas, escuchaban en el celular otras canciones, las que más les gustaban a sus seres queridos en vida. Otros decoraban las lápidas con guirnaldas, bolitas y muñecos navideños, lucecitas de colores y hasta árboles pequeños.

Una oportunidad de sanar

Frente a la bóveda de su hija Sara, sentada en el suelo, en un rincón del segundo piso de una de las galerías, estuvo Luz Dary Morales, sin moverse si quiera para bajar a la fogata. Es la segunda Navidad que pasa sin su pequeña, que se fue a los 10 años por la complicación de una neumonía que vino cuando parecía que todo iba bien en el tratamiento contra la leucemia que la aquejaba.

Allí, ante la tumba, iluminada con velas y ambientada con música y adornos navideños, permaneció la madre. Dice que nunca logrará sobreponerse del todo de la prematura partida de su única hija, a quien recuerda como una niña alegre, amorosa, juguetona y buena estudiante, tanto que siguió sacando buenas notas aun cuando tenía que estudiar de forma virtual por su enfermedad.

Luz Dary Morales y su sobrina Laura prendieron velas en la tumba de la pequeña Sara. FOTO CAMILO SUÁREZ
Luz Dary Morales y su sobrina Laura prendieron velas en la tumba de la pequeña Sara. FOTO CAMILO SUÁREZ

Las más de dos horas que Luz Dary estuvo allí, en compañía de algunas primas de Sara, recordó lo mucho que su hija amaba diciembre. Por eso, no duda en decorarle la tumba, al igual que en Halloween y el día de su cumpleaños, el 28 de junio. Todo el año la lápida está cuidada, pues la mujer va sin falta todos los domingos. Al principio iba hasta cuatro veces por semana, pero en el programa de acompañamiento al duelo del cementerio le han ayudado a aceptar un poco más la realidad.

Pero la realidad la atropella una y otra vez. Una duda la carcome, aunque no ha sido capaz de buscar respuestas: quiere saber qué pasó exactamente en el hospital cuando le dijeron que esperara afuera los 15 minutos más eternos de su vida. Sabe que eso no le devolverá a Sara, pero quiere algún día ser capaz de preguntar. Laura, la prima de la niña, considera que la muerte, como sucedió en su caso, siempre le recordará que el “tiempo es lo único que no se recupera y que el hubiera no existe”. Pese a que quisiera que fuera en vida, acompaña a su tía en estas fechas para rendir un homenaje al recuerdo de Sara.

Tal vez por eso fueron de las últimas en salir del cementerio San Pedro el miércoles en la noche, cuando la fogata ya empezaba a ser solo cenizas. Mientras caminaban hacia la puerta del camposanto de 180 años, soplaban velas que encontraban en el camino. A sus espaldas quedaron tres árboles navideños llenos de pequeñas tarjetas con mensajes que los visitantes pueden dedicar por estos días a sus seres queridos, otra de las actividades del San Pedro, que mantiene apertura para quienes quieran llevar el color de la Navidad a las lápidas de sus muertos.

Tal como lo hicieron, un día antes del ritual, el pasado martes, Johany Albeiro Gallego y Nancy María Rodríguez, en la tumba de su hijo Manuel Fermín. Una guirnalda, globos y flores dejaron esa tarde, dos días después de haber llegado de Bogotá, a donde se fueron a vivir luego de que su hijo fuera asesinado en Campo Valdés, en mayo de 2021, por robarle la moto mientras hacía un domicilio para el restaurante donde trabajaba.

Nancy Rodríguez y Johany Albeiro Gallego vinieron desde Bogotá a visitar a su hijo Manuel. FOTO CAMILO SUÁREZ
Nancy Rodríguez y Johany Albeiro Gallego vinieron desde Bogotá a visitar a su hijo Manuel. FOTO CAMILO SUÁREZ

Cada mes cogen un bus para venir a Medellín a visitarlo, a limpiarle la tumba y a ponerle flores nuevas, mientras, según contaron, las investigaciones del caso no avanzan. Frente a esa lápida estarán de nuevo antes de devolverse a la capital, donde pasarán la segunda Navidad sin Manuel Fermín, a quien recuerdan como amiguero, trabajador y alegre. “Le conté al cielo lo mucho que te extraño. Te fuiste muy lejos, pero sé que estarás mejor”, es uno de los mensajes que le dejaron en uno de los globos, al lado de otro que dice “Feliz Navidad”.

Ese es el deseo de muchos para sus muertos. No importa cuántos diciembres pasen, probablemente, cuando suene el Cinco pa las 12, se coma natilla con buñuelo o se abran los aguinaldos, habrá un momento para recordar a los que ya no están.

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