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Urabá espera ansiosa sus dos nuevos puertos

Las comunidades de Nueva Colonia (Turbo) y Río Necoclí (Necoclí) pronostican impactos de las obras en lo social, lo ambiental, el desarrollo y las oportunidades que traerán.

  • En este predio, de 230 hectáreas, se construirá el puerto en Necoclí. No habrá reubicación de familias. FOTO manuel saldarriaga
    En este predio, de 230 hectáreas, se construirá el puerto en Necoclí. No habrá reubicación de familias. FOTO manuel saldarriaga
  • En esta urbanización, a cinco kilómetros del puerto, se reubicaron 36 familias que vivían en vereda El Canal. FOTO manuel saldarriaga
    En esta urbanización, a cinco kilómetros del puerto, se reubicaron 36 familias que vivían en vereda El Canal.
    FOTO manuel saldarriaga
30 de mayo de 2016
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A falta de un puerto, Urabá tendrá dos en el corto plazo, algo que dos décadas atrás era un sueño que parecía imposible pero que sus líderes jalonaron hasta que por fin dio frutos.

Uno es Puerto Antioquia, que se construirá en el corregimiento Nueva Colonia, de Turbo, que ya cuenta con la licencia ambiental y está a un paso de definir el constructor.

El otro se llamará Darién Internacional y se construirá en la vereda Río Necoclí, a diez kilómetros del casco urbano de esta población del Norte de Urabá. Lo lidera la firma Conconcreto y en el momento está tramitando la licencia ambiental ante la Anla.

Pero esas estructuras soñadas, aunque traen progreso y oportunidades, generan impactos, en su mayoría ambientales y sociales y las comunidades están a la expectativa.

EL COLOMBIANO llegó hasta ambas zonas de la región bananera en busca de esas opiniones de las comunidades directamente afectadas. En general hay positivismo y los ven como algo que debía ocurrir y que les traerá, sobre todo, desarrollo, empleo y horizontes para la juventud, que crece con anhelos diferentes a ser agricultores o pescadores.

Traslado en Nueva Colonia

Pueblo de pescadores y agricultores del banano, Nueva Colonia es un corregimiento que padece múltiples necesidades. Está ubicado a casi media hora de la vía a Urabá, en dirección al Mar Caribe, y tiene riquezas hídricas como el río León y el propio océano, pero muchas necesidades insatisfechas: salud, educación, acueducto, alcantarillado y otros servicios aún son deficientes en esta comunidad habitada, en su mayoría, por afrodescendientes.

Dice Adalberto Valderrama, que habita el lugar desde niño, que aunque la actividad de agricultor se puede ver afectada por el puerto, son más las ventajas que trae esta obra que los perjuicios.

-Este puerto es algo positivo, los muchachos van a tener oportunidades, ya ellos no anhelan ser campesinos sino trabajar en cosas grandes-, relata Adalberto, que ya fue trasladado de su anterior vivienda a una nueva en el proyecto Guillermo Henríquez Gallo, que incluye 36 casas de 96 metros, la mitad construidos y la otra mitad para ampliación.

Todas las familias ya se fueron a vivir a las nuevas casas, pero hay dos pendientes: una es la de Iván Borja, que lleva diez años en la zona y que pide una vivienda mejor.

-Son casas casi en obra negra y sin acabados, yo quiero algo más digno para mi esposa y mis tres hijos-, afirma y aclara que no se opone al proyecto, porque “todo progreso es bueno”, pero las familias de la zona no deben quedar peor que como estaban, advierte.

Adelaida Cuesta Torres y Espólita Vita, al contrario, se sienten satisfechas.

-Las casitas donde vivíamos eran incómodas, haga de cuenta ranchos, y esto es más digno, estoy feliz-, afirma la primera. Espólita la respalda, pero sí siente que la casa está pequeña. ¡Claro!, solo mira lo construido. El espacio libre es amplio y así lo reconocen Jorge Sotelo y Hernán de Hoyos, ambos pescadores.

De Hoyos, de 40 años, aún se siente capaz de cambiar de actividad si le dan un empleo digno en la construcción del puerto, como ha sido la promesa de Pío S.A.S., concesionaria del proyecto.

-Yo ya tengo 65 años y estoy enfermo, no podría trabajar en otra cosa que no sea pescar y como eso se puede afectar, estoy esperando a ver qué me solucionan, porque no puedo parar la vida, tengo hijos, familia para sostener-, advierte su amigo Sotelo.

A cuatro meses

El puerto se construirá en la vereda conocida como El Canal, aún con muchas plantaciones de banano. La vida allí transcurre en total calma. El lote donde se hará el puerto está prácticamente despejado y solo falta que lleguen las máquinas a remover tierra.

Andrés Felipe Bustos Isaza, gerente del proyecto, que fue adjudicado por el Gobierno Nacional el año anterior, señala que en máximo cuatro meses se estaría iniciando obra.

En el momento, su empresa estudia las propuestas de dos finalistas elegidos entre cinco consorcios que presentaron oferta.

-El pasado 24 de mayo recibimos la última versión revisada de las ofertas y viene la preselección de dos firmas, se afinará la ingeniería de detalle y en tres meses tomaremos la decisión definitiva-, explica.

Una vez cumplido este trámite, en cuestión de un mes se estará moviendo tierra, que es lo que los urabaenses quieren ver. Este puerto, por lo menos, ya tiene el avance de la reubicación de las viviendas y prácticamente es un hecho.

El costo será de 405 millones de dólares (casi $1,2 billones) y en la etapa constructiva generaría 1.500 empleos. La primera fase estaría lista para finales del año 2018.

El Darién Internacional

Conconcreto califica este proyecto como un puerto internacional de alto calado.

Sentada en una silla en las afueras de su casa a orillas de la playa en la vereda Río Necoclí, Dora Vargas no ahonda mucho en este concepto.

El mango está en cosecha y hay tramos en los que hay que esquivarlos, porque están regados en el piso. Ella bebe un jugo de la fruta y saca tiempo para añorar lo que ahora disfruta, porque siente que puede perderlo.

-Estas veredas han sido muy abandonadas y las comunidades necesitan salir adelante, pero me da dolor de la madre tierra, esperemos que el trabajo se haga de la mejor forma respetando nuestros recursos-, dice Dora, que un día llegó de Medellín, como muchos paisas del interior, a buscar paz en el apacible Necoclí, que es pura naturaleza, playa, mar y ciénagas que proveen el agua para el municipio.

Como líder comunal, lucha por su pueblo. Y como sabe que negarse a un proyecto de desarrollo que traerá oportunidades es imposible, reclama que se tenga en cuenta a los seres humanos que han habitado y trabajado por la región.

-Hay que proteger los humedales, buscar que los impactos no sean tan fuertes y que podamos seguir con nuestras vidas sin alteraciones.

La construcción de este puerto no implicará traslado de comunidades. Pero hay actividades que se afectarán, como la de los pescadores.

-Yo creo que la pesca sí se va a perjudicar, porque aunque el pescado se ha reducido por muchos factores, al menos da para subsistir, pero trabajando en las obras del puerto uno no sabe cómo nos irá, pocos acá hemos trabajado construcción y cosas de esas-, advierte Víctor David Padilla, de 36 años, mientras afina los últimos detalles de una red que elabora a orilla de la playa.

Iván Darío Espinosa Peláez, antropólogo y quien adelanta la parte social del proyecto, despeja dudas. Dice -y así lo admite la comunidad- que se han hecho más de 20 reuniones de socialización con las comunidades afectadas, que son directamente 4 veredas y dos más por añadidura.

-Hicimos una primera reunión para presentarles el proyecto y otra donde escuchamos lo que sabían, pensaban y esperaban del mismo, para analizar cómo todas sus inquietudes podrían ser resueltas-, explicó Espinosa Peláez.

Señala que van en el camino de construir confianza, lo que advierte que no es fácil, y que hace 15 días se le entregó a la Anla (Agencia Nacional de Licencias Ambientales) el estudio de impacto ambiental, que deberá ser resuelto en dos meses.

Si el organismo nacional da el visto bueno, la obra arrancaría casi de inmediato, pues Conconcreto mismo lo construirá y ya tiene los diseños listos.

La obra tiene un costo de 1.000 millones de dólares (cerca de $3 billones) y su primera fase también será puesta al servicio en 2018. Generaría también más de mil empleos, cuya principal fuente de mano de obra será el propio Necoclí.

-Esto es una gran oportunidad para los jóvenes, que dejarán de ganar jornales de miseria de $22 mil para tener empleos dignos, con seguridad social, prestaciones y oportunidades-, sostiene Fernando Gómez Mora, comerciante de Urabá.

230
hectáreas es el predio total adquirido por los socios del puerto en Necoclí.

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