Por Mario A. Duque Cardozo
Este año el premio a la calidad de la educación en Medellín cumple 10 años, una década de esfuerzos para lograr una mejora que impacte positivamente a los estudiantes. En Antioquia, por su parte, llega a su cuarta edición.
Celina Calderón, coordinadora de los premios, explica qué es lo que se busca con esta iniciativa que reúne al sector público con el privado en pro de una educación cada vez mejor.
¿De qué hablamos cuando hablamos de calidad en la educación?
“La calidad educativa lo que hace es asegurar aprendizajes para la vida, tanto en lo relacional como en lo cognitivo. Asuntos que tendrían que llevar a asuntos de vida con sentido.
Hay que tener en cuenta, también unos componentes que hay que tener en cuenta, empezando por la cobertura educativa, que todos los niños en edad escolar estén efectivamente escolarizados.
A esa cobertura se suman los otros componentes: las mismas oportunidades para todos, donde la lejanía, cercanía o estrato socioeconómico no afecten para mal la educación que reciben.
También es importante la pertinencia, lo que nosotros llamamos una escuela para la vida, una educación contextualizada a las necesidades y capacidades de los niños.
Debe ser una educación que sea capaz de desarrollar todas las habilidades y potencialidades de los niños en todas sus competencias.
Y una condición muy importante es que se está pensando en instituciones que se piensan y se mejoran, que se evalúan permanentemente”.
¿Cómo llega, entonces, un colegio a ser de calidad?
“La evaluación es un proceso de aprendizaje para saber dónde se está y qué hay que puedo mejorar. Es muy importante, entonces la autogestión y el buen gobierno escolar. Y en nuestro contexto las secretarías de Educación y los directivos tienen un papel preponderante, al igual que las familias y las comunidades de apoyo que rodean las escuelas para que sea posible llegar a esa meta de la calidad.
Luego llegará el Estado con el aparataje para apoyar la labor de la escuela, como la salud, la nutrición y otros temas que son responsabilidad del Gobierno.
Hay otro asunto importante: los directivos, que tienen que ser líderes pedagógicos que direccionen la propuesta educativa de la institución, en ocasiones invierten mucho de su tiempo en asuntos administrativos de sus escuelas.
Hay que construir un sistema de soporte que ayudaría al rector para que otros pudieran hacer esas gestiones mientras él y su equipo de maestros saquen adelante su propuesta educativa, pero eso necesita de unos recursos humanos y materiales óptimos”.
¿Qué tanto pesa la infraestructura para que haya un colegio de calidad?
“El ambiente de aprendizaje es importante. Dignos, limpios, accesibles, amables, que provoquen el aprendizaje y el encuentro con los otros.
No es un asunto necesariamente de hermosura o de cosas gigantescas, aunque todo tiene que conversar con su contexto. Pero sí, que lo que haya sea digno, limpio, accesible para todos y definitivamente con una propuesta educativa funcional, donde haya trabajo en equipo entre rector y docentes y docentes y padres de familia...
Son elementos que no se pueden desligar: los recursos materiales son muy importantes, pero el maestro tiene que tener disposición y compromiso para optimizar los recursos que tiene, tanto si hay pocos como si hay muchos”.
¿Siente que ha calado el mensaje de la calidad?
“Sí. Hemos avanzado y creo que es ya un lenguaje común, que hay una intención y un convencimiento de que tenemos la responsabilidad de educación de calidad”.
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