El cine colombiano del Siglo XXI

Dos décadas del mejor cine

Oswaldo Osorio

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Tal vez solo una hecatombe volvería matar al cine colombiano. Esa historia intermitente, cruzada por nacimientos y muertes, parece haber llegado a su fin. Por eso, en lo que va de este siglo y en delante, de lo que se trata es de lidiar con su vitalidad, la cual le fue insuflada por una serie de afortunados factores, entre los que se destaca una favorable y bien ejecutada legislación, pero también la formación de los cineastas y del público, así como una mayor visibilidad en el exterior, un dinamismo de la industria en sus diferentes componentes y una inevitable diversidad en sus temas y propuestas.

Luego de un periodo de sequía durante la década del noventa, cuando no se alcanzó a estrenar ni siquiera una veintena de películas, termina esa transitoria orfandad del interés y apoyo estatal. Se crea la Dirección de Cinematografía y Proimágenes en Movimiento, las entidades que sacarían adelante la Ley de Cine, la cual entraría en vigencia en 2004. Pero ya a principios de ese decenio se empezaba a conjurar la escasez, cuando unos primeros estímulos contribuyen a desatrancar una serie de proyectos pendientes que inauguran esta nueva y prometedora etapa del cine nacional, por lo que para antes de la Ley de Cine ya se había superado el número de estrenos de la década anterior, con significativas películas como Soplo de Vida (Luis Ospina, 2000), Diástole y Sístole (Harold Trompetero, 2000), Terminal (Jorge Echeverri, 2001), Los Niños Invisibles (Lisandro Duque, 2001), Bolívar soy yo (Jorge Alí Triana, 2002) y La primera noche (Luis Alberto Restrepo, 2003).

El testimonio de este pistoletazo inicial es recibido con brío por las primeras películas apoyadas por la ley de cine. Gracias a ella, principalmente, en el país se ha pasado a producir de ninguna o unas cuantas películas por año a casi medio centenar, y es una cifra que va en progresivo aumento. Con esto es posible decir que cantidad implica calidad, tanto por ley de probabilidades como por el oficio ganado por la gente del cine como consecuencia de la dinamización del medio. Así que, necesariamente, de esas 250 películas que, aproximadamente, se han estrenado en el país en estas dos décadas, muchas de ellas alcanzan un buen nivel o son cinematográficamente muy relevantes. Y aunque solo fuera un tercio de esa cifra, ya eso son decenas de títulos de buen cine colombiano.

Las grandes narrativas

El reconocimiento de la gran heterogeneidad que tiene el cine nacional en sus temas y narrativas suele ser castigado por su desconocimiento por parte del grueso del público. De ahí surge el equívoco de mantenerlo encasillado en asuntos relacionados con la violencia, el conflicto y el narcotráfico. Este imaginario también se da por la arbitraria asociación con los contenidos de la televisión. Pero lo cierto es que, si bien en estos temas radica la más importante narrativa del cine nacional, lo es no por la cantidad de títulos dedicados a ella, que llegan apenas al veinte por ciento en este periodo, sino más bien porque sus personajes, historias y universos son los que suscitan en los cineastas una mayor contundencia expresiva y capacidad reflexiva, resultando películas más sólidas y de mayor calidad. Eso se puede ver claramente en filmes como Sumas y restas (Víctor Gaviria, 2005), Perro come perro (Carlos Moreno, 2008), Retratos en un mar de mentiras (Carlos Gaviria, 2010), Los colores de la montaña (Carlos César Arbeláez, 2011), Jardín de amapolas (Juan Carlos Melo, 2014), Alias María (José Luis Rugeles, 2015), Oscuro animal (Felipe Guerrero, 2016), Matar a Jesús (Laura Mora, 2018) o Monos (Alejandro Landes, 2019), por solo mencionar algunas.

Así mismo (y conociendo las contradicciones de este país no resulta tan paradójico), la otra gran narrativa del cine nacional es la comedia populista, esa que apela a los actores y formatos televisivos y a un humor ligero y usualmente chambón, definido por los diálogos repentistas y la explotación de estereotipos, pero casi nunca por la comedia visual o de situaciones elaboradas. Así que, aplicando la misma lógica del benjumeismo de los años ochenta, empieza Dago García estrenando una película cada diciembre durante la primera década del siglo, pero para el decenio siguiente, el modelo es copiado (y la mitad de las veces para empobrecerlo) por otros productores y directores, al punto que en los últimos años más o menos una cuarta parte de los estrenos anuales pertenece a ese tipo de comedia, esto es casi un treinta por ciento de la producción todo de este periodo. Es un cine de consumo, cine de usar y tirar en su mayoría, pero son películas que animan la taquilla y la producción, y por eso mismo, muy necesarias para la industria nacional.

De manera que entre estas dos grandes narrativas está casi la mitad de la producción nacional, pero todavía quedan unos ciento veinte títulos que son los que más abren el rango de diversidad, tanto temática como estéticamente. Hay un buen porcentaje de cine de género, algunos de horror, incluso de acción, pero especialmente thrillers, la mayoría muy desconocidos por el público, pero entre los cuales hay propuestas afortunadas, como Satanás (Andrés Baiz, 2007), 180 segundos (Alexander Giraldo, 2012), Los perros (Harold Trompetero, 2017) o Los fierros (Pablo González, 2019).

Pero la mayor heterogeneidad viene de lo que muy ampliamente podría definirse como cine de autor, sobre todo realizado por cineastas que debutaron en este siglo y que ya se han consolidado como tales gracias a que en ellos se destacan miradas personales que empiezan a definir un estilo o un universo, así como el honesto compromiso con el tratamiento de sus temas, algunas audacias formales y, en unos cuantos casos, el riesgo narrativo y dramatúrgico. El futuro del mejor cine colombiano, por tanto, está en nombres como Franco Lolli, Libia Stella Gómez, Spiros Stathoulopoulos, Óscar Ruiz Navia, Ciro Guerra, Jorge Navas, Laura Mora, Alexander Giraldo, Andy Baiz, José Luis Rugeles, Rubén Mendoza, Carlos César Arbeláez, Carlos Moreno, William Vega, Jaime Osorio Márquez, Andrés Burgos, Carlos Osuna, Juan Andrés Arango y Johnny Hendrix Hinestroza, eso por solo mencionar los que al menos han dirigido dos películas.

El corto y el documental

Y esto es apenas hablando de los largometrajes de ficción, porque esa vitalidad del cine colombiano de los últimos veinte años también se debe medir con la producción documental y de cortometrajes, dos líneas que renacen con fuerza en esta etapa y que contienen una riqueza en sus temas e innovadoras propuestas incluso mayor que lo que se ve en los largos de ficción. El corto es un universo en sí mismo que requeriría un texto de igual extensión que este para dar cuenta de él. Como indicio, solo habría que decir que a la convocatoria anual de un festival como Bogoshorts o a una muestra como Caleidoscopio pueden llegar entre 200 y 300 obras.

En cuanto al documental, lo más significativo es que está llegando a salas y que tiene un público interesado y cualificado. Casi el veinte por ciento de los estrenos del periodo en cuestión son de este tipo de cine, lo cual lo convierte en la tercera gran narrativa de la producción nacional, aunque hay que aclarar que los documentales producidos pueden triplicar a los estrenados en salas, solo que deben ser vistos en otros circuitos de exhibición, como festivales, televisión o en línea. Los buenos títulos son muchos, solo hay que mencionar unos cuantos para dar fe de ello: Del palenque de San Basilio (Erwin Gogel, 2004), Pequeñas voces (Jairo Carrillo y Óscar Andrade, 2011), Apaporis (Antonio Dorado, 2012), Infierno o paraíso (Germán Piffano, 2014), Un asunto de tierras (Patricia Ayala, 2015), Todo comenzó por el fin (Luis Ospina, 2016), Noche herida (Nicolás Rincón Guille, 2017), Smiling Lombana (Daniela Abad, 2019), Homo botanicus (Guillermo Quintero, 2019).

Aunque las bonanzas suelen venir acompañadas de sus propios males, el principal en este caso es el cuello de botella que se presenta en la exhibición ante tanta producción nacional. Y a pesar de que existe un público cada vez más formado y con buena disposición para el cine colombiano, hay momentos con hasta cuatro películas en cartelera y que solo estarán exhibidas una semana. Por eso, si bien está yendo más gente al cine (73 millones en 2019), la asistencia a las películas colombianas si acaso supera el dos por ciento, y esto con las naturales diferencias del mercado, donde una comedia puede llegar al millón y medio de espectadores, mientras que un filme de autor apenas si alcanza unos cuantos miles o, los más afortunados, decenas de miles.

Pero a pesar de todo lo que implica este crucial asunto,  lo vital y prometedor del cine nacional también se refleja en muchos otros aspectos que han sido logros de estos últimos veinte años, como la proyección internacional de autores y películas, sobre todo por vía de premios y participación en festivales de prestigio; el fortalecimiento de la investigación y la formación académica, que opera como causa y consecuencia del actual dinamismo; la Ley de Filmación Colombia (2012), que ha permitido rodar decenas de películas extranjeras en el país y, de paso, profesionalizar aún más al gremio; y la existencia de más de un centenar de muestras y festivales de cine, los cuales contribuyen enormemente a la difusión de las películas, la formación de públicos y estimulan la creación.

Estos veinte años son, sin duda, los mejores de la historia del cine colombiano. Y aunque, de entrada, el balance empieza definiéndose por las cifras, lo fundamental es que esta cinematografía, sin ser una industria como tal, definitivamente es una fuerza expresiva, identitaria y significativa socialmente que resulta esencial en un país tan diverso, conflictivo y muy necesitado de pensarse y crear memoria. Y para eso, nada mejor que el cine.

Publicado en la Revista Cinemateca en diciembre de 2020.

10 películas recomendadas de 2019

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Oswaldo Osorio

Este es un listado limitado a las películas estrenadas en el país, para proponer un repaso de la cartelera, un diálogo para quienes las hayan visto o unas sugerencias para quienes no.

Dolor y gloria, de Almodóvar

El director español vuelve a mostrar su talento y corazón de la mano de una película autobiográfica, en la cual recapitula algunos momentos, sensaciones y personajes de su vida para crear un relato sólido, emotivo y lleno de guiños para quienes conocen su vida y obra.

Historia de un matrimonio, de Noah Baumbach

Una historia de desamor potente y descorazonadora que, además de los consabidos elementos emocionales y afectivos, incorpora en su sólido guion aspectos como la familia, la paternidad, el calvario de los divorcios y las decisiones profesionales frente a la vida personal.

Doble vida, de Oliver Assayas

El conocido drama de enredos sentimentales y conyugales del cine francés, pero esta vez potenciado por un tema siempre presente en los diálogos y en una trama cargada de ingenio, humor e intelectualidad: la incertidumbre por el futuro de la literatura en la era digital.

La casa de Jack, de Lars Von Trier

La película de dos sádicos, el protagonista y su director. Juntos hacen una obra violenta y casi obscena, por un lado, pero reflexiva, inteligente y atractiva, por el otro. Una historia con vocación provocadora y construida con el peso de grandes ideas y referentes.

Beautiful boy, siempre serás mi hijo, de Felix Van Groeningen

Un drama reflexivo e intimista sobre la consternación de un padre por la drogadicción de su hijo. Un relato que trata de abordar el tema desde diversos ángulos, pero donde destaca el amor y la comprensión, aunque sin caer nunca en sentimentalismos complacientes.

El irlandés, de Martin Scorsese

Es la obra que culmina la carrera de Scorsese (también de Robert de Niro y Joe Pesci) en relación con el tema de la mafia y con su trabajo en conjunto, una película enorme y madura en muchos sentidos, que incluso propone un nuevo paradigma sobre el género.

El silencio del río, de Carlos Tribiño Mamby

La historia de un campesino cercado por la violencia y la de un niño que se obsesiona por uno de esos cuerpos inertes que bajan por los ríos de Colombia, son el relato en paralelo que propone este filme, el cual no hace concesiones a narrativas o moralejas explícitas y obvias.

La casa lobo, de Cristobal León y Joaquín Cociña

Una niña que huye de una secta termina conviviendo con dos cerdos en una cabaña, pero tanto los animales como ese espacio se van transformando de forma sorprendente por medio de una animación llena de creatividad, expresividad y emociones hechas imágenes.

Dogman, de Matteo Garrone

Vuelve este director italiano con una historia de violencia. Esta vez sobre un peluquero de perros y su amistad con un hombre violento y abusador. De esa combinación resulta un relato de tono ambiguo y desgarrador, una tragedia sucia y marginal que difícilmente se olvidará.

Un asunto de familia, de Hirokazu Koreeda

El mejor director japonés del momento regresa con una historia que de nuevo pone a la familia en el centro de su reflexión, aunque esta vez una familia diferente que crea un drama insólito y conmovedor, pero con toda la sensibilidad y sutileza que lo ha caracterizado.

Video clips recomendados de 2018

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Por: Oswaldo Osorio 

  1. Til It’s Over – Anderson .Paak / HomePod — Welcome Home by Spike Jonze — Apple

Es un comercial de Apple, cierto. Pero los video clips, en esencia, son eso, comerciales, de una canción y su intérprete. También puede verse como un video clip que hizo uno de los más importantes autores de este género, Spike Jonze, con la música de Anderson .Paak para ser usado como el anuncio publicitario que le encargó esta marca. El caso es que se trata de una bella e ingeniosa pieza, ejecutada con gran inventiva visual y soltura interpretativa por parte de la cantante inglesa FKA twigs. Aquí el espacio se estira o se pliega obedeciendo a esa soltura del cuerpo, mientras el movimiento de la materia y los objetos deja iridiscentes huellas en ese espacio trastocado. El video transporta a su agotada protagonista a una dimensión donde es posible descansar bailando, expandir el universo doméstico y encontrar la compañía de su doble. Es plasticidad pura, hecha por grandes artistas… para vender un electrodoméstico! Continuar leyendo

Películas recomendadas de 2018

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Oswaldo Osorio

El intenso ahora, de João Moreira Salles

Un documental monumental en el uso de imágenes de archivo. Una mirada lúcida y crítica a Mayo del 68 y a las imágenes que dan testimonio de un sueño revolucionario en cuatro distintas partes del mundo. Una película reveladora en términos históricos, ideológicos, narrativos y hasta en el análisis e interpretación de la imagen. Continuar leyendo

El cine de Medellín y la violencia

Matar a Jesús, al Zarco, a Rosario, al Animal…

Oswaldo Osorio

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En el cine de Medellín siempre ha estado presente la violencia. Incluso en la inocencia y prosperidad de los años veinte, la película que inaugura esta cinematografía local, Bajo el cielo antioqueño (Gonzalo Acevedo, 1925), tiene un asesinato como parte esencial de la trama. Y después de Rodrigo D (Víctor Gaviria, 1990), la violencia ha sido el centro de prácticamente todas las producciones paisas, por lo que es el elemento que más define su cine, como también el aspecto que mejor ha posibilitado obras reflexivas y comprometidas con entender y explicar esta ciudad.  Continuar leyendo

Monty Python

Los fabricantes del chiste más gracioso del mundo

Oswaldo Osorio

La revista de cine Kinetoscopio, en su edición 120, dedicó su dossier a hacer un recorrido por los principales representantes de la historia de la comedia en el cine. Chaplin, Keaton, los hermanos Marx, Tati, Woody Allen y otros más hacen parte de este divertido grupo que define el humor en el cine por sus autores y comediantes. Este perfil de los Monty Python hace parte de este compendio.

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El chiste más famoso del mundo nunca fue contado. Y es famoso porque es el más gracioso y porque lo fabricaron -sin fabricarlo- los Monty Python. El chiste siempre está en fuera de campo para los espectadores (tal vez no se podía correr el riesgo) y es usado como arma de guerra de los Aliados contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. En lugar de fusiles, los soldados avanzaban con el chiste traducido al alemán y lo gritaban en el campo de batalla, fulminando sistemáticamente de risa a los teutones, eso a pesar de su afamada falta de sentido del humor. Continuar leyendo

Tres versiones de Churchill

El hombre que un país necesitaba

Oswaldo Osorio

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Con mucha frecuencia la industria del cine coincide haciendo la misma película simultáneamente, ocurrió con Relaciones peligrosas y Valmont, con Impacto profundo y Armageddon, con los dos biopics de Yves Saint Laurent y con tantas otras. En 2017 el turno fue para el personaje de Wiston Churchill, de quien se hicieron La hora más oscura, de Joe Wright, Churchill, de Jonathan Teplitzky, y tuvo un gran protagonismo en la serie The Crown, de Netflix.

Son tres versiones del mismo personaje, con equivalente calidad, que terminan siendo complementarias. La gran diferencia radica en el momento de su vida que cada versión desarrolla. Mientras La hora más oscura habla de sus primeros días y consolidación triunfal como primer ministro del Reino Unido, Churchill también da cuenta de un corto lapso, cuando los Aliados se preparan para la invasión a Normandía y el poder de decisión del estadista se encuentra en declive, mientras que The Crown recrea sus últimos años en el gobierno.

Las tres lo miran casi de idéntica forma, como si hubieran revisado las mismas fuentes y coincidido en igual visión e interpretación de este histórico hombre, esto es, su tozudez y determinación en asuntos de Estado, sus momentos de desorientación y casi senilidad en su entorno cotidiano (a veces en el trabajo) y ese temple de líder inspirador que termina despuntando en los momentos más críticos. Incluso las interpretaciones, hechas por tres buenos actores (Gary Oldman, Brian Cox y John Lithgow), son también muy parecidas, aunque la de Oldman, como siempre, se pasa de manierista, y son esos excesos (y seguro el maquillaje) lo que le está dando todos esos premios.

También hay un manierismo en la concepción visual de La hora más oscura, frente al estilo más preciosista y clásico de Churchill y The Crown. Seguramente tiene que ver con la idea a la que hace referencia el título, pues fueron los días en que el mundo estaba acorralado por los nazis, pero por momentos ese expresionismo extremo, donde muchas veces todo está iluminado solo por un fuerte chorro de luz y la imagen está casi en blanco y negro, se hace más efectista y postizo que eficaz y legible. Fue una audaz decisión estética que pondrá a prueba el gusto del espectador.

Este caso es una muestra de cómo la industria del cine (de la que ya hacen parte las series de Netflix y otros canales de televisión) se repite y copia a sí misma, apenas con ligeras variaciones. Y son los detalles los que terminan haciendo la diferencia: La presencia de la esposa, por ejemplo, es más una figurante en La hora más oscura, mientras que resulta un personaje decisivo en Churchill y ayuda a construir mejor al protagonista. O el contraste en La hora más oscura entre su lóbrega concepción visual y la torpeza y complacencia de escenas como la del metro. También está el inteligente recurso del retrato que un pintor hace del estadista, para dar cuenta de la complejidad de este hombre, que utilizan en The Crown.

Tres versiones con sus más y sus menos sobre una figura histórica que merecía estas miradas, para las cuales puede resultar más enriquecedor el ejercicio de complementarlas y hacerse una sola visión del personaje y su tiempo que compararlas de forma excluyente.

15 Video clips recomendados de 2017

Necesariamente la industria musical estadounidense acapara la calidad y cantidad de los videos que se encuentran en línea. Habría que escarbar mucho en la red para encontrar muchos más buenos videos de otras latitudes. Para este año se siguen destacando el compromiso de artistas como Kendrick Lamar y St. Vincent por hacer, no uno, sino varios videos sobresalientes. El hip hop sigue aportando muchas de las ideas originales y potentes de esta expresión audiovisual, así como se pueden encontrar tendencias recurrentes en su creación, como los videos que apelan a una narrativa o estética de programa televisivo o los que aprovechan las posibilidades formales y discursivas de la interactividad, las redes sociales y los nuevos medios.

Oswaldo Osorio

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  1. Naive New Beaters – Words Hurt

Aunque la interactividad no es nada nuevo en los videos musicales, la forma como esta pieza capitaliza un relato con grandes valores de producción, además de las muchas ramificaciones en su argumento y las reflexiones que de fondo se pueden hacer de ellas, la convierten en una obra sólida, compleja y muy entretenida.

  1. Kendrick Lamar – Humble

De nuevo este rapero con sus imágenes potentes, llenas de poesía visual y cargadas de furia, irreverencia y simbolismo. No apela mucho a los efectos, solo se vale del ingenio y la creatividad para construir situaciones y escenarios que refuerzan y comentan sus cuestionadoras letras.

  1. St. Vincent – New York

Más que este video, se pueden mencionar todos los de esta artista creados con esa estética tan distintiva, en la que sobresalen los colores intensos y planos, acompañados por un diseño de arte que busca armonías y contrastes pictóricos, así como un protagonismo de los objetos. Un raro pero llamativo estilo a mitad de camino entre el minimalismo y el kitsch.

  1. The Academic – Bear Claws

Un ingenioso y original video que aprovecha el retraso de la transmisión en vivo de Facebook para construir un relato visual y musical definido por acumulación de pistas, tempos y colores. Parece solo un juego o un oportunismo tecnológico, pero realmente es una complicada e inteligente construcción audiovisual.

  1. Mike Will Made-It – Perfect Pint

Encajado dentro de un esquema muy conocido en el video clip (interpretar la canción viajando por una carretera -aunque también inspirado en el inicio de Miedo y asco en Las Vegas), el valor agregado de este trabajo es los numerosos relatos y apuntes visuales, simbólicos y fantásticos que, por gracia de los efectos especiales, van apareciendo a lo largo del recorrido. Todo un festín de creatividad, imaginación, onirismo y referencias a la cultura popular.

  1. Leningrad – Kolchik

Otro esquema muy recurrente, mostrar la acción en reversa. La diferencia con este video tiene que ver con sus altos valores de producción y los impresionantes efectos visuales. Varias subtramas se entrecruzan en una lógica de efecto causa y potenciado por la cámara lenta. Todo un deleite visual y narrativo apreciar detenidamente los detalles, personajes y acciones de este video.

  1. ZHU, Nero – Dreams

No solo son cuerpos desnudos, son miles de ellos como una gran masa, a veces danzante y otras inerte. Cuerpos que se amontonan, giran, levitan, chocan y explotan en una impactante esfera surreal, tan grotesca como fascinante.

  1. Grimes ft. Janelle Monáe – Venus Fly

Diseño de vestuario cargado de fantasía, color y concepto, además de efectos visuales y cámara lenta. Estos son los elementos con los que este video consigue una llamativa y contundente estética, en buena medida muy novedosa. Un trabajo cuidado y con pretensiones de gran producción, tanto que los créditos apenas si duran poco menos que el video mismo.

  1. Young Thug – Wyclef Jean

Lo que en principio parece solo una irónica e ingeniosa solución ante el problema de un cantante incumplido, a la larga termina siendo un auto reflexivo recorrido por los distintos procedimientos, tendencias y componentes de la elaboración de video clips de hip hop. Puro metalenguaje, gesto posmoderno y creativo cinismo.

  1. Bonobo – No Reason (feat. Nick Murphy)

Un estimulante y bello viaje surreal a través de una misma habitación que se repite casi una veintena de veces. Pero como el río de Heráclito, nunca es la misma habitación, cambian en ella numerosos detalles, pero el cambio esencial es la proporción de los objetos y de la misma habitación, consiguiendo con esto un tránsito por distintas dimensiones espaciales y temporales, pero contradictoriamente unidas por la continuidad del plano secuencia.

MENCIONES ESPECIALES

  1. Cassius – Go Up ft Cat Power & Pharrell Williams
  2. Portugal. The Man – Rich Friends
  3. Björk – The Gate
  4. Royal Blood – Lights Out
  5. Kesha – Praying

10 películas recomendadas de 2017

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Oswaldo Osorio

De todo lo estrenado este año en Colombia, la oferta no fue ni mejor ni peor que en la última década, eso sí, a pesar de que el noventa por ciento de la cartelera cada semana está copada por el cine de Hollywood, sigue llegando un segmento -no muy amplio- del cine mundial y alternativo, el cual compensa en calidad la avasallante cantidad de cine de consumo. Aunque todavía es necesario acudir a la piratería, las descargas por internet y las películas en línea para ver lo mejor del cine actual.

1. Toni Erdmann, de Maren Ade

El viaje emocional de padre e hija a través de un tipo de comedia casi sin referentes y tan inteligente como desconcertante. También es una historia sobre la productividad laboral, la felicidad y el sentido de la vida.

2. Sin nada que perder, de David Mackenzie

Un par de hermanos ladrones de bancos en un thriller cargado de resentimiento social y furia, mientras su contraparte, un viejo policía, los busca con calma y lucidez.

3. Nuestra hermana pequeña, de Hirokazu Koreeda

Con el universo característico de este director japonés, la historia de cuatro hermanas es un canto a la belleza, la familia, la fraternidad y el sosiego.

4. El viaje, de  Nick Hamm

Dos líderes políticos en un carro tratan de resolver el conflicto irlandés en un relato de gran fuerza dramática e ideológica a través de un voluble diálogo de consenso y liberación.

5. T2 Trainspotting, de Danny Boyle

Una historia que no se debe leer sin su primera parte, pues mantiene su visceralidad argumental e inventiva visual, pero con la carga emocional y existencial luego de dos décadas.

6. Paterson, de Jim Jarmusch

La cotidianidad y monótona vida de un chofer de bus se rompe eventualmente cuando escribe poesía. Un improbable personaje que sirve para hablar de la belleza de las cosas simples de la vida.

7. El cliente, de Asgar Farhadi

Vuelve este director iraní con un relato en el que la ética y  el contexto social y religioso de su país propician un duro, reflexivo y complejo drama.

8. Dunkerque, de Christopher Nolan

Aunque es una historia que simplifica su tema y contexto histórico, resulta fascinante y de gran poder cinemático lo que hace con su relato, el cual es planteado en tres tiempos narrados de forma diferencial.

9. Manchester junto al mar, de Kenneth Lonergan

La historia de un hombre con el corazón roto es contada aquí en un tono conmovedor y reflexivo, concentrándose en el drama de la puesta en escena y el universo emocional de los personajes.

10. Colossal, de Nacho Vigalondo

Empacada como un relato de cine fantástico, esta película desarrolla un genuino drama de crisis existencial, en el que de forma ingeniosa se combina cine de género y trama de personajes.

 

 

Las series de televisión

¿El nuevo cine o el cine reciclado?

Oswaldo Osorio

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Que el mejor cine se está viendo en la televisión, es una afirmación que se origina en el buen momento por el que está pasando la producción de series en la actualidad. No obstante, es una idea más provocadora que justa, no solo frente al cine alternativo e independiente, sino también en relación con lo que realmente puede estar ofreciendo de novedoso o elaborado este producto audiovisual que, sin duda, ahora es un verdadero fenómeno mediático y un atractivo formato para consumir historias en distintas plataformas para una nueva y creciente audiencia.

Los relatos por entregas para un público masivo tienen su antecedente más destacado en la obra de Balzac. Pero muy pronto el cine, con su progresiva popularidad a medida que avanzaba el siglo XX, hizo de los seriales la televisión aún no inventada, especialmente para el público más joven. Ya desde la segunda década de esa centuria, existían series como Fantomas (1913) o Los peligros de paulina (1914), que iniciaron una tradición del cine por entregas semanales que continuaría con una predilección por el western y, en las décadas del treinta y cuarenta, con los célebres seriales de súper héroes y personajes provenientes de los cómics, como Superman, Batman, La sombra, Dick Tracy y Flash Gordon, entre muchos otros.

Pero con la popularización de la televisión en los años cincuenta, las series pasan del cine a este nuevo medio y hacen carrera legendarios títulos como I Love Lucy, Alfred Hitchcock presenta, Dimensión desconocida, Star Treck, MASH y una larga lista que se convirtió en el campo de batalla de la lucha por las audiencias entre las tres grandes cadenas estadounidenses: NBC, CBS y  ABC. Cruzando el Atlántico, la BBC de Londres también consolidó una tradición de producción en esta línea que tuvo una importante difusión e impacto en la audiencia de América Latina.

Una nueva televisión

El punto de inflexión, no solo de las series, sino del negocio y la producción televisiva en general, se da paulatinamente en la década del noventa, cuando la televisión por cable empieza a marcar la diferencia en sus contenidos en relación con la televisión abierta. El caso paradigmático y exitoso de esta transformación es el canal HBO, con series como Los Soprano (1999), Six Feet Under (2001) o The Wire (2002), en las cuales los temas, los personajes y su tratamiento resultaron una verdadera novedad para la televisión. Aunque en realidad, podría decirse que este medio, antes pensado para un público genérico y familiar, se liberó de límites y censuras, invirtió en los valores de producción, buscó audiencias nicho y retomó de la tradición cinematográfica muchas de sus características, empezando por la expresividad de su lenguaje.

Todos estos factores, sumados a la accesibilidad de las nuevas plataformas, como la televisión por demanda, el internet y Netflix, han dado para que se esté hablando de una nueva Edad de oro de la televisión. Pero claro, se trata de una idea que solo toma en cuenta esta suerte de élite televisiva que son las prestigiosas series de los grandes canales (de televisión abierta, cable y online), pero el grueso de la parrilla de la pantalla chica sigue siendo una producción donde reinan los contenidos superfluos, estandarizados y sedientos de cualquier gota que le puedan exprimir al rating, a cualquier precio.

Un nuevo punto de inflexión se ha estado experimentando en los últimos años, especialmente luego de la popularización de Netflix, y por extensión con el consumo de series vía online. Además de la supresión de los cortes comerciales (que tiene una significativa incidencia en la construcción dramatúrgica de los relatos), el gran cambio cualitativo en relación con la televisión tradicional es que ya el espectador no tiene que esperar un día y un horario para poder ver cualquier contenido, sino que tiene a su disposición toda la temporada de una serie, para verla cuando quiera y en la dosis que se le antoje.

Esta posibilidad ha traído consigo una especie de nuevo comportamiento adictivo hacia el consumo de estos productos audiovisuales, pues al no haber límites, hay quienes ven una o varias temporadas de un tirón en un fin de semana. Aunque luego se les venga una larga resaca de abstinencia mientras se estrena la nueva temporada, pero una resaca que pueden aliviar con otra de las tantas series disponibles, igual o más adictivas.

Cine en televisión

La gran oferta y facilidad del consumo doméstico es la base de esta Edad dorada, pero esa disponibilidad de contenidos necesariamente tuvo que estar respaldada por unas características que también hicieran la diferencia con otras épocas de la televisión: el tipo de contenidos, apelar a los géneros, invertir en la producción y la complejidad en la construcción de los personajes y relatos son las más sobresalientes.

Y efectivamente, ver series como  Twin Peaks, Vikings, Juego de tronos, True Detective o Sense 8 es como estar viendo el mejor cine pero en la confortabilidad y la autonomía del hogar. No obstante, este “nuevo cine”, en buena medida, lo que ha hecho es traer los contenidos y valores de producción de la pantalla grande a estas plataformas contemporáneas, por lo que, de cierta forma, se puede antojar reciclado y recurrente para un público más cinéfilo, aunque no para una nueva y cada vez más joven audiencia, que se sorprende y disfruta con esta novedosa ráfaga de contenidos que puede ver desde la cama o el sofá.

A pesar de las innegables cualidades de muchas de estas series, también es necesario cuestionarse por los ingredientes en que basa su popularidad, y hay tres que llaman especialmente la atención, por ser proclives a enganchar de forma fácil y hasta sensacionalista a cualquier espectador: la violencia, el erotismo y los villanos como protagonistas. La más exitosa serie del momento, Juego de tronos, es el mejor ejemplo de esto. En un inventario rápido de los títulos más populares del nuevo milenio, se podría constatar que la mayoría tienen al menos dos de estos tres componentes.

Pero más allá de esta cuestión, así como de la mala manera en que muchas series terminan desfigurándose con el exceso de capítulos y temporadas, esta forma narrativa se está imponiendo con gran fuerza en la cultura popular como un producto intermedio entre el cine y la televisión, con los mejores valores y ventajas de uno y otro medio. Y en este nuevo fenómeno no hay que olvidar el importante papel que las redes sociales están cumpliendo, tanto publicitando las series como en la construcción de un discurso hipertextual sobre sus temas, personajes y universos, lo cual hace que estos relatos no sean solo lo que encierran los cuatro lados de una pantalla, sino una apropiación de los contenidos nunca antes vista, y en eso, especialmente, radica su mayor triunfo sobre cualquier otra forma de contar historias conocida hasta ahora.

Publicado en agosto de 2017 en la revista Visor, No. 7, de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Pontificia Boliviariana.