En Colombia cerca de 2 millones de adultos viven con depresión, de acuerdo con informes de la Organización Mundial de la Salud. Es decir que el 4,7 % de los colombianos sufren este mal, una cifra que está por encima del promedio mundial (4,4 %). Gran parte de ellas no acceden a tratamientos disponibles como terapias o medicamentos, en parte por la estigmatización que hay alrededor de las enfermedades mentales.
El pasado martes, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) aprobó un tratamiento de prescripción que de aprobarse en Colombia también promete ayudar. Es de acción rápida derivado de la molécula ketamina, un anestésico disociativo usado con frecuencia en pacientes quemados o para implementación en veterinaria.
Llamada esketamina, deberá consumirse en un consultorio o una clínica bajo supervisión médica solamente. Es un aerosol nasal desarrollado por la farmacéutica Janssen, una sucursal de Johnson & Johnson, que se comercializará bajo el nombre de Spravato. Este daría una nueva esperanza a los pacientes adultos en quienes la depresión resiste a las moléculas actualmente disponibles, como el Prozac.
La aprobación de la FDA abre las puertas a un tratamiento diferente en 30 años para “tratar esta debilitante enfermedad mental”, dijo Janssen en un comunicado.
Pierre de Maricourt, médico del hospital Sainte-Anne en París, quien participa en dos de las pruebas clínicas de fase 3 de la droga financiadas por Janssen, elogió la aprobación por las autoridades como “una gran evolución en el tratamiento de la depresión”.
Inquieta a los médicos
Cristian David Vargas, psiquiatra de la Facultad de medicina de la Universidad de Antioquia, señala que las propiedades antidepresivas de esta molécula aún no se conocen bien como antidepresivo, sí como un anestésico, y por eso él se plantea varias inquietudes.
Primero es importante decir que los antidepresivos tienen un problema: suelen actuar en la cuarta semana de su implementación. Por lo que en algunas ocasiones en esos primeros días se suelen acompañar de medicamentos para dormir y para la ansiedad.
Para Vargas este medicamento no es una panacea. Dice que “aunque en la escala de Montgomery–Åsberg –una de las que mide la depresión–, la ketamina ha sido estadísticamente relevante, esto no asegura que lo sea clínicamente”.
Argumenta que es importante conocer que después de 21 o 25 días de aplicarse la ketamina, su efecto se vuelve placebo. “Creo que todavía necesitamos más estudios que provean más explicaciones. Parece que estudiar esta molécula es muy importante pero no podemos ser absolutistas porque este medicamento, al menos intravenoso, no logra remisión de todos los síntomas, ni el tratamiento se mantiene a largo plazo”.
Otra preocupación que surge es que la esketamina, como la ketamina, tiene el potencial de abuso, y ambas drogas pueden inducir episodios psicóticos en personas con riesgos. “No sabemos si a largo plazo se tendrá un problema como el que hay hoy con los opioides”, agrega el especialista. En la década de 1980 y 1990 fue popular en Estados Unidos como una droga: la Especial K.
Según información de Janssen en The New York Times, el costo de un tratamiento de un mes será de entre $ 4,720 y $ 6,785 (de 15 a 21 millones de pesos).
Así que está bien la aprobación, pero habrá que ir con cuidado. Hay muchas preguntas.