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El retorno amargo de los migrantes

15 mil extranjeros aguardan a que su país los deje pasar. Al otro lado solo hay incertidumbre y hambre.

  • Los migrantes siguen ante la incertidumbre de volver a su país o quedarse en Colombia, esperando apoyo de los gobiernos de las ciudades donde se encuentran.FOTO Getty

    Los migrantes siguen ante la incertidumbre de volver a su país o quedarse en Colombia, esperando apoyo de los gobiernos de las ciudades donde se encuentran.

    FOTO Getty

  • EL COLOMBIANO conoció imágenes de los centros de cuarentena a los que son llevados los migrantes retornados de Venezuela cuando cruzan a su país. Esta es la ración de comida que les dan para un solo día.
    EL COLOMBIANO conoció imágenes de los centros de cuarentena a los que son llevados los migrantes retornados de Venezuela cuando cruzan a su país. Esta es la ración de comida que les dan para un solo día.
  • EL COLOMBIANO conoció imágenes de los centros de cuarentena a los que son llevados los migrantes retornados de Venezuela cuando cruzan a su país. Esta es el área para el aseo personal de las personas.
    EL COLOMBIANO conoció imágenes de los centros de cuarentena a los que son llevados los migrantes retornados de Venezuela cuando cruzan a su país. Esta es el área para el aseo personal de las personas.
El retorno amargo de los migrantes
Por Juliana gil gutiérrez | Publicado el 15 de junio de 2020

Van 46 días de travesía desde que partió de Cali para retornar a su Venezuela, impulsado por la falta de trabajo en el lavadero de autos en el que se ganaba la vida cuando el mundo no estaba en tiempos de pandemia, pero no ha podido regresar a casa. De esas, 23 noches las pasó entre calles y cuartos que encontraba en su ruta a pie hasta La Parada, el punto cero de la migración venezolana en Villa del Rosario.

Allí fueron doce días más, doce crepúsculos a la intemperie, en fila, esperando su turno para cruzar el Puente Internacional Simón Bolívar y estar un poquito más cerca de las suyas: la novia y la hija recién nacida que dejó en 2018 cuando migró buscando un sustento. Así, entre estaciones de Cali a Cúcuta, de Cúcuta al puente y desde este a Ureña terminó en un albergue improvisado del gobierno venezolano, desde el que espera termine su cuarentena para emprender otro camino al interior del país.

No puede decir su nombre porque está bajo vigilancia del régimen. Si en ese liceo de tres pisos en el que está en Ureña descubren que habló con un medio colombiano, su vida estaría en riesgo. Quizás en un peligro semejante al de un compañero suyo del albergue que se reveló porque no les daban comida y luego no volvió a aparecer. No importa decir su nombre, no hace falta un sujeto para delinear su relato en la mente.

***
Cuando cruzó a Venezuela lo recibió Freddy Bernal, el delegado por el régimen para coordinar la atención humanitaria en frontera. Toma de temperatura, una prueba rápida de la covid y lo llevaron en un grupo de 600 personas a una escuela que hace las veces de hogar de paso. Son tres pisos. Los dos primeros para mujeres y núcleos familiares, el último para hombres.

No hay baño. Hacen sus necesidades en bolsas, las arrojan a la basura y la ducha es un tanque de agua compartido que es lavamanos y lavadero de ropa. Dos personas comparten una colchoneta, así no se conozcan de antes, y solo les dan una comida al día: arroz con lentejas o caraotas. Alguna vez comieron arepa. Lo que haya o lo que sobre después de que los más vulnerables se alimentaron. Lo único seguro es que la proteína no alcanzará el tamaño del puño de su mano y quedarán en penuria.

“Chica tengo hambre. He perdido más de 5 kilos desde que estoy aquí”, escribe, cuando está por cumplir 24 horas sin probar bocado. Su narración se mezcla con quejas del pan que le gustaría tener en su boca. Está cerca, pero lejos. Allí, al frente del liceo, hay una tienda que administran unos encapuchados con uniforme militar, “una guerrilla”, dice. Los que tienen dinero les compran comida, los que no se limitan a saber esperar.

Por fin desde Colombia recibe 20 mil pesos. Los cambia a bolívares y va por tres panes y un refresco a la tienda de los hombres de verde con el rostro cubierto. Ese es el sustento que le queda hasta este lunes, o tal vez el martes, cuando termine su cuarentena y pueda salir del albergue. Después otro migrante retornado ocupará su lugar en esa estación obligada para todos los venezolanos que retornan forzados por la covid.

***

Todo comenzó en marzo y por la cuarentena. De los 1,8 millones de migrantes venezolanos que hay en Colombia, más de 1 millón están en condición irregular y un buen porcentaje viven de la informalidad. Sin dinero para pagar una habitación, menos para mercar, se concentraron en el Parque de las Banderas de Cali, la Terminal del Norte de Medellín, la Autopista Norte de Bogotá, entre otros puntos de las capitales departamentales, pidiendo ayuda para regresar.

Partieron a pie, en buses dispuestos por los municipios o en rutas ilegales. Pero al otro lado del país, en Ipiales, limítrofe con Ecuador, se concentraron más migrantes que estaban en la nación vecina, intentando atravesar esa frontera, cruzar Colombia y llegar a uno de los tres corredores dispuestos por el Gobierno Nacional en Arauca, La Guajira o Norte de Santander para hacer travesías controlados.

El problema es que todos los flujos desembocaron en esos tres puntos de esa frontera de 2,2 kilómetros que divide a Colombia de Venezuela entre un río, las trochas y las quebradas en las que pisar un costado es estar en la tierra de Maduro, pero atravesar el agua es territorio colombiano. En marzo salieron 30 mil ciudadanos venezolanos; 16 mil, en abril; 23 mil, en mayo, y en lo que va de junio la cifra está cercana a los 5 mil, según Migración Colombia.

Un total de 75 mil han retornado, pero hay otros 15 mil más esperando su turno para pasar y otros, no se sabe cuántos, van en camino. Llegar al borde no significa cruzar. “La salida depende de la capacidad de su propio país para recibirlos. Estamos trabajando en darle prioridad a las personas que están en zona de frontera y damos también una salida coordinada a los que desean movilizarse desde la ciudad”, explica el director de Migración Colombia, Juan Francisco Espinosa.

Al comienzo el régimen aceptaba a 700 personas diarias, luego 400 y ahora solo 100, tres días a la semana: lunes, miércoles y viernes. Solo hay 1.200 oportunidades de entrar a Venezuela por semana, pero la cantidad de personas esperando su turno multiplican esa cifra doce veces y otras más van llegando. Su tierra natal está cerca, pero a una fila kilométrica de distancia.

***
Hay otro camino, el ilegal por las trochas que controlan los grupos armados, pero ambos países aumentaron la vigilancia en esta zona. En Colombia los carabineros custodian los bordes del río Táchira; en Venezuela, la Milicia Bolivariana, la Guardia Nacional y la Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) forman una barrera humana para que nadie entre, comandados por Freddy Bernal, el “soldado bolivariano y revolucionario” al servicio del pueblo que siempre recibe a sus connacionales, pero no se atreve a tocarlos sin tener sus guantes puestos.

Allí, vigilante de cómo se mueve la frontera, está el director de la Fundación Progresar, Wilfredo Cañizares. “La situación en la fila es terrible, caótica, la gente está ahí al sol y al agua. En las trochas están grupos armados que hacen presencia. Pero al final es lo mismo por un lado y otro porque de cualquier forma se van a encontrar con el dispositivo de seguridad de Venezuela que los llevará hasta unos centros de cuarentena”, dice.

Unos albergues que hace unas semanas eran liceos, pero ahora son la casa temporal de miles que emprendieron una travesía sin fecha límite para volver a casa ante la falta de oportunidades. Ellos, sin saberlo, terminaron en un ciclo: salieron de Venezuela huyendo de la situación humanitaria compleja de su nación y ahora intentan retornar escabulléndose de la pobreza que deja entrever la crisis del coronavirus.

Nada es fácil. No lo es quedarse en el limbo, en un país ajeno y sin sustento, mucho menos comenzar ese camino a los confines de Colombia ante la vacilación en una frontera que han tenido que pisar los más de 5 millones de ciudadanos venezolanos que han dejado su tierra desde 2014.

Cuando se le pregunta al gerente de fronteras, Felipe Muñoz, sobre las condiciones de estas personas, un vaho de melancolía se alcanza a percibir en la llamada. “Los migrantes deben saber que las circunstancias al otro lado no son óptimas. No es lo mismo viajar a la frontera que pasarla. Tenemos la responsabilidad de advertir esto para que antes de iniciar el viaje tengan todas las precauciones”, alerta.

En Venezuela apuntan a ellos como culpables de los contagios del coronavirus. Dice el Ejecutivo de Nicolás Maduro que Iván Duque es responsable de la infección intencional de migrantes para cambiar la curva de contagio. Así, ese ciclo de revictimización sigue cuando en su tierra los tratan como parias. “Los meten en una escuela. Allá los bañan con una manguera como si fueran perros. Para ellos todo está en contra, las autoridades los tratan con fastidio, es un viacrucis muy fuerte”, afirma el pastor cristiano Mauricio Miranda, quien les da más de mil comidas diarias a estas personas.

***

El migrante que accedió a contar su historia para este relato aún vive en ese suplicio. Miles más pasan por ese trance en un retorno incierto del que, posiblemente, regresarán después a Colombia cuando la crisis de su país los vuelva a empujar a huir.

75
mil ciudadanos venezolanos han retornado a su país: Migración Colombia.
Infográfico
80 %
se ha reducido el retorno por restricciones de Venezuela: Migración Colombia.

Contexto de la Noticia

Una travesía de victimización

Dra. Neida Albornoz Arias.

Líder del grupo de Investigación Altos Estudios de Frontera de la Universidad Simón Bolívar, sede Cúcuta e investigadora de la Universidad Católica del Táchira, Venezuela.

Los migrantes venezolanos están viviendo una triple victimización. La primera por una migración forzada, saliendo de Venezuela por la situación de violencia e inseguridad, humillación por los mecanismos de control social para tener acceso a la alimentación y otros servicios. Llegaron a otros países donde se ha visto truncado su proyecto de mejorar sus condiciones de vida., pero además han sido víctimas de episodios de aporofobia: rechazo y hasta violencia por ser inmigrantes pobres.

La segunda, en el proceso de retorno a Venezuela en época de pandemia, travesía hecha en condiciones de pobreza y precariedad, en algunos casos regresando sin estar interesados en retornar

Y la tercera el rechazo por parte del Estado venezolano, desde un gobierno que también los discrimina. Ejemplo de ello, los discursos públicos discriminatorios de funcionarios del gobierno venezolano hacia su “propia gente, a sus nacionales”, que se encuentran en tránsito y con destino a su país de origen; discursos tales como “Venezuela, hoy su amenaza es el regreso de nuestros migrantes ...”. Delcy Rodríguez Vicepresidenta de Venezuela; “Nosotros los vamos a poner en cuarentena pero en una celda, porque es un delito la violación del proceso migratorio, pero además es una arma biológica, y reitero nosotros estamos convencidos que hay una operación para contaminar a Venezuela desde Colombia, nos obliga a estar muy alerta en ese proceso”. Lisandro Cabello, secretario de la Gobernación del Estado Zulia, refiriéndose a los remigrantes que pasan por las “trochas” hacia Venezuela, evadiendo los pasos de control migratorio.

Los remigrantes están sometidos a programas de cuarentena obligatoria por parte del gobierno venezolano, que según Amnistía Internacional, la capacidad es para 9.000 personas. Ciertamente han ingresado muchas más personas, razón por la cual, el gobierno venezolano, ha endurecido en los últimos días, las restricciones de entrada, limitando el ingreso y vulnerándose entre muchos otros, el derecho a la libre circulación: “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país” (artículo 13 de la Declaración Universidad de los Derechos Humanos.

Además, existen testimonios de la situación de precariedad en que se encuentran los centros de alojamiento temporal y cuarentena de los remigrantes que ofrece el gobierno venezolano. Son planes de atención insuficientes, precarios donde el migrante está profundamente estigmatizado y desacreditado.

CLAVES entender la frontera

1
Hay siete pasos oficiales entre ambos países. De estos solo tres están habilitados.
2
Venezuela informa a Colombia en la zona de frontera a cuántas personas puede recibir.
3
Los migrantes esperan en una fila o en la zona cercana conocida como La Parada.
4
Villa del Rosario, Arauca capital y Maicao son las zonas donde se sienten los retornos.
5
También hay pasos ilegales, las trochas, pero están bajo vigilancia de las autoridades.
Juliana Gil Gutiérrez

Periodista egresada de la facultad de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.


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