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El “Elefante Blanco”: la historia del pereirano veedor anónimo que se convirtió en senador

Por denuncias de obras inconclusas y peajes caros, Luis Carlos Rúa obtuvo una curul en el Senado con cerca de 120.000 votos. Esta es su historia de vida.

  • Luis Carlos Rúa nació en Pereira; es un programador, educador, defensor de los derechos humanos, exasesor legislativo en el Congreso. FOTO cortesía
    Luis Carlos Rúa nació en Pereira; es un programador, educador, defensor de los derechos humanos, exasesor legislativo en el Congreso. FOTO cortesía
  • Rúa es un joven de 32 años que pasó de ser veedor anónimo a un fenómeno político que será protagonista en el próximo Congreso. FOTO cortesía
    Rúa es un joven de 32 años que pasó de ser veedor anónimo a un fenómeno político que será protagonista en el próximo Congreso. FOTO cortesía
Nicolás Rivera Guevara

Editor de Actualidad

hace 9 horas
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“Allá en la esquina hay un señor tirado, creo que es su papá”, le dijo una vecina a Luis Carlos. Salió corriendo y vio a su padre en un hueco, de esos cráteres de las vías abandonadas que hay en Colombia. Estaba junto a su bicicleta y el golpe fue tan duro que lo mató.

Tanto Luis Carlos como su padre habían denunciado esa y otras obras inconclusas o sin intervención en Pereira. Para el momento del accidente, el joven, ingeniero civil de profesión, había armado una iniciativa de veeduría ciudadana que crecía en redes. Un hombre disfrazado con un traje de elefante blanco recorría el país denunciando obras mal hechas o sin terminar y peajes costosos; ponía derechos de petición, tutelas y exponía a los corruptos.

A pesar de la tragedia que tocó su vida, el “Elefantico”, como lo llama, no se detuvo y se convirtió en una causa electoral exitosa: obtuvo cerca de 120.000 votos al Senado, muy por encima de lo que obtuvieron gamonales y politiqueros, varios de ellos responsables de los elefantes blancos que, tristemente, hacen parte del paisaje.

EL COLOMBIANO habló con Luis Carlos Rúa, el joven de 32 años que pasó de ser veedor anónimo a un fenómeno político que será protagonista en el próximo Congreso.

¿Qué sintió cuando supo que había sacado una votación tan alta para el Senado?

“Una alegría inmensa poder estar en un espacio que debería ser un honor, y que para mí lo es porque fue un trabajo muy difícil, de mucho tiempo para sostener el proyecto. Ver que la decisión que la misma gente me invitó a tomar, la de lanzarme, pues había sido un acierto y que contaba efectivamente con el apoyo de la gente, fue hermoso. Me hubiera gustado que mi papá estuviera vivo, poder compartir con él esto”.

¿Cuál fue la historia de su padre?

“Lo que pasa es que mi papá toda su vida fue un hombre muy trabajador. Yo me acuerdo mucho cuando en el colegio yo tenía dudas, sobre todo con temas de mecánica; no era sino mostrarle y él prácticamente resolvía. Entonces, yo siempre aprendí mucho de él por el ejemplo. Se vino desde Anorí, Antioquia; antioqueño de mucho orgullo, y yo aprendí mucho a amar a Antioquia por eso, porque yo desde niño iba con él por allá. Pero se vino a Pereira, donde conoció a mi mamá y nací.

La historia es que un día cualquiera yo estaba esperándolo para ir a almorzar y una vecina vino a la ventana, y me dijo: “Ay, ¿usted es el hijo de don Darío?’ ‘Sí, ¿por qué?’, le dije. ‘Allá en la esquina hay un señor tirado, yo creo que es su papá’. A mí prácticamente se me vino todo encima. Yo no sabía qué había pasado, si estaba vivo o si no. Salí volando literalmente, hasta el punto que estaba muy cerca porque él era ciclista. Le gustó mucho hacer deporte; era una persona que no se metía con nadie, muy tranquilo, muy trabajador. Estaba tirado ahí. Estaba algo calientito, le toqué la manito y pues yo entendí que ya nunca más lo iba a poder sentir ni verlo. Era un gran hombre. Hace mucha falta.

Y la manera de honrarlo es que, como él murió en un hueco voy a buscar la manera de sacar adelante leyes que lo honren. Una de ellas espero que se llame ‘Ley Darío’; estoy armándola y precisamente es para que nadie tenga que padecer más ese drama de los huecos que ocurren por las malas administraciones de los recursos públicos”.

Lo siento mucho, Luis Carlos. Pienso en mi papá que es ciclista...

“Muchas gracias. Y mire que hace poco pasó también con un señor en Amagá, por allá por los lados de ese peaje, que iba en bicicleta y cayó; la familia, obviamente está destruida. Hay que cuidar mucho a los ciclistas”.

¿Cómo esa tragedia se conectó con su trabajo? Porque desde antes usted ya tenía el proyecto del “Elefantico”, ¿cierto?

“Sí, mi papá murió con el ‘Elefantico’ existiendo. De hecho, él amaba el proyecto. Le tenía miedo a que yo viajara en carretera. Me decía: ‘hijo, cuidado en la carretera’. No por los grupos armados, que sabe que existen de izquierda y de derecha en el país, sino por las vías están en mal estado, de noche, un accidente, un microsueño. Él era un hombre muy valiente y algo le heredé, alguito”.

¿Cómo nace el “Elefante Blanco” para denunciar la corrupción?

“Hace cuatro años me puse a pensar cómo hacer un proyecto de veeduría sin sufrir consecuencias negativas como persecución, linchamiento mediático y moral, como lo viví en su momento siendo contratista. Se me ocurrió hacer algo diferente de una manera anónima. Entonces el proyecto inicialmente nace como un hobby en la ciudad de Santa Marta. Mandé a hacer el diseño del traje con un santandereano y en Cali lo fabricaron. Empecé la travesía de la ‘Ruta de la Prosperidad. Primero un elefante blanco cerca a Barranquilla, una vía que está inconclusa hace mucho tiempo ya sin terminar. Luego seguí en Medellín, Bogotá y otras ciudades. Hacía videos y contaba cuánta plata era, la magnitud del robo y de lo que se podía lograr.

Después terminé trabajando en el Congreso con una representante del movimiento Fuerza Ciudadana. Eran tres meses de prueba piloto. A la señora le gustó mi trabajo, pero me quedó debiendo $3.500.000, nunca me los pagó, pero yo estaba en el Congreso. Mi rol en esa UTL era poder entregarle investigaciones a ella para que ella fuera la denunciante. Encontré que un congresista había superado el tope de la UTL, se lo conté a ella y le gustó inicialmente. Eso fue a finales de 2022, y ya el otro año luego me dijo: ‘Ay, esa denuncia no la hagas’. Y yo le dije: ‘Congresista, ya lo tengo denunciado en la Corte Suprema’. ‘Ah, entonces no puede seguir trabajando conmigo’.

Cuando ella me despidió, yo me sentí muy triste. Yo creo que es de las veces que más he llorado, pues no sabía cómo decírselo a mi papá porque él estaba tranquilo de que yo estaba trabajando, y por mérito, que había logrado ese espacio. Yo había comprado un carro y dije: ‘Voy a recorrer el país, pero esta vez sin pensar en que voy a trabajar para este congresista o para este alcalde, sino que lo que yo quiero hacer es ayudar’. Pasó de ser un hobby a ser un estilo de vida.

Hice varias denuncias y me di cuenta que la gente quiere ayudar, tiene empatía, solo que ellos no tienen tiempo para hacerlo y querían que lo hiciera. El proyecto empezó cada vez a crecer más y así mismo poder sostenerlo entonces hicimos una Vaki. El viaje más largo, dígase la ruta más larga, fue una vez que fui a Puerto Colombia y al Vichada. La gente en redes empezó a pedir un peluche del “Elefantico” y compraron 800 para la Vaki. Nunca revelé mi identidad para hacerle ver a cualquiera que podía ser el elefante, pero también por seguridad”.

Rúa es un joven de 32 años que pasó de ser veedor anónimo a un fenómeno político que será protagonista en el próximo Congreso. FOTO cortesía
Rúa es un joven de 32 años que pasó de ser veedor anónimo a un fenómeno político que será protagonista en el próximo Congreso. FOTO cortesía

¿Y cómo pudo sostener el proyecto estos años? ¿Pensó en renunciar?

“Yo seguía haciendo asesorías en redes, era docente universitario, pero empecé a entender que el proyecto era a tiempo completo. Me tocó desprenderme de mis trabajos. Pero llegó un punto donde la Vaki fue insostenible porque la gente donaba un mes, pero no donaba siempre. Y entonces pasó que estuve una vez seis meses sin Vaki, sosteniendo todo a punta de trabajo; fue muy difícil. Yo le dije a la gente: ‘Voy a cerrar el proyecto’. Yo me había accidentado en la columna, mi papá había muerto. El proyecto estaba en quiebra y la gente acudió masivamente a esta Vaki: 130 millones en tres días”.

La gente me decía cada vez que yo les hablaba de dinero ‘Oiga, usted no tiene por qué hacer esto de rendiciones de cuentas, nosotros le creemos, láncese al Senado’. Y así fue”.

Antes de seguir con el tema político, ¿por qué cree que en un país como Colombia hay tanta corrupción que se ve reflejada en elefantes blancos como si fueran paisaje?

“Lo que pasa es que los elefantes blancos no son una coincidencia, son un modelo de negocio. Si usted hace un contrato mal hecho, luego le da opción de hacerle una adición y decir: ‘No, es que faltó tanto’ y, como pasó tanto tiempo, entonces ya vale más. En la medida en que los contratos tienen enmendaduras o, más bien, otrosíes, adiciones, prórrogas, suspensiones... ahí es donde está el negocio, en las adiciones. Y como las obras nos enseñaron en general que eran largas y eternas, entonces la gente no duda, ni sospecha”.

¿Qué dice eso de nosotros como ciudadanos?

“Que nos hemos resignado. El ‘Elefantico’ representa una opción distinta a eso, que la gente diga ‘venga, esta persona está demostrando que puede haber resultados’. Por eso es que me dieron la oportunidad de estar en el Senado, porque la gente puede que esté resignada, pero hay muchas otras personas que están creyendo y confiando y que quieren que el país progrese”.

¿Por qué faltando tres días para las elecciones decidió revelar su identidad y cómo lo recibió la gente?

“Lo que pasa es que había un fenómeno muy particular en estas elecciones: muchos candidatos de redes sociales, además de muchas mentiras. Y cuando inicié la campaña, le confieso, no pensé que fuera a haber tanta guerra sucia de la izquierda y la derecha. Yo estaba en la coalición de la ASI y el Verde y me hicieron ataques sucios y rastreros. Porque sé que el Verde ha hecho cosas muy malas. Yo no lo voy a defender, ni lo defiendo ni lo he hecho. De hecho, yo he denunciado a Carlos Ramón González, del Verde, y yo tengo un fallo condenatorio contra la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo, que fue manejada por el Verde en este Gobierno por el tema de los incendios. Entonces a mí no me ha temblado la mano para decir lo que sea, así sea en el partido o en la coalición donde yo esté.

Salí a hacer pedagogía porque mi aval fue de la ASI. Elegí una lista abierta para manejar mis recursos con mi propio gerente y para que me eligieran a mí y no a la lista completa. Hice las cosas con transparencia. Gasté $41 millones de pesos. Toda la vida muchos políticos han inflado las cifras para poder reclamar el total de la reposición de votos. Entonces, por transparencia también decidí contar quién estaba detrás del personaje y que su historia previa era coherente con lo que esa persona venía haciendo”.

¿Qué expectativas tiene en el Senado? Porque una cosa puede ser lo que usted quiere, pero otra el resto de congresistas.

“Bueno, la expectativa principal es hacer control político. El proyecto no se basa en atacar o en ganar tutelas para que otra persona se retracte. Eso va a pasar, pero eso es un logro más bien personal. Yo considero un logro real es que se termine una obra, un colegio, una vía le sirva a la comunidad, que un contrato que está mal se suspenda y se corrija, que una concesión o un peaje, como el de Loma Linda (en Barbosa, Antioquia) sea retirado como se hizo gracias a gestión que hice.

Le doy una primicia. El primer debate de control político que citaré es al ministro o ministra de Transporte, del gobierno de izquierda o derecha, particularmente sobre las concesiones, tengo muchas cosas que decir y hay que decirlas públicamente.

También le anticipo. Presentaré la Ley de los acueductos, para que ciudades como Villavicencio y Santa Marta tengan acueducto dignos; que en Ipiales se pueda hacer la planta de tratamiento de agua potable, con la que tanto gallo les ha ‘mamado los políticos’ a la gente. Ese tiempo y no han hecho nada. Voy a buscar impulsar la regulación de los peajes, entre otras cosas.

¿Y se va a posesionar con el traje?”

“Dios mediante, sí, así es”.

Políticamente, ¿dónde se ubica?

“Mire, tengo muy claros los problemas del país. El hambre, las necesidades y los acueductos no son de izquierda ni de derecha; lo hemos visto con muchos alcaldes de ambos lados. El presidente de ahora es de izquierda y yo le he hecho mucho reclamo en materia de los peajes. La realidad es que el señor Petro, en ese aspecto, ha estado muy quieto, muy relajado. Yo le he estado insistiendo públicamente, eso sí, porque yo no hago nada en privado. A mí me gusta, por ejemplo, que este Gobierno le quitó el tema de la prima de servicio a los congresistas. Pero no me gusta la manera tan evasiva como está tratando el tema de los peajes.

Mi línea es muy clara: la independencia. Y esa independencia la rigen mis principios como persona, que están reflejados en los resultados. He hecho denuncias contra Petro, Fico Gutiérrez, Álvaro Uribe y Carlos Fernando Galán”.

¿Le han “hecho ojitos” de la campaña de Paloma, Cepeda, Abelardo o Fajardo?

“Sí, me han buscado varios candidatos por interno, pero la verdad no tengo interés en trabajar con ninguno”.

Lea también: Cepeda mueve a la minga, Paloma suma a exalcaldes y otras movidas electorales

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