Kinestoscopio 98

La revista para los que aman el cine…


Ya está circulando la edición 98 de la única revista especializada en cine del país. Este número viene encabezado por un particular dossier que da cuenta de aquellos que están a la sombra de los grandes realizadores haciendo una labor muy específica, pero sin quienes su trabajo no sería el mismo: Tim Burton y su músico de cabecera, Tarantino y su montajista, Woody Allen y sus productores, etc.
Igualmente Hay una crítica de la película colombiana próxima a estrenarse Sofía y el terco, así como una entrevista a su director, Andrés Burgos.
También reseñas de cuatro festivales de cine y tres importantes documentales. En la sección de crítica están comentadas películas como La chica del dragón tatuado, El artista, La invención de Hugo, Drive,  Melancolía, entre otras.
La revista finaliza con sus habituales secciones: Filmes invisibles, la serie B (dedicada al Grindhouse cinema), Sueño eterno (Ángeles con cara sucias) y la aparición de una nueva dedicada a los Nuevos medios, que inicia con una artículo que hace una ABC de la apreciación del video arte y el video  experimental.

El negocio del cine

Cundo el cine joven se hace viejo

Por: Oswaldo Osorio


Cuando Hollywood hace una película como El sorprendente hombre araña (Marc Webb, 2012) no está pensando en cine sino en un producto. Y no necesariamente lo digo con el resentimiento del cinéfilo que únicamente esperaría obras de gran valor artístico, lo digo solo constatando un hecho, tan inevitable como necesario, pero que efectivamente tiene unas cuestionables implicaciones para ese equilibrio entre arte e industria que define al cine.

Y es que con esta película ocurrió algo muy particular (que seguramente se convertirá en una práctica habitual), ocurrió que de una saga relativamente reciente (producida en 2002, 2004 y 2007), en lugar de realizar una cuarta entrega, optaron por volverla a empezar, es decir, hacer un remake de la película del 2002. Aunque los productores aducen haber tenido inconvenientes con Sam Reimi, el director de las tres entregas anteriores, las razones parecen ser mucho más simples.

Para proponer las posibles razones, antes hay que tener en cuenta que la industria del cine sabe muy bien que quienes más consumen películas es el público entre 14 y 25 años. También son los que comen más crispetas, porque hay que recordar que la mayor ganancia de las salas de cine está en confitería y no tanto en la boletería. Por lo tanto, un Hombre araña de hace diez años ya se estaba haciendo “viejo” para este rango de público.

De manera que un Tobey Maguire (el  protagonista anterior) casi cuarentón y hace mucho por fuera del colegio, no iba a ser tan atractivo para este nuevo grueso de espectadores y sería más difícil que se identificara con él. Porque, como se sabe, el probado éxito de este súper héroe, desde que se publicó el cómic por primera vez en 1962, es ser un introvertido e inseguro adolescente que aún estudia en secundaria.

Entonces esos espectadores que hace una década no habían nacido o tenían menos de siete años, seguramente es la razón por la que se volvió a empezar la historia, la cual los acompañará, con sus dos o tres entregas más, en su proceso de crecimiento como grandes consumidores de cine. Harry Potter y Shrek fueron otras dos sagas que supieron explotar muy bien esa ventaja de acompañar el crecimiento de una generación, pasando de película infantil a cine de adolescentes y luego juvenil.

Aunque el problema no es tanto volver a empezar, pues ya esto había ocurrido con el Batman de Christopher Nolan (2005, 2008, 2012), y se mejoró la saga luego de que Joel Schumacher la deshonrara con sus banalidades y neón. El problema es cuando este nuevo inicio hace una mala copia del anterior, cuando en lugar de una película de uno de los súper héroes más populares del cine (2500 millones de espectadores vieron la trilogía de Reimi), parece que estamos viendo un melodrama juvenil cargado de chistes fáciles, giros forzados del guion y un villano que le da muy poca intensidad al conflicto.

El cine es una industria, claro, y mucho más cuando toda su maquinaria se pone en función de las millonarias ganancias que le dan las películas de súper héroes, pero también es cierto que hay estrategias, como la que se aplicó con esta cinta, que convierten a los de esta industria en negociantes de bienes comunes, olvidando que el cine tiene todas las posibilidades de ser, al mismo tiempo, tanto un producto altamente rentable como una expresión artística y cultural de calidad.

La publicidad en el cine

Un recorrido por el emplazamiento de productos

Por: Andrés Cañola y Alejandro Ramírez


Los inicios del cine se remontan a finales del siglo XIX, y desde ese entonces, ha construido  un lenguaje propio que lo identifica y lo diferencia de las otras artes. A pesar de su corta existencia,comparado con otras expresiones artísticas del hombre, el cine se ha mantenido a lo largo del tiempo de manera consistente, surgiendo como un arte de masas que influye en el comportamiento social, enseñando la realidad o como un escape de la misma, permitiendo ver el mundo desde otra perspectiva que narra historias que quieren o valen la pena ser contadas.

El lenguaje del cine entendido como un instrumento que se sirve de la fotografía, de la música, de la literatura y otros fenómenos artísticos, se convierte entonces en la principal medidade expresión de las distintas sociedades. Esta expresión, que tiene un propósito que no solo se limita al discurso que se quiere transmitir, sino también a lo que la sociedad puedainterpretar de él, es lo que admite configurarlocomo uno de los mejores vehículos para la transmisión de ideas, sentimientos o emociones.

En esta medida, la publicidad,concebida como “una forma destinada a difundir o informar al público sobre un bien o servicio con el objetivo de motivarlo hacia una acción de consumo”[1], y apoyada en el estudio de diferentes disciplinas como la sociología, la psicología, la economía, entre otras, se vale del potencial que representa el cine para expresar de forma directa lo que se quiere transmitir, a partir de la explotación de las marcas sobre las audiencias en lo que ahora se conoce como el emplazamiento de producto.

Este tipo de práctica o técnicade comunicación, inducida por la búsqueda de alternativas para conseguir los objetivos de la publicidad tradicional, “es la denominación que recibe la participación de una marca o producto dentro de un relato audiovisual, ya sea de manera pasiva o activa, como si este formara parte de la narrativa que desarrolla”[2]. Por ello, es que el cine es sin lugar a dudas en la actualidad, la corriente artística que más se beneficia de este tipo de publicidad. Aunque el desarrollo de esta práctica esrealizadatambién en un medio como la televisión, es en el arte cinematográfico donde ha encontrado su principal aliado.

En la historia del cine, la primera referencia documental probada sobre el uso del emplazamiento de producto, se dio en 1919 con la película The garaje, de Roscoe ‘Fatty’ Arbuckle. En esta cinta la compañía Red Crown Gasoline, pagó una suma de dinero a cambio de que apareciera el logotipo de la empresa como parte de la decoración del plató. Sin embargo, se desconoce el impacto económico que tuvo el emplazamiento de producto en el financiamiento del filme”[3], ya que por tratarse deuno de los primeros ejercicios de este tipo de práctica publicitaria, careció de la sofisticación desarrollada en el último tiempo y la marca apareció casi imperceptible a las audiencias por encontrarse en un segundo plano.

No obstante, para hablar de una verdadera industria del emplazamiento de producto en el cine, sobretodo en el de Hollywood, se tendría que esperarseis décadas después del filme de ‘Fatty’ cuando en 1982 se hizo el estreno de E.T El Extraterrestre, de Steven Spielberg. En esta cinta, la marca Hershey’s logró emplazar, con un marcado protagonismo argumental, sus caramelos de brillantes colores Reese’s pieces en varias secuencias de la película[4].

Así, a los dulces de colores se les hizo publicidad llamándolos como “los caramelos de E.T”, lo que significó un incremento en las ventas de la marca del 65 por ciento en los meses posteriores al estreno de la película e incitó a otros anunciantes a dirigir su atención hacia el emplazamiento de producto en el arte cinematográfico.

En los últimos años el uso del emplazamiento de producto ha adquirido una creciente importancia dentro de las producciones cinematográficas. Esto, se demuestra con el aumento en el número de marcas que son emplazadas en diferentes largometrajes con el fin de generar nuevas fuentes para su financiación. Películas como La isla, de Michael Bay, que cuenta con 35 marcas utilizadas; Transformers: La venganza de los caídos, también de Michael Bay, con 47 marcas; o Sexo en Nueva York, de Michael Patrick King, con 94 marcas utilizadas, parecen hacer “evidente que el continuo encarecimiento de los costes de producción, anima a las productoras a buscar fuentes de financiación para sus producciones a través de acuerdos mediante el emplazamiento de producto”[5], pero también llevan a la sociedad a cuestionarse sobre la validez de este tipo práctica, ya que muchas veces ésta paga por ver un filme pero se encuentra con comerciales de 120 minutos.

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Glauber Rocha y el Cinema Novo

Brasil en una época de militancia y cine furibundo

Por: Manuel Alejandro Muñoz


Preámbulo

La necesidad de realizar una reflexión sobre lo que nos rodea es una actividad habitual de los artistas y críticos de cualquier época. Glauber Rocha fue un importante director cinematográfico y critico brasileño que desarrolló perspectivas y análisis del contexto sociopolítico de su época, su cine contribuyó a la formación de un movimiento denominado “cinema novo”, el cual se distinguía por el constante reproche y reflexión acerca de los hechos sociológicos entre finales de los 50´s y 70´s, periodo en donde se daba un contexto importante para la cinematografía latinoamericana.

Glauber Rocha en sus ensayos La estética del hambre y La estética del sueño generó una posición acerca de cómo los burgueses y las sociedades europeas percibían el individuo latinoamericano; postuló una teoría de transformación social por medio de lo que él llamó arte revolucionaria. Es importante explorar la vida y obra de Glauber Rocha como referente de las repercusiones que sus puntos de vista y opiniones tuvieron en Brasil y Latinoamérica en aquella época de cambio y revolución.

El Cinema Novo ha sido una tendencia cinematográfica latinoamericana que se ha encargado de generar soluciones y reflexiones a lo que fue llamado como “geopolítica”, esta tendencia ha criticado una realidad que sugiere conclusiones y criticas sobre innumerables problemas sociológicos, problemas de los que se ha ocupado el cine latinoamericano durante muchos años.

Rocha imprimió en sus obras mensajes discrepantes que reflejaban una necesidad por demostrar las particularidades y los problemas de Brasil y Latinoamérica en un contexto global. En sus películas y textos demostró su interés por las cuestiones sociales.

Una manifestación: El Cinema Novo y Glauber Rocha

La expresión de las necesidades e inconformidades sociales era el imperativo en el Brasil de los 50´s. El país estaba asumiendo un cambio sociopolítico en muchos de sus ámbitos económicos, culturales y hasta automovilísticos con aquel proyecto del Autódromo de interlagos (José Carlos Pace) en Sao Paulo. La industria cinematográfica no se quedaba atrás.

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Andrés Caicedo

Una visión suicida; ante una sensación de vida, el cine

Por: Sara Botero jaramillo

Andrés Caicedo encontró en su conflicto personal, la respuesta a la disyuntiva de su literatura, la incomunicación con los otros debido a su problema de tartamudeo, lo llevaron a un mundo de disciplina, allí  se sumergió en su apasionamiento sutil entre la cinefilia y la literatura, en ambas sucumbían todas aquellas proezas que ya desde pequeño había prometido, desde sus 15 años ya era un literato, en el sentido de ser reconocido por varias personalidades importantes de la literatura colombiana, en la medida que fue trascendiendo su corta vida, fue exactamente esa incomunicación paradójicamente la que hizo de la traducción de su lenguaje, una voz joven, opacada por el godismo que se veía en esa época y por el poco apoyo artístico que brindaban en Cali, su ciudad natal, musa incluso, de muchos de sus cuentos, relatos, guiones y novelas.

A medida en la que el cine colombiano avanza a través de la literatura: María de Jorge Isaacs, Aura o Las Violetas, La vorágine, Cóndores no entierran todos los días y otras tantas identitarias de la Colombia pasada, pretenden quizá llenar un vacío existente en el emerger de las realizaciones fílmicas y bibliográficas, Andrés y su pasión por el cine  sofocaron un poco esta esfera fílmica pero desde su cine-club en Cali, donde espectadores caleños ratificaban su talento innato para ser cinéfilo.

Andrés, desde su visión pesimista alentaba la posibilidad inquietante de un drama desmesurado, diluyéndose sobre todo, en experiencias underground, allí dentro de éstas, apelaba a una adolescencia muy “particular” para la época, en donde, si bien es cierto el devenir de criterios innovadores y excéntricos en una rama artística como la literatura, era algo casi que imposible e improbable, adolecer de ciertos criterios conservaduristas en su forma narrativa, lo hizo muy sui géneris para los escritores de ese tiempo en específico.

Dice Sandro Romero “Sus escritos poseían la virtud de la euforia creativa y el afán por el dominio de la técnica y la estructura de un film”  con esta descripción ajustada a su narrativa, se adhiere entonces a una creación rica en elementos cineastas pero también enriquecidos de vivencias sobretodo clandestinas, es el caso de Calicalabozo el libro del recuento de relatos escritos por él, todos estos en el acontecer de la Cali cotidiana, esa Cali en donde lo callejero es lo primero y lo que sigue son puras y no más que irrelevancias maltrechas.

Siempre con esa precocidad reacia al cambio, con esos pensamientos sujetos al presente, a la realidad, al mirar para creer, a la reacción de experimentos, siendo él, el científico chiflado de su historia.

Si bien,  la única creación tangible que tuvo en el cine fue la codirección con Carlos Mayolo, de una película inconclusa en 1971, Angelita y Miguel Ángel, uno de sus escritos, de Unos pocos buenos amigos, en este aspecto también se mantuvo su estilo innato, la prescripción que bordea su personalidad mítica:  la capacidad de establecer criterios propios y sostenibles a través de textos inéditos estructurados de una manera intrínseca, pero al mismo tiempo subordinada a lo que veía en su cine-club de Cali, en donde no sólo tenía la presencia de un crítico con mucha actitud  sino, también una sorpresiva curiosidad que transmutaba de manera recíproca entre sus textos literarios, de cine y sus diarios personales, todos estos ahora, aprehensibles para la ayuda académica de materiales fílmicos.

Lo que más incurrió en su constante crítica del cine tiene que ver con los temas de films norteamericanos, en donde la preocupación principal radicaba en las películas de  horror y de vampiros, también, incurrió en la curiosidad constante del western, el asombro constante de Andrés por el cine norteamericano, lo llevó a la preparación de varios largos y cortometrajes, para ser traducidos luego por su hermana, pero fracasando en su intento por llevarlos al cine Hollywoodense, esto con el argumento de que en Colombia no habían posibilidades de hacer cine. Más tarde Carlos Mayolo y Luis Ospina  se inspiraron en varios de sus guiones para hacer películas como Pura sangre y Carne de tu carne, utilizando todos estas estructuras de vampiros, sangre y horror.

Otro proyecto relevante en la vida de este escritor fue la participación en la revista Ojo al cine, en esta se  dieron a conocer sus variadas opiniones acerca del cine, su “testamento” y unas cuantas cartas, todos estos inconfundibles por la utilización y amaestramiento de un lenguaje nuevo, “fresco” aunque decirlo suene un poco abrumador, esa era la intención principal, representar la jovialidad de su vida, las vidas que habitaban a la suya, la vida de él que habitaba a las otras vidas, y en esta cadena constante de querer encontrar, encontrase en los otros desde su salvajismo (las drogas y los excesos) inspiración constante de sus pensamientos, esos mismos en los que los críticos han encontrado la diatriba para hacer su contestación en contra.

Tanto la literatura como el cine han constituido hoy en día las dos formas principales del relato contemporáneo, la mediación para la narrativa y el texto sean una conservación de sentido en sí mismas, de ahí, la importancia que tiene Andrés en las esferas intelectuales del país, sus aportes van ligados a las rupturas de la brecha de la línea narrativa del cine y la literatura que hasta el momento se convierte en contemporánea, esa diferencia abismal (entre pasado y presente) aporta la posibilidad por ejemplo de trasladar sus realidad al escenario de su cinefilia, como ocurre en los mensajeros donde Cali es transformado en un estudio de cine y sus experiencias son explícitas o como ya se ha mencionado antes Angelita y Miguel Ángel.

Además de una observación  interna a todos aquellos aspectos de la vida de Caicedo, es preciso ajustar que tanto la literatura como el cine son en definitiva nuestros medios intelectuales de identidad, en este sentido, el afianzamiento y la claridad que se evidencian son en sí ese constructo endeble que queda archivado en las bibliotecas y en las salas de estar de otros cinéfilos empedernidos, Andrés muy bien lo apuntaba al decir “ cada gusto es una aberración” pero esa aberración es en sí la realidad metamorfoseada en un aspecto estético, que a fin de cuentas puede traducirse como mejor le parezca a quien lo transforme: Íntimo, mundano, banal, psicológico, ridículo o bello.

“Más de una vez, los cineastas de identificaron con obras literarias que reflejaban las peculiaridades del sentir y el obrar de sus países de origen” esto escrito en Panorama del cine iberoamericano, presume el canibalismo sustancioso de los gustos de Caidedo, quien en el sentido más literal de la palabra en cada vivencia acentuada desmembraba el quehacer en una sustancia deleitosa para los espectadores y ahora adeptos de sus pensamientos suicidas, en los que retrataba el consentimiento de querer morir a los 25 años, según él, vivir más allá de esa edad era una osadía e insensatez, después de su muerte ¡Que viva la música! Puede considerarse como obra póstuma, en esta novela se evidencia sin más,  el inconsciente de todas sus experiencias, desde el cine, utilizando sus elementos descriptivos y netamente en modo zoom para encontrar la sensación exacta en la literatura y la emoción ajustada al vivir del otro.

La enfermedad terminal en el cine

Por: Luz María Moreno Hernández  – Juan Sebastián Velásquez

La muerte no nos roba los seres amados.

Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo.

La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.

François Mauriac (1905-1970) Escritor francés.

La enfermedad terminal no es un asunto exclusivo del cine, pues el deterioro de la calidad de vida en las sociedades modernas y tecnológicamente “desarrolladas” ha llevado a que las condiciones de la salud se vean expuestas a múltiples amenazas y a qué miles de personas se encuentren en la batalla final entre la vida y la muerte, y en este contexto toma mucha importancia las películas que tratan esta temática, que ahora no sólo presentan trágicas situaciones de sufrimiento y agonía, si no que exhiben nuevas propuestas a los espectadores, dan interesantes giros temáticos en el manejo de la enfermedad y la preparación para la muerte, pero sobre todo permiten que el público se identifique con las realidades que en él se plantean.

Así es como el cine ha puesto a disposición del público una fuerte carga emocional representada en el  impactante tema de las enfermedades terminales, duelos y muertes, muchas de ellas acompañadas de tendencias ideológicas; en este contexto encontramos algunas como Camino de Javier Fesser,  Mar adentro de Alejandro Amenábar y La decisión más difícil de Nick Cassavetes además de otras tantas que lo tienen como tema principal de su argumento Elsa y Fred de Marcos Carnevale, Mi vida sin mí de Isabel Coixet y The Bucket List de Rob Reiner. Finalmente en esta categoría quedan algunas que si bien tratan el tema, se quedaron en la comedia romántica típica, con un tratamiento muy superficial de la temática y cuyo fin está más orientado al entretenimiento, algunas de estas son Dulce Noviembre de Pat O’Connor, El último regalo de Michael O. Sajbel y Carta a Dios de Eric-Emmanuel Schmitt.

Las enfermedades en estas películas son abordadas con la trascendencia que su público actual lo exige, al menos en la mayoría, obviando un Dulce Noviembre tal vez. El enfoque común es la vida, la muerte y el amor, aunque lo abordan desde distintas perspectivas, como la religión, los sueños y el deseo de libertad para elegir.

La mayoría de estas películas ofrece una serie de giros y de símbolos diversos que enriquecen la propuesta y dan lugar a historias que atrapan y que impactan las emociones del espectador. Presentan una misma realidad de maneras diferentes.

La muerte ha sido un tema universal en el cine, pero más que la misma muerte, el duelo se convierte en el argumento de fondo, pues el transcurrir de la enfermedad en medio del dolor, de las clínicas o habitaciones desoladas y de los seres amados que sufren por la pérdida inminente del ser querido, son el centro de la propuesta audiovisual y literaria. El hecho de la pérdida material supera la capacidad de comprensión humana y marca inevitablemente el final de la vida, y es esto lo que se muestra en los film.

En estas tramas,  más exactamente en La decisión más difícil, se hace evidente el duelo y el apego de la madre como la verdadera causa de sufrimiento, pues en la medida que hacemos un equipaje de afectos y necesidades, más difícil resulta enfrentarse al proceso de la muerte sin sufrir la angustia que este supone. Y pese a que este film en particular, logra confundir al espectador frente a un problema de ética médica, debido a la niña que se niega a seguir poniendo su vida en riesgo para salvar la de su agonizante hermana, aún siendo concebida con ese fin, al final se puede ver realmente el trasfondo del argumento: una familia destruida, unos hijos olvidados y una pareja separada a causa del profundo apego de una madre que centró todo el sentido de su vida en la protección de su hija con enfermedad terminal, olvidando por completo las necesidades de los demás personajes involucrados en la temática.

De acuerdo con la teoría del apego, desarrollada por el psiquiatra británico John Bowlby[1], “los seres humanos establecen fuertes lazos afectivos con otros sujetos y estos provienen de la necesidad de protección y seguridad que se desarrollan a temprana edad y cuanto mayor es el potencial de pérdida, mayor es esta reacción”; y por esto cuando más se intenta retener a la persona en condición terminal, se desarrolla un sentimiento de fracaso y aparecen reacciones como el rechazo, la apatía y la desesperación. Y esto se evidencia en Mar Adentro, cuando la familia, los amigos, la misma iglesia y el Estado se oponen a la muerte de un hombre que no encuentra en su enfermedad nada más que una motivación para morir, pues tras el trágico accidente que le deja parapléjico, él solo desea liberarse, siendo este el significado de muerte, mientras para todos lo que le rodean es un absoluto crimen contra su propia existencia.

En este punto, el espectador es llamado a una reflexión sobre el tema de la eutanasia, que podríamos describir en un interrogante de la misma película: “¿Dónde está escrito que estás obligado a vivir?”. Y deja abierta la posibilidad al público para tomar partido según sea su posición con relación al tema.

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Víctor Gaviria

Realidades inmersas en narraciones mordaces

Por: Andrea Carolina Guerra Posada


“Hay muchas clases de reinos. Entre los más pobres hay algunos que superan a los demás en pobreza, llevan con una alegría inusual su saco y su sombrero agujereados, su espíritu a prueba de todo resplandece con el simple paso del tiempo…”

Este pequeño fragmento del poema “La novia que no duerme” de VíctorGaviria resume lo que es el cine para él, un cine que llego por accidente cuando el solo quería ser escritor. Un cine lleno de realismo y soberbia. En medio de la porno miseria, del cine de realidad de JoséArzuaga y de los inicios de los grandes carteles del narcotráfico en Medellín nace el cine realista de VíctorGaviria quien ve en el cine otra forma de conocer y comunicar la realidad de un país excluyente, sumergido en la indiferencia. Hablar del cine de VíctorGaviria es hablar de compromiso social, actores naturales, de lenguaje parlache, camaradería y locaciones auténticas.

Algo evidente y muy natural en el cineasta VíctorGaviria es el hecho de sumergirse en un proceso de investigación intenso en el que descubre todos los inconvenientes que viven a diario sus protagonistas, en ese camino largo y turbulento en el que andan. Víctor. De esas experiencias o existencias a documentar saca las bases en las que construye sus nuevas historias, es por ello que muchos le acusan de realizar documentales en vez de argumentos, muy a pesar de todo esto el sigue viviendo miles de horas con los protagonistas, miles de horas siendo su amigo y viviendo como ellos. Y esto indudablemente se ve reflejado en esos filmes honestos, intensos, verdaderos y llenos de vida propia, que realiza. Para VíctorGaviria el guion tiene que estar ensamblado en la investigación de campo, en la que se desarrolla un constante dialogo que lleva a la cocreación directa y permanente de la película. Si hay algo que Víctor Gaviria logra con propiedad es ese trabajo al interior de los personajes, desde el exterior, en el que todo detalle es importante, ya que le da un sentido de realidad y, sinceridad [1]

Para VíctorGaviria un actor natural es aquel que lleva su vida acuestas y que la adhiere a todas las actividades que realiza sin necesidad de que alguien lo pueda constatar. Un ejemplo de esto es la utilización de palabras o frases propias de los actores al interior de la película, frases como “esas no son penas”, o como decían en Rodrigo D (1990), “normal”, o la de La vendedora de rosas (1998) “para qué zapatos si no hay casa” Son expresiones que tienen significado, y que son respuestas a una realidad social y vivencial. Es por esto que los actores naturales de Víctor Gaviria siempre están expuestos a puntos medios no parecen ni muy buenos ni muy malos, Mas bien se encuentran en ese punto gris en el que a la final todos nos paramos.

En el afán de huir de ese racismo o clasismo intelectual en el que la mayoría de veces se ve envuelto el cine colombiano, Víctor Gaviria ha creado un cine de realidad en el que los actores pueden ser unos pobres y unos arrastrados, pero tienen mucho poder [2] el poder que les da este en ese universo propio que les crea. Gracias a esto y a muchas cosas másVíctor Gaviria ha logrado un sello y un estilo propio que con el tiempo fue reconocido, en el que la conjugación de los elementos apropiados hace de la obra de Gaviria un legado sólido y maduro.

VíctorGaviria desde sus inicios ha mostrado el profundo inconformismo que siente alrededor de la sociedad desigual y burgués del país, especialmente de la sociedad medellinense que siempre está alardeando de progreso, tradición y bonanza, cuando en realidad en sus calles hay pobreza, vandalismos y exclusión. El principal reflejo de esto es su opera prima Rodrigo D: No futuro en la que le da una cachetada a todas esas promesas y creencias de un futuro mejor, mostrándonos a un grupo de jóvenes anarquistas que no creen en nada, que no tienen ni Dios ni ley, que lo único que esperan es el momento de morir. Rodrigo D, es una película de desesperanza, de rupturas y caos. La vida para estos jóvenes amantes del punk consiste en poseer un arma, una mujer y ropa de moda, vivir disfrutando de todo esto hasta que llegue el día del adiós final, de un adiós esperado con valentía y gozo.

En un país donde las clases dominantes son las que tienen la última palabra, “Rodrigo D: No futuro” quiso ser desechada pero muy a pesar de esto consiguió no solo ser aceptada por los organizadores del festival de cine de Cannes sino por el curador de la sección de cinematografía del museo de arte moderno de nueva york.  Evidentemente por más que las clases dominantes estuvieran revueltas ya no podían hacer nada, porque Rodrigo D: No futuro no solo era un éxito de Gaviria sino un éxito de la cinematografía colombiana, en la que se hablada de la realidad de Medellín una ciudad  aparentemente pujante y progresista, que en sus calles y comunas esconde una profunda cultura desconocida para la mayoría, la cultura del “No futuro” tapada por ideales e intereses políticos. Este fue el gran dilema de Gaviria al atreverse a mezclar realidad social con política y anarquismo sin delimitar el lenguaje cinematográfico utilizado, es por esto que no se puede saber a ciencia cierta que es Rodrigo D: No futuro, si un documental, un testimonio o un argumental. Lo que sí es evidente es la importancia de esta nueva dramaturgia que plantea Gaviria a lo largo de su obra.

Continuando con el cine polémico y de contenido de Víctor Gaviria aparece ante nuestros ojos  La vendedora de rosas (1998) una historia bañada de pueblo, niños y calle. En la que se cuenta la historia de Mónica, una niña de 13 años golpeada por la soledad quien se encuentra la mayor parte del tiempo en la calle, compartiendo este espacio y sus vivencias con otros de su misma edad. Mónica decide vender rosas en la ciudad de Medellín un día antes y durante la noche de navidad, por cosas del destino esta hermosa niña de 13 años se topa con un borracho que le obsequia un reloj, el cual a grandes rasgos termina siendo el causante de su muerte.

Esta película hecha como la anterior con actores naturales, permite ver la espontaneidad de la realidad en que se desenvuelven los protagonistas. Partiendo de su lenguaje (el parlache), la significación de su entorno, su modo de vestir, de pensar y contradecirse. Permiten evidenciar esa cultura sumergida dentro de los muros y las calles, esa cultura que aún nos negamos aceptar y que podemos palpar en el destino trágico de los actores que intervinieron en la obra, esos que terminaron muertos, encarcelados o en el olvido.

Después del flamante éxito de la vendedora de rosas Víctor Gaviria decide explorar el fenómeno que en últimas era el trasfondo de las películas mencionadas con anterioridad. El fenómeno del narcotráfico. Sumas y restas (2005) Es una película que paradójicamente y muy a pesar de su temática no enfrenta policías ni ladrones, y en la que casi no hay derramamiento de sangre. Es una película que se centra más en mostrar los matices culturales y en ese cambio de vida que surge al involucrarse en el negocio de la droga. Logrando todo esto a través de personajes de bajo perfil y basándose en la historia real de un amigo, Víctor Gaviria obtuvo como resultado una película honesta que habla de esa búsqueda de las cosas que nos han confundido el camino, del cambio de los códigos y valores al deseo tortuoso por tener cada vez más y más dinero, sin importar nada más que ese deseo.

La naturaleza sensible de Víctor Gaviria, sus ojos de poeta, su conciencia social fuertemente arraigada, y el enfoque antropológico y sociológico que le da a su trabajo facilitan a través de la etnografía la creación de dichas obras majestuosas llenas de realismo y pureza con las que a lo largo de los años nos ha venido sorprendiendo, no sabemos a ciencia cierta cuálserá su próximo acierto o si simplemente desatinara lo que sí es seguro es que en su próxima película se verá reflejada nuevamente ese compromiso que tiene con la realidad en la que en este país todos estamos inmersos.

Decálogo del cinéfilo

Por: Andrés Burgos

Uno. Si la película es rusa y en blanco y negro, no hay que comprar crispetas a la entrada.

Dos. Resulta conveniente evadir las películas latinoamericanas donde salen prostitutas intelectuales, que declaman o sueltan datos enciclopédicos. Existe allí una alta posibilidad de que también aparezca una gallina caminando sobre una mesa o algún personaje haga el chiste sobre la contradicción de la inteligencia militar.

Tres. Los susurros resultan más importantes en las películas de acción que en las intimistas.

Cuatro. La cámara como protagonista equivale al lenguaje como protagonista en un libro. Juzgue usted.

Cinco. Amo profundamente las películas orientales, en especial las coreanas. Pero eso de saberse muchos directores, teniendo claro cuál es el nombre y cuál el apellido, es francamente no tener nada más que hacer.

Seis. Que la cámara se levante, en un movimiento de grúa, mientras un personaje grita adolorido al cielo es una imagen que ya solamente se puede permitir la comedia. No importa que Clint Eastwood lo haya hecho en Mystic River.

Siete. El talento de un director mucho le debe a la capacidad de rodearse de la gente adecuada.

Ocho. La posibilidad de que el cine gringo salga con una escena erótica memorable está en proporción directa con la eventualidad de que los franceses logren una de comedia.

Nueve. Si a uno le dicen que una película hay que verla leyendo su contexto, la cosa no pinta nada bien.

Diez. Vade retro a quien no le gustó Toy Story.

Publicado en la Revista EL Maslpensante N° 125 de noviembre de 2011

Las mejores películas del 2011

O las limitaciones de las listas

Por: Oswaldo Osorio


Es un placer culposo hacer listas. Lo único cierto en ellas es que hay que creerles solo en la medida en que se comparta los criterios y el gusto de quien las hace. Esta lista, además, está llena de limitaciones: películas estrenadas en 2011, ni siquiera en Colombia, sino en Medellín, donde la oferta es menor.

Es por eso que muchos de los grandes títulos del año (Melancolía, El árbol de la vida, El niño de la bicicleta, Tenemos Papa, El artista…), no fueron contemplados, ya porque nunca se estrenarán en el país o porque se verán con un año o más de retraso. Lo importante de las listas es que son un referente, sobre todo para quienes no son muy cinéfagos y agradecen que alguien les limpie un poco la oferta de tanto ripio de celuloide que siempre abunda por ahí.

1. Medianoche en París, de Woody Allen. Esta cinta es una carta de amor que el siempre genial director neoyorkino le hace a la Ciudad Luz. En ella está lo mejor de su cine: serias reflexiones sobre el arte y el amor cruzadas por el humor y la fantasía.

2. Un año más, de Mike Leigh. Hecha por un director que nunca decepciona, esta cinta habla de personas corrientes que lidian con situaciones corrientes, y aún así, resulta una significativa historia, inteligente y cargada de connotaciones.

3. Lazos de sangre, de Debra Granik. Un conmovedor relato que se adentra en un desconocido sector social de Estados Unidos, donde violencia, familia y marginalidad están presentes en cada personaje y su visión del mundo.

4. De dioses y hombres, de Xavier Beauvois. Un inspirador y reflexivo filme sobre la religión pero sin proselitismos, que habla con lucidez acerca de la naturaleza humana y de manera sosegada con su narración y sus imágenes.

5. El asesino dentro de mí, Michael Winterbottom. Descarnado e inquietante thriller que casi nos hace comprender y apreciar a un asesino. Una historia de atmósferas densas y personajes impredecibles.

6. Bright star, de Jane Campion. La historia de un amor insatisfecho y un retrato del más puro romanticismo. El esbozo a trazos gruesos de uno de los cultores de este movimiento literario, el poeta John Keats.

7. Los colores de la montaña, de Carlos César Arbeláez. Esta entrañable película habla del conflicto colombiano con sutil contundencia, sin gritos ni sensacionalismo; así como de la naturaleza de los niños, sin empalagos ni sensiblerías.

8. En un mundo mejor, de Susan Bier. Los conflictos afectivos y familiares están aquí en  primer plano tratados en toda su complejidad, mientras de fondo, el gran tema de la venganza es cuestionado y analizado de manera inteligente e impactante.

9. Así se siente el amor, de Mike Mills. Una cinta que habla de la tristeza a partir de dos historias de amor, una filial y otra romántica. Un sutil relato que juega con el contrapunto entre la emotividad de las situaciones y el adverso estado de ánimo de su protagonista.

10. Rompecabezas, de Natalia Smirnoff. Una historia de liberación que de forma mesurada e inteligente habla del universo femenino y del machismo institucionalizado por la familia y el matrimonio.

Con el cine a cuestas


Por: Oswaldo Osorio

El cine llegó a Medellín a galleras y plazas de toros en los estertores del siglo XIX. Por aquel entonces, igual que lo hizo Bruno Crespi en Macondo, un ejército de empresarios trashumantes se repartió las ciudades y pueblos del mundo para llevar el cinematógrafo, si venían de parte de los hermanos Lumière, o el proyectoscopio, si los había mandado Edison.

Claro que Macondo fue el único lugar que despreció la nueva atracción, cuando sus habitantes vieron como un engaño que un actor muerto en una película, resucitara para la cinta de la semana siguiente. Por lo demás, el cine fue acogido con fervor desde las grandes capitales del mundo hasta los más recónditos e impronunciables poblados. Y todo empezó con centenares de proyectores viajando en barco, tren o a lomo de mula. Por eso el cine comenzó siendo portátil, una atracción de feria ofrecida por nómadas de la luz y de la imagen en movimiento.

A finales de 1898 se dio la primera función de cine en Medellín. Era un proyectoscopio, traído por los señores Wilson y Gaylord, en el que se pudieron ver las acostumbradas imágenes de aquel entonces, esto es, películas entre cinco y diez minutos que todavía no contaban historias sino que mostraban la febril actividad de las grandes ciudades: trenes, transeúntes, bailes, carruajes surcando las calles, etc.

Esas primeras funciones fueron en el Teatro-Gallera, años más tarde serían el Teatro Principal y a partir de 1910 es el célebre Circo España el que empieza a tener al cine como uno de sus acostumbrados programas, los cuales intercalaba con obras de teatro, zarzuelas y corridas de toros. Dos años después, sus administradores se asocian con los hermanos Di Domenico, pioneros de la producción y la exhibición del cine en Colombia, para mantener una programación más regular y variada. El cine ya estaba en casa.

Se abren los templos del cine

Y así como ocurrió en Medellín, al mismo tiempo se dio el advenimiento y furor del cine en todo el mundo. Esos proyeccionistas nómadas esparcieron las semillas para que se crearan las primeras salas de cine. Ya para la primera década del siglo XX los llamados Nickelodeones invadían las ciudades de Estados Unidos, y con ellos el cine se convertía en la forma de entretenimiento más popular, pero también significaron el inicio del predominio del cine sedentario.

Por el soporte en el que se encuentra la obra, el cine es el arte que más condiciones exige para ser consumido. Esto se debe, en principio, a su base tecnológica, pero también a unos requerimientos necesarios a la hora de presentar una película: proyector, pantalla, sonido amplificado, butacas y sala oscura. Si bien estos requerimientos inicialmente se ajustaron a la itinerancia de un pasatiempo que apenas se daba a conocer, cuando fue más popular y rentable fueron concebidos para grandes salas y así ofrecer un mejor espectáculo.

Para los años veinte los Nickelodeones, que todavía tenían mucho de teatro de variedades, habían sido sustituidos por los grandes templos del cine, creados en función de las proyecciones cinematográficas y dotados de un gran aforo. En Bogotá ya hacía años operaba el famoso Teatro Olympia y en Medellín se construyó, en 1924, el siempre recordado con nostalgia Teatro Junín.

El primero duró 33 años y el segundo una década más. Ambos sucumbieron ante la concepción de progreso de los gobernantes de turno, al de Bogotá le pasaron por encima una calle y al de Medellín lo aplastaron con el edificio más emblemático de la ciudad. Luego de más de medio siglo como la forma predominante de exhibir películas, el fin de estos templos del cine en Colombia hace parte de una tendencia mundial, a partir de la cual empiezan a desaparecer esas grandes estructuras dotadas de cuatro mil o seis mil butacas (como el Junín y el Olympia, respectivamente). En consecuencia, para los años ochenta el panorama había cambiado casi por completo. Los cines de barrio dejaron de existir y el público empezó a ver cine en sus betamax o en pequeñas salas agrupadas en multiplex incrustados en centros comerciales.

Del Kinestoscopio al iPad

Pero la razón de ser de este recorrido por la exhibición del cine no es el lamento y la nostalgia, sino reparar en una paradójica situación que se presenta desde hace unas dos décadas y que en los últimos años ha cobrado mayor fuerza. Y es que el cine de nuevo ha empezado a ser portátil y trashumante. Otra vez la tecnología lo hace posible. El formato de video (ya en VHS o DVD) y los cada vez más pequeños y baratos proyectores de video, han devuelto el cine a la carretera y lo han sacado a las calles y plazas públicas.

Pasando agachados por el complejo –para estos casos- asunto de los derechos de autor, instituciones, cineclubes, festivales de cine y hasta pequeños empresarios como los de hace un siglo, cargan sus películas y proyectores hacia todos los rincones de las ciudades y del país. El medio centenar de muestras y festivales que hay en Colombia dan fe de ello, pero también los programas culturales y de formación de públicos llevadas a cabo por distintas entidades y hasta –muy tímidamente habría que reprochar- por los mismos entes estatales.

La gran diferencia con el cine portátil de hace cien años es que ahora todas esas funciones son gratis. El eslogan propuesto hace más de una década por el Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia de “cine bajo las estrellas”, se ha impuesto en este nuevo ciclo de películas nómadas, y el techo de estrellas no se cobra. Igualmente, el “Cine Andariego”, uno de los principales programas itinerantes de Medellín, es una bella expresión que le da nombre a esa vocación que tienen muchos para echarse el cine a cuestas y llevarlo a un público siempre ávido de ver las historias de la gran pantalla.

Esta situación llega a una coincidencia mayor con los orígenes del cine cuando es posible ver que ahora, por vía de los computadores portátiles y los iPad, que un considerable número de espectadores ven las películas en solitario, así como se prefiguró Edison que se debía ver el cine cuando creó el Kinetoscopio, el cual, a diferencia del cinematógrafo, solo podía ser visto por una persona, porque la película estaba proyectada dentro de una caja y se veía a través de una rendija. La diferencia es que el aparato de Edison era grande y solo almacenaba una película, mientras los dispositivos actuales se pueden llevar bajo el brazo y conteniendo hasta varios centenares de películas. El ciclo del consumo de cine parece que volvió al mismo punto, pero es abismalmente diferente.