Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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No está mal en principio, pero sí en exceso. Puede traer problemas mayores si no se trata a tiempo.
A treinta minutos de que comience el partido, las pulsaciones de Lidio Jiménez superan los 90 latidos por minuto. Está acelerado. Respira rápido. Sus jugadores calientan en la pista. El entrenador no para de moverse, estira las piernas, cruza los brazos, los suelta, se agarra del cuello. Las gradas se van llenando. Su equipo, el club de balonmano Liberbank Ciudad Encantada, juega esa noche en casa.
En ese momento van quintos. Perdieron el último partido y hoy no pueden fallar. Un periodista de televisión le hace una entrevista. Jiménez, de 40 años, le responde, pero está en otra cosa. Piensa en la estrategia de juego. Tiene sed de victoria. Miedo al fracaso.
“Venga, chavales, somos un equipo grande. Si me dan una leche, me levanto, ¿vale? Hay que dejarse la piel”, grita cual guerrero espartano.
Los soldados rugen. Desprenden fuerza, intensidad, testosterona. Saltan al campo. Pita el árbitro. Comienza la ofensiva. En el minuto seis expulsan a Mendoza, el capitán. Pieza clave para Jiménez....