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El reto de lactar desde el corazón del Chocó

  • Las indígenas embera que habitan en los territorios colombianos están entre las comunidades que siguen la tradición de amamantar a sus hijos para evitar la desnutrición. FOTO maria v. correa
    Las indígenas embera que habitan en los territorios colombianos están entre las comunidades que siguen la tradición de amamantar a sus hijos para evitar la desnutrición. FOTO maria v. correa
Por maría victoria correa | Publicado el 24 de junio de 2019
44,25

por cada 100.000 habitantes fue la tasa de mortalidad por desnutrición en Chocó en 2016.

en definitiva

Amamantar es la opción que tienen los indígenas de las zonas más remotas del Chocó para que sus niños no sufran desnutrición. Es otra forma de ver la lactancia.

Carlina Isarama, una joven indígena embera, y su bebé de dos meses llevan 19 días durmiendo en el suelo del hospital San Francisco de Asís de Quibdó. No les gusta la cama. No están acostumbrados. Ella prefiere estar sentada en la puerta de su habitación. En silencio amamanta a su niña cada hora, como lo aprendió de sus mayores. Vieja costumbre.

¿Cómo amaneció la bebé? ¿Ya está aliviadita? Le pregunta la enfermera de turno, pero Carlina no responde, es más, es como si no la escuchara. La enfermera insiste: ¿cómo amanecieron? Carlina insiste también y guarda silencio.

A los segundos aparece Genaro Isabare, de aspecto cansado y en chanclas, quien responde por ella: “amanecieron muy bien, muchas gracias. Ya hoy nos vamos. La bebé estaba enferma, pero ya no”.

Genaro es gobernador indígena y es el esposo de Carlina. Habla por ella porque la muchacha –de collar ancho y colorido, de uñas a medio pintar y descalza– no sabe español. Él le traduce.

Sin pensar en eso, me inclino, y le pregunto: ¿hace cuánto amamantas a tu bebé, Carlina? ¿Te duele? Genaro le traduce, ella responde en embera y él me traduce en español: “Que no le duele”, dice.

Llegaron a Quibdó porque a la bebé le dio fiebre y vómito y ningún ritual indígena logró curarla. Viajaron un día en panga (lancha) y otro en bus. Él dejó la escuela en la que enseña y ella su rutina de hervir agua para cocinar el plátano y el pescado en su resguardo en el Alto Baudó.

“Amamantar es muy natural, nosotros a eso no le ponemos misterio. A nuestros bebés les damos otra comida después de los tres meses, plátano o pescado, pero siempre seguimos amamantando”, dice.

Aunque Carlina no habla español y mucho menos sabe qué es la Organización Mundial de la Salud, OMS, reconoce que la leche materna es la vida de su bebé. Y va mucho más allá, sabe que es la cura para la neumonía, la diarrea, el dolor de oído y el asma. “Amamantar inmediatamente después del nacimiento es importante porque el sistema inmunitario de los recién nacidos aún no está del todo maduro. Es por ello que muchas veces se denomina a la lactancia materna como la primera vacuna”, dice la OMS y señala que amamantar reduce en 20% el riesgo de morir en el primer mes.

Ahora bien, a pesar del interés de indígenas como Carlina por amamantar a sus niños, ya que es un tema que viene de generación en generación, las estadísticas no son buenas. Por ejemplo, el municipio del Alto Baudó es el tercero en Chocó en el que más se reportan casos de mortalidad infantil en menores de un año. De acuerdo con el Departamento Nacional de Planeación lo superan Bagadó con una tasa del 64, Lloró con 57 y el Alto Baudó con 56 por cada mil nacidos vivos. En este municipio además, según el Departamento Nacional de Planeación, DNP, el 80 % de la población, cerca de 8.000 personas tienen agua durante seis horas al día. Agua no potable.

Para mitigar esto, en el Plan de Desarrollo del Alto Baudó se propone un programa de educación y promoción de la lactancia en el que la Alcaldía trabaja en la actualidad. Esto debido a que, según la Gobernación de Chocó, la duración de la lactancia materna en el departamento es de 1,8 meses, siendo baja con respecto a la recomendación de la OMS que es de 6 meses.

En Chocó, la tasa de mortalidad por desnutrición en 2016 (dato más reciente) es de 44,25 por cada 100.000 habitantes, mientras que en el país es de 8,24, según el reporte que entregó la Gobernación a los Análisis de Situación de Salud (Asis) del Ministerio de Salud. Además, en el documento, la Gobernación explica que la tasa de mortalidad por desnutrición en menores de cinco años es el indicador más grave del departamento, con cifras que superan cinco veces el promedio nacional, y que, aunque hubo un descenso en 2007 y se mantuvo hasta 2008, registró un significativo aumento en 2009, cuya tendencia al alza se mantuvo constante hasta 2016.

Sobredosis de lactancia

Faride Orejuela, jefe de calidad del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, explica que el silencio de las mujeres al no saber español no es una desventaja debido a que los padres se convierten en parte activa del proceso.

“En Chocó tenemos sobredosis de lactancia. Nos llegan personas con dos y tres niños que todavía reciben leche materna. Nuestras mamás todas lactan porque para ellas la realidad es que es más barato amamantar que comprar leche de tarro. Además, se sienten tranquilas porque sus hijos están bien alimentados”.

Orejuela cuenta que, generalmente al hospital de Quibdó los niños llegan con diarrea, desnutrición y enfermedades respiratorias.

“A las mamás chocoanas y a las mujeres indígenas siempre se les ha inculcado la lactancia materna. Lo que estamos observando es que después de los tres meses esa lactancia es apoyada con otro tipo de alimentación y ahí es donde empezamos a ver los brotes de desnutrición y de diarrea, básicamente, por las practicas que los indígenas tienen en sus comunidades, por todo lo que tiene que ver con el saneamiento básico que no tienen. Ellos se enferman por la manipulación indebida de alimentos”, explica.

La realidad es que a los niños de tres meses les dan de alimento su leche materna más plátano, a manera de colada. Un poquito de pescado. Ahí se genera un desbalance y las autoridades están buscando que sean seis meses exclusivos de lactancia.

El bebé de Carlina, entretanto, se duerme mientras lo amamantan y ella no hace ningún esfuerzo por quitarlo. “Mi mujer se puede pasar todo el día con la niña en el seno. Es parte de nuestra cultura, de nuestros ancestros. Puede dormir ahí, mírela ahora, no hay mejor lugar”, dice Gerardo quien le traduce en embera nuestra conversación a Carlina y ella, tímidamente, se ríe.

Contexto de la Noticia

OPINIóN amamantar sin reproches

Rosalba cabrera mecha
Enfermera de la Secretaría de Salud de Chocó - Indígena embera
Para las comunidades indígenas amamantar es muy valioso. En nuestra cultura el amamantamiento dura mucho tiempo, años si se quiere. Es la manera en que se conectan espiritualmente la mamá y su hijo. Ahora bien, muchas mamás le han dejado de dar seno a su hijo y eso nos ha llevado a que se aumente la desnutrición en las comunidades indígenas. Nuestras mujeres generalmente no hablan porque no dominan el español. Por eso, la mayoría de las veces son los hombres los que comentan sobre temas de lactancia. Nosotros mantenemos nuestra cultura a través de la leche materna y damos seno hasta que el bebé sea grande.
Juan Camilo Montoya Echavarría

Me gusta escuchar a la gente y contar sus historias, así descubro el mundo. Amor infinito por el océano y, como vivo encerrado entre montañas, cada vez que puedo me voy a bucear. Especialista en Comunicación Política- EAFIT.

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