Thriller no es suspenso

Este es el primero de cuatro textos, que se publicarán cada domingo, sobre Alfred Hitchcock y los temas que le son afines a su cine. Los textos son el resultado de un juicioso y apasionado  trabajo de investigación y escritura de Estefanía Herrera Agudelo, estudiante de  Audiovisuales de la Universidad de Medellín.

Por: Estefanía Herrera Agudelo


“(…) y el suspense,

como los guijarros blancos de Pulgarcito o el paseo de

Caperucita Roja, se convierte en un medio poético ya

que su fin primero es conmovernos más, hacer latir nuestro

corazón más aprisa.”

F. Truffaut (El cine según Hitchcock)

Thriller: el que emociona, el que engancha, el que hace fijar las miradas. Así, con una definición terriblemente escueta, podría explicarse la característica fundamental de éste género pero, sin duda, es importante resaltar las características que lo constituyen como género cinematográfico. El thriller es popularmente conocido bajo el nombre genérico de “suspense” (suspenso), pero es preciso aclarar que esta categorización no es la más adecuada.

El suspense, respondiendo a las denominaciones construidas por la teoría del cine y a las formas de clasificar que ésta propone, es un recurso expresivo o dramático –no un género– que puede ser utilizado como elemento principal y conductor de la estructura del thriller u otros géneros cinematográficos.

Ahora, los elementos esenciales que determinan la singularidad de este género, desde la perspectiva de Martin Rubín (2003), podrían resumirse en: la intriga, la manipulación de la información (revelación y ocultación), la oscilación de la atención del espectador, el crimen (consumado o latente) como punto fundamental de conflicto y uno o más personajes sobre los cuales recaiga algún tipo de duda.

Estas características narrativas y de tratamiento, combinadas con una estética que, en la mayoría de los films de este género, –y un ejemplo claro son las obras de Hitchcock– propone unas imágenes con cierta carga violenta que, más que fortuita, es decisiva o con información determinante para el desarrollo de los actos, sumado a unas formas de puesta en escena ciertamente sugeridas (elementos de tensión) y a un montaje sumamente expresivo, desembocan en un frenesí de emociones incalculables que, como confesaba Truffaut, jamás rayará con lo corriente (1974, p.12).

Siempre, desde una perspectiva puramente dramática, el thriller pretenderá mantener el sentimiento de estrés al máximo y generar ciertos efectos estéticos y éticos que mediante antagonismos que opriman la voluntad y deseo del protagonista despierten emociones cognitivas que, como lo estuvo una vez el querido John Robie, nos mantengan “al borde de la cornisa”.

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El video y otras expresiones artísticas

Territorio híbrido y posmoderno

Por: Oswaldo Osorio

Así como la pintura tuvo que cuestionarse con la llegada de la fotografía, el teatro con la invención del cine y la arquitectura con los nuevos materiales y las piezas prefabricadas, podría decirse que, guardadas las proporciones, la aparición del video y su utilización como forma expresiva del arte en las últimas décadas, ha supuesto una nueva mirada en las artes visuales y la introducción de una inédita forma expresiva llena de posibilidades formales y conceptuales.

Si bien desde el cine vanguardista y experimental ya se habían hecho exploraciones con la imagen en movimiento al margen de las convenciones cinematográficas, es con el advenimiento de la televisión y, poco después, del video, que estas exploraciones consiguen un importante desarrollo y son realizadas por un mayor número de artistas provenientes de distintas áreas, sobre todo gracias a las particularidades del soporte donde se da la representación de las imágenes (la pantalla de un televisor o monitor) y a las características formales propias de la producción de estas imágenes a partir de un proceso electrónico.

Este desarrollo es tal que aparecen no solo distintas formas de denominar este fenómeno artístico (además de video arte se usan los términos video de creación, video experimental, nuevos medios y artes electrónicas), sino que surge una serie de variaciones que, si bien parten de las imágenes creadas electrónicamente y del uso de monitores, adquieren las características propias de las diferentes formas artísticas o medios con los que se combina, como video instalación, video escultura, video danza, video performance, multimedia, net.art, etc.

Se trata de un nuevo y vasto panorama de las artes en el que cada una de las anteriores formas en que hay presencia videográfica es susceptible de ser definida, identificadas sus características esenciales e, incluso, catalogadas sus variantes. De todas esas posibilidades, son el video arte y la video instalación las más generalizadas y las que, a juzgar por premios y muestras, mayor prestigio tienen. Aunque es necesario hacer la salvedad de que, a diferencia de la video instalación, el video arte no solo es potestad de artistas de formación, sino que es practicado por otro tipo de profesionales (cineastas, comunicadores, publicistas, diseñadores, etc.) que prefieren usar el término de video experimental.

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Las mejores películas de 2012

Por: Oswaldo Osorio

De nuevo una lista con las salvedades de siempre: es personal y solo le sirve a quienes tengan afinidades con el criterio de quien las hace, es de las películas estrenadas en Colombia durante este año y por eso faltan algunas cintas que no alcanzaron a llegar o nunca vendrán, así como hay otras que el mundo ya las vio hace un año o más.

Más de la mitad es cine europeo, a pesar de que es lo más escaso en la pálida cartelera nacional (¡Así de deplorable está la cosa en Hollywood!), un par de independientes, una latinoamericana y una iraní completan la lista. En esta ocasión no hay cuota colombiana, lo cual es paradójico, porque es el año con mayor producción en toda la historia de nuestro cine: se estrenaron 20 películas y aunque algunos títulos alcanzaron una calidad importante (Chocó, Sofía y el terco, La sirga, La Playa D.C), tampoco hay alguna que sea especialmente significativa.

  1. 1. Le Havre, el puerto de la esperanza (Aki Kaurismakï)

El universo lacónico y poético de este director finlandés siempre está hablando de humanismo. En esta cinta, nuevamente, las imágenes perfectas, los personajes entrañables, las nostalgias de la música y un relato escueto pero contundente son la marca que define a este cineasta único.

  1. 2. El niño de la bicicleta (hermanos Dardene)

Una historia de tristeza y desamparo contada con la frescura y naturalidad de esa puesta en escena siempre espontánea que caracteriza a esta dupla de directores belgas. La vulnerabilidad de este niño, la cruel indiferencia de su padre y la calidez de la mujer que lo acoge calan hondamente en las emociones de cualquier espectador.

  1. 3. El árbol de la vida (Terrence Malick)

Tal vez sea una película pretensiosa y con delirios místicos, pero solo así fue posible lograr crear un universo y personajes con los que la audiencia se vea en la obligación de trascender sus bellas imágenes y el conflicto inmediato que propone su argumento. Porque se trata de un filme que incita a la reflexión y a reconocer en el cine un medio propicio para la revelación.

  1. 4. Looper, asesinos del futuro (Rian Johnson)

La única película de Hollywood de la lista. Cine de ciencia ficción original y bien contado, en el que las secuencias de acción y las rizadas tramas que siempre resultan en las cintas sobre viajes en el tiempo son solo el vehículo para contar una historia con unas implicaciones humanistas y hasta filosóficas.

  1. 5. Melancolía (Lars Von Trier)

Si fuera por este director danés el mundo se hubiera acabado hace tiempo. El cine de Von Trier siempre nos está retando y poniendo a prueba, siempre está queriendo sacar lo peor de sus personajes, y en este caso crea una historia extrema de tristeza y desesperanza que le sirve, como siempre, para hablar de los miedos y las miserias de la condición humana.

  1. 6. Una separación (Asghar Farhadi)

A través de una puesta en escena directa y realista esta cinta consigue dibujar la cultura iraní con muchos de sus matices, una cultura donde la cotidianidad y las relaciones sociales pasan por una ética siempre condicionada por el componente religioso. Un inédito thriller que sorprende tanto por los giros de su trama como por las implicaciones morales de todo lo que en él sucede.

  1. 7. Año bisiesto (Michael Rowe)

Un filme que se entromete en la cotidianidad e intimidad de una mujer, revelando la amargura de su soledad y las pulsiones de sexo y muerte con que quiere salvar su vida. Cine mexicano visceral y de vanguardia que propone una turbadora historia y, de paso, reflexiona sobre las relaciones en un mundo donde los referentes morales han cambiado.

  1. 8. Declaración de guerra (Valérie Donzelli)

El amor y la familia son las armas que propone esta historia para darle la batalla a la muerte. Una cinta honesta y emotiva que reivindica el amor y la vida, sin ser cursi ni sensiblera. Un relato en extremo simple pero sostenido por la intensidad del mayor conflicto que pueda existir en la vida para quienes tienen hijos.

  1. 9. Shame, extraños placeres (Steve McQueen)

Dos vidas vacías llenadas con el vacío del sexo y las perversiones. El amor no tiene cabida en un mundo superfluo y material, y las batallas se libran es contra los demonios internos. Es la historia de dos hermanos y su desorientación afectiva y emocional, la cual los conduce a un estado de angustia y desesperación que buscan ignorar a cualquier costo.

10. Skyfall (Sam Mendes)

En sus cincuenta años la saga de James Bond supo que era necesario reflexionar sobre sí misma, por eso es una película compleja e inteligente, sin dejar de lado el talante del cine de espionaje. La sofisticación del personaje y las continuas secuencias de acción en esta nueva entrega le dan su lugar a un personaje más ambiguo y elaborado, así como a una trama con mayor peso en sus implicaciones.

Amor y erotismo en el cine colombiano

Del intento de sonrisa que termina en mueca

Por: Oswaldo Osorio

Mientras una mujer se cepilla los dientes y se aplica crema en la cara frente al espejo, desde atrás la penetra un hombre. La rutina mañanera de la mujer y el diálogo entre ambos sobre temas domésticos, además de hacer del acto sexual un mero trámite mañanero, lo convierte en una acción casi grotesca. Esta descripción corresponde a la escena inicial de La gente de La Universal (Felipe Aljure, 1993), la primera película que da cuenta, de manera concreta, de un cambio de actitud del cine colombiano en la representación del amor y el erotismo, un cambio del que si bien ya se habían visto indicios en la década anterior, es a partir de este momento cuando, en la cinematografía nacional, se tuerce la senda para estos dos temas capitales del cine y el arte en general.

Al comienzo todo era inocente e idílico. Nuestro cine silente, realizado en la década del veinte, estaba definido por las historias de amor, pero un amor cándido e idealizado por el melodrama y el romanticismo de las novelas decimonónicas, como María (Jorge Isaacs) o Aura y las violetas (José María Vargas Villa). Naturalmente, era un cine sin contaminación erótica en absoluto, como correspondía para la época. Y no importa lo impolutas que fueran estas historias, casi todas eran protagonizadas por actrices italianas (que algo de pierna mostraban), porque el del cine era un oficio de dudosa reputación.

Saltando el desierto cinematográfico de los años treinta, la década siguiente, correspondiente a un retrasado inicio del cine sonoro (pues fue inventado en 1927), tuvo unas características similares: poco cine, muchos cándidos romances y nada de aquello. Así mismo, de un plumazo, se pueden despachar los dos decenios siguientes, el primero muy escaso de cine y en los sesenta nuestro cine está pensando, por primera vez en su historia,  en la realidad del país, una realidad que no daba cabida a las historias de amor, y aunque en Europa y luego en Hollywood ya se estaban entregando al “destape” producto de las revolución sexual, en Colombia todavía no estaban para esos calores.

El amor fue escaso como centro de los relatos en los setentas y tan solo algunos atisbos de escotes y carne, muy poco de esto tratado con el énfasis del erotismo. Habría que esperar a la década siguiente para que se contaran más historias de amor y se diera el verdadero destape en el cine nacional. Gustavo Nieto Roa, además de sus populares comedias, también contó algunos romances de cine. Ya había empezado con una nueva versión de Aura o las violetas (1974) y también dirige, entre otras, Tiempo apara amar (1981), con Claudia  de Colombia haciendo de una monja que se enamora y renuncia a su vocación.

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Posicionamiento del cine colombiano en redes sociales

Por: Mateo Sepúlveda Gómez

Con el boom de las redes sociales, se hace casi imposible hablar de un largometraje sin campaña en redes sociales. Aunque en Colombia se ven casos sorprendentes de largos sin posicionamiento en redes, la mayoría sí hace uso de ellas, por lo menos de las más tradicionales Facebook, Tuenti, Twitter y Youtube. Son casos aislados quienes hacen uso de otras redes sociales como Flickr, Myspace, Tumblr o Google+, quizás porque no son muy populares en nuestro país, o quizás no son populares porque empresas e industrias culturales no las han aprovechado para compartir contenido.

Facebook es la red social más popular en nuestro país con más de 15 millones de usuarios registrados, y por eso no es de extrañar que sea Facebook la red social más utilizada por los largometrajes para promocionarse, por eso será el centro de nuestro análisis, y porque, después del sitio Web, es quizás la herramienta más importante de promoción en Internet.

Comenzaré por explicar en general cómo es el trabajo en redes sociales de la mayoría de producciones de Hollywood. El trabajo de posicionamiento en redes es muy amplio y comienza en los medios convencionales, donde se invita al usuario a remitirse al sito Web y a las redes sociales por más información, también desde la Fan page de la compañía productora, del director, de los protagonistas y todas las personas involucradas se emite contenido que remite al Fan page y sitio Web de la película.

Estas películas pagan los Facebook ads,  que es publicidad personalizada, es decir, dirigida a ciertos usuarios que, teniendo en cuenta sus actividades, podrían tener cierto interés en la película. No se usan estrategias independientes en cada red social, todas son integradoras, constantemente el contenido generado hace ir de una red social a otra, siendo siempre la pagina Web el centro de todo.

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El cine de acción

Colección de héroes para cerrar un ciclo

Por: Oswaldo Osorio


Con la película Los indestructibles 2 (Simon West) podría decirse que se cierra el primer gran ciclo del cine de acción. Este fue el último género cinematográfico de importancia en constituirse y esta película y su primera parte hacen como una suerte de recapitulación y síntesis de lo recorrido hasta ahora, además de tener el carácter de crepuscular, tanto por la edad de sus héroes como por el mismo sentido que se les da en la trama, el cual es sugerido por su título original: The  Expendables (los prescindibles).

Hace tres décadas el cine de acción no era un género cinematográfico, sino que, lo que el suspenso es para el thriller, la acción era para los westerns, las películas de aventuras o de ciencia ficción, es decir, un componente más. Pero después del éxito de tres películas y sus respectivas sagas (Terminador, Rambo y Duro de matar), el esquema se definió, se consolidó y no han parado de aplicarlo incontables cintas desde entonces. Nótese, además, que sus tres protagonistas son los héroes de acción que se constituyeron en el modelo para el género: Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y Bruce Willis.

Esas características y elementos que se establecieron y convirtieron a la acción en género cinematográfico empiezan por el protagonista, quien es un hombre fuerte, inteligente, suficiente, intrépido, políticamente correcto y patriótico. Así mismo, cuando lo protagoniza una mujer tiene las características del hombre (Lara Croft, Residen Evil). Además, muchas películas complementan este héroe con un personaje jocoso que le hace contrapunto a su seriedad y a la gravedad de sus acciones.

Pero sobre todo, lo que determina a este género es que la acción (explosiones, tiroteos, peleas, persecuciones,  grandes efectos, etc.) ya no es un medio sino un fin, es decir, la acción se convierte en la razón de ser del filme y generalmente subordina el argumento, las ideas y la construcción de los personajes. Por eso estas películas siempre empiezan con una gran secuencia de acción, luego se detiene un momento para explicar unas cuantas cosas de la trama y volver rápidamente a otra secuencia de acción, y así sucesivamente.

De ahí que la mayoría de las tramas del género sean más bien simples. Para eso busca un enemigo arquetípico y común a toda una nación (léase Estados Unidos), que varía con los tiempos: comunistas, narcotraficantes, terroristas, etc. Por último, en sus historias termina prevaleciendo el bien, o al menos el orden erstablecido, y acaban casi siempre con un final feliz.

De manera que Los indestructibles (1 y 2), con su colección de héroes, la mayoría de ellos protagonistas del nacimiento del género en la década del ochenta, se presenta como un resumen de estos personajes y de las dinámicas (por no decir clichés) propias de este tipo de cine. Por eso es una película después de la cual, y desde hace ya algunos años, es imperativa la renovación del género.

El problema es que las limitaciones de sus componentes hace difícil pensar qué otra combinación se puede hacer con el esquema “pata-puño-persecusión-exploción”. Y en ese sentido, la única salida posible es que la acción vuelva a su origen, es decir, a que no sea una finalidad de la película misma sino un componente de ella.

Esto en cierta medida se presenta desde hace algún tiempo por vía de la mezcla de géneros, donde un thriller como Contracara o cintas de ciencia ficción como la saga de Matrix, por ejemplo, centran la esencia de su propuesta en lo que define a estos género y la acción solo es un componente, aunque imprescindible, complementario.

Las nuevas búsquedas del cine Colombiano

Por: Sara Chavarriaga Restrepo.

En Colombia no existe cosa tal como una industria del cine, de cualquier forma, no podemos desconocer que en nuestro país se han hecho grandes producciones que han sido reconocidas tanto también en el exterior y que perfectamente desde su contenido y su forma, pueden estar a la altura del cine de Hollywood. Pero en general, como en la historia de nuestra cinematografía no ha predominado la cantidad (por ende tampoco la calidad) nuestro cine no se ha arriesgado demasiado.

No quiero decir que no lo haya hecho, porque si fuera así este ensayo no tendría sentido alguno. El cine Colombiano ha explorado otras formas de contar las historias, en ocasiones éstas han resultado ser un éxito en taquilla, pero en otras ocasiones han representado pérdidas para quienes están detrás de éstas películas ¿Son en vano estas nuevas búsquedas porque los Colombianos no las están viendo?

Para hablar sobre esto, es necesario referirse al cine reciente en el que se encuentran dos películas que le apostaban a algo nuevo. Hay que empezar por Pequeñas voces (Oscar Andrade y Jairo Carrillo, 2011), la primera película de animación y pensada en sistema 3D hecha en nuestro país. Pero quizás no es solo la animación y el 3D lo que clasifica a esta película dentro de las que han hecho nuevas búsquedas, sino también la perspectiva desde la que se contó: la perspectiva de los niños, una perspectiva que, por supuesto, ya habíamos visto en Los colores de la montaña, aunque la gran diferencia es que Pequeñas voces se hizo con los dibujos de los mismos niños y sus propias voces contando la historia.

Esta película es un testimonio del conflicto del país, y en parte es interesante porque se encarga de mostrar ese estado “inalterado” de la gente del campo: la tranquilidad en que viven cosechando sus tierras y viendo crecer a sus hijos, y luego el conflicto armado que llega a irrumpir todo estado de paz y tranquilidad.

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Tetralogía Bourne

O la reinvención del cine de espías

Por: Oswaldo Osorio


Tras medio siglo y veintitrés de películas de James Bond, se definió un modelo en el cine de espionaje difícil de cambiar, menos aún de superar. Pero cuando se estrena en 2002 Identidad desconocida (Bourne Identity), con el chico bueno de Matt Damon como protagonista, solo parecía un thriller como cualquier otro. No obstante, resultó una refrescante película de espías, con una casi inédita forma de concebir la acción, los espacios en que se desarrolla y su personajes.

La saga está basada en la serie de best sellers escrita por Robert Ludlum. La trilogía original fue escrita durante la década del ochenta, pero su autor muere un año antes de ser estrenada la primera entrega y, luego del éxito de ésta, la serie de libros fue continuada por Eric Van Lustbader (!), de la cual ya ha escrito siete textos.

Sus adaptaciones al cine reinventan de cierta forma el cine de espionaje, al menos en dos sentidos muy importantes. De un lado, despoja al género del glamur y la sofisticación que le eran inherentes a causa del modelo impuesto por James Bond. En este caso, ni el espía es un galán seductor, ni hay despampanantes chicas y tampoco los medios del agente en cuestión dependen tanto de esos ingeniosos artefactos Bond que muchas veces rayaban con la ciencia ficción. Jason Bourne, en cambio, es un atormentado y solitario soldado y espía que casi siempre tiene apenas sus puños como arma.

Así mismo ocurre con los espacios en los que se mueve, pues en lugar de las mansiones, las islas exóticas y los lujosos hoteles, por lo general libra sus batallas en sitios marginales, bajos fondos y el caos de las ciudades. Por eso, esta saga tira un cable a tierra al cine de espías y le confiere un realismo que casi nunca ha tenido. Esto ocurrió especialmente con La supremacía Bourne (2004) y Bourne Ultimatum (2007), pues fueron dirigidas por Paul Greengrass, un director con cierto interés y habilidad para dar cuenta de películas con temas políticos y tratados de forma realista, como Domingo sangriento (2002) o Vuelo 93 (2006).

De otro lado, en esta saga se intensifica el conflicto de espionaje al pasar de un enemigo extranjero (ya comunistas, narcos o terroristas como en Bond), más fácil de identificar y despreciar, a enemigos internos que están en el propio gobierno, el cual tiene unas agencias con tantos secretos como un país de la ex cortina de hierro.

Y si en esta saga la renovación e intensidad van por cuenta de la puesta en escena realista, la vertiginosidad de las secuencias de acción (acusada por una constante cámara al hombro) y el ambiguo enemigo interno, la frutilla del postre la pone el conflicto interno del personaje, que está definido por su estado de confusión en cuanto a su identidad, incluso a sus emociones, a casusa de ser un producto diseñado y manipulado por el gobierno, a la manera de los assassins persas de hace un milenio, quienes eran convertidos, tanto por la adicción al hachís como por su entrenamiento, en máquinas de matar al servicio del Estado.

La última entrega, El legado Bourne (2012), es más de lo mismo, eso en el buen sentido del término. Apenas si se nota la ausencia de Matt Damon y Paul Greengrass, incluso el cambio de autor en la novela que la inspira, porque se mantiene la esencia, esto es, una cinta con todos los elementos básicos de un thriller de espionaje, pero con ese espíritu propio de la saga: visceral y primaria (por el realismo y la trepidante acción) y al mismo tiempo inquietante y elaborada en sus ideas (por el conflicto del personaje y la naturaleza del enemigo).

Personalidad cinematográfica de los que no ven cine colombiano

Por: Daniela López Molina

El perfil cinematográfico de los colombianos es, a grandes rasgos, un perfil que muestra la atracción por las historias de vidas ajenas. Estamos dispuestos a esperar que nos cuenten esas historias y se nos llena de saliva la boca para empezar a opinar y a decir exactamente qué es lo que hay que hacer, pero no estamos dispuestos a pagar por las historias.

Somos violentos, queremos vengar, que se haga una justicia a la violencia más violenta que la misma violencia. Somos sensacionalistas, hacemos de las pequeñas noticias las más largas y entretenidas (pero no por eso buenas) novelas de la televisión. Somos amarillistas, nos encanta mirar la vida ajena, juzgar personajes de la vida real sin reconocernos en ellos, pero tenemos énfasis en el voyerismo.

Realmente nos gustan las historias y nos gustan las historias colombianas, nos gustan las historias cercanas a nosotros. Cuando sabemos que nos van a contar la historia de alguien, de una parte de la vida de alguien, esperamos para saber qué será, nos gusta participar en ellas, adelantarnos a los hechos, opinar mientras suceden y hablar de ellas después de que se completan. Funcionamos con la vida cotidiana y sus historias igual que la ruta que llevamos con cualquier película, desde esperarla a partir de su promoción hasta hablar de ella luego de que terminan.

Pero ¿Por qué escuchar, por qué ver aquello que tememos que nos pase? Los colombianos no quieren historias que los dejen con pesadez mental, algunas son vistas por su promoción como Los colores de la montaña (Carlos César Arbelaez, 2011), una película en la que, a medida que la ves, te está dando miedo, te estás preocupando por saber que realmente estás viviendo eso, que a medida que la ves hay personas cercanas que están viviendo esas situaciones.

Una experiencia totalmente diferente es ver Alien vs Depredador (Paul W.S. Anderson), porque absolutamente nadie tiene cercanía con esa situación agobiante y de horror. No sólo es el miedo de ver películas que se tratan de las fuerzas armadas al margen de la ley. Pocas mujeres colombianas quieren ver películas de abusadores sexuales, pocas personas de la ciudad quieren ver películas sobre delincuencia común, que es la que se gana nuestras quincenas, nuestro salario mínimo. No queremos gastar lo que no nos robaron de nuestro salario mínimo en boletería y confitería para ver películas de los que nos robaron.

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Kinestoscopio 98

La revista para los que aman el cine…


Ya está circulando la edición 98 de la única revista especializada en cine del país. Este número viene encabezado por un particular dossier que da cuenta de aquellos que están a la sombra de los grandes realizadores haciendo una labor muy específica, pero sin quienes su trabajo no sería el mismo: Tim Burton y su músico de cabecera, Tarantino y su montajista, Woody Allen y sus productores, etc.
Igualmente Hay una crítica de la película colombiana próxima a estrenarse Sofía y el terco, así como una entrevista a su director, Andrés Burgos.
También reseñas de cuatro festivales de cine y tres importantes documentales. En la sección de crítica están comentadas películas como La chica del dragón tatuado, El artista, La invención de Hugo, Drive,  Melancolía, entre otras.
La revista finaliza con sus habituales secciones: Filmes invisibles, la serie B (dedicada al Grindhouse cinema), Sueño eterno (Ángeles con cara sucias) y la aparición de una nueva dedicada a los Nuevos medios, que inicia con una artículo que hace una ABC de la apreciación del video arte y el video  experimental.