Una botella de whisky de una reconocida marca comprada en 40 mil pesos fue el punto de partida de una investigación que desencadenó en el desmantelamiento de una de las más grandes organizaciones dedicadas a la venta de licor adulterado de Antioquia. Quien la vendió dijo que era económica porque era de contrabando. Su contenido, a simple vista, era el de un trago normal, pero fue enviada a los laboratorios para una inspección a profundidad.
El peritaje confirmó las sospechas: el licor contenía impurezas, el alcohol tenía un grado inferior al que prometía la etiqueta y, además, no era apto para el consumo humano. No obstante, para los investigadores llamó la atención el trabajo de filigrana que exhibía el envase: la tapa, el filtro dosificador...