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Esta es la historia de la ‘desparpajada’ esposa de Petro

Nació en una familia tradicional de Sincelejo y les dio lidia por su manera de ser. Se reúne todavía con sus amigas de colegio y le gusta, a modo de chiste, seguirlas

escandalizando.

  • Verónica Alcocer, esposa de Gustavo Petro
    Verónica Alcocer, esposa de Gustavo Petro
Publicado el 11 de mayo de 2022

A Verónica Alcocer García la conocen en Sincelejo como “La Polla” Alcocer, pocos saben el origen del apodo y dicen que se debe quizá a que a su padre le gustaban los gallos de pelea. Pero lo que sí saben es que es una mujer desparpajada, que fue Reina de las Festividades del 20 de enero y que nunca mostró pretensiones políticas ni altruistas, como las que ahora se echan de ver. Conocidas de Sincelejo la recuerdan como la que no parecía encajar en los códigos de su familia.

Por ser hija de una familia tradicional de Sucre, para muchos ha sido toda una sorpresa cómo se ha convertido en pieza clave de la campaña de Gustavo Petro, sobre todo por la transformación que ha tenido en los últimos meses que la han tratado de convertir en una réplica Lady Di.

Verónica Alcocer ha revelado una cara pública que no se le conoció cuando su esposo fue alcalde de Bogotá o senador de la República. Justo en redes sociales se celebra ese rol, por lo que en Sincelejo dicen así: “Sería una primera dama muy desabrochada. Ella es loca, pero no loca de orate, sino de desparpajada. Ya ha mostrado que es una gran bailarina, por ejemplo”.

Quizá de todas las esposas de los candidatos, la única que se ha convertido en un fenómeno es Verónica, que abrió su cuenta de Twitter en enero pasado y ya tiene casi 70 mil seguidores. Su estrategia digital ha consistido en viajar por todo el país mostrando plazas de mercado, parques naturales, ciudades, todo mientras conversa con la gente con aparente naturalidad. Su eslogan en entrevistas es que ahora está preocupada por ayudar.

Incluso en Medellín estuvo de paseo con la esposa de Daniel Quintero, Diana Osorio: juntas hicieron campaña por varios puntos estratégicos de la ciudad, en un acto que muchos han calificado como participación política por parte de la Gestora Social.

Aunque ha viajado mucho, no frecuenta su tierra natal, donde solo la recuerdan cada fin de año. Su última vez en Sincelejo fue en enero pasado, cuando se reunió con algunas amigas del Colegio de Nuestra Señora de las Mercedes. Estuvieron conversando tranquilamente, comentó de los planes que tendría en la Casa de Nariño y que está casi segura de la victoria.

Fue una charla tan amena que hasta se atrevió a decir un aparente chiste sobre una familia que había puesto un afiche del candidato Federico Gutiérrez: “A esos son los primeros que vamos a expropiar”. Aunque hubo risas, para algunos el comentario cayó pesado, pues les sonó a venganza, a que decía una verdad en medio de un chiste.

Algunos de esos amigos —de club, de fiesta, de parranda, o de las artes, pues se reconoce como una teatrera— dicen que desde muy pequeña ha sido carismática, alegre y disruptiva: “Le gustaba escandalizar, porque era de una familia muy chapada a la antigua. Incluso para esa familia fue muy duro cuando ella salió a estudiar a Cartagena y regresó en embarazo. En ese tiempo no era como ahora. Ella siempre apoyó a la comunidad LGBTI y cosas como el aborto, que ahora son normales pero por entonces eran bien difíciles”.

En una entrevista con la revista Bocas, habló sobre los papeles que ha desempeñado en campaña, sobre la salida del “insípido rol” de primera dama —como lo llamó la actriz Margarita Rosa de Francisco— y dijo: “El rol de la primera dama siempre ha estado marcado un poco por las funciones del Estado. Tienes que hacer esto o aquello, te encuadran. Pienso que una persona que tiene un cargo de ese tipo tiene que marcar la dirección de qué es lo que quiere hacer y con qué es lo que cuenta para ayudar (...) La agenda me la marco yo, pero sobre todo me la marcan las necesidades de la gente. Desde una perspectiva de ciudadana del común y corriente he visto ese rol supremamente distante. Creo que hay que estar en contacto con la gente para escucharla y canalizar lo que claramente necesita”.

La conexión conservadora

Pero en Sucre ha sorprendido esa repentina necesidad de escuchar a los ciudadanos. Un historiador dijo: “Aquí nunca ha visitado un barrio pobre ni ha hecho una obra de caridad. Incluso muchos se preguntan por qué se está prestando para hacer todos esos videos en las redes sociales. Ellos han sido de alta sociedad siempre, no es que fueran muy ricos, pero sí de un apellido muy importante, de tradición, su abuela doña Mena era una mujer de mucho trabajo cívico, pero Verónica no”.

Verónica es hija de Jorge Emilio Alcocer y Elizabeth García y su abuelo fue Eustorgio Alcocer Navas, quien fue alcalde dos veces, justo en la época del general Gustavo Rojas Pinilla. Al entonces al alcalde se le recuerda como un hombre conservador, de asistir con devoción a procesiones de Semana Santa y eucaristías en la catedral del parque Olaya Herrera. En el atrio de esa catedral, Gustavo Petro dio un discurso hace varios años y muchos recuerdan que peroró en contra de familias tradicionales que Verónica le susurraba a las espaldas, lo que cayó muy mal.

Gustavo Petro y Verónica Alcocer se conocieron en el año 2000. El ahora candidato había sido invitado a dar una conferencia en la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar), ella asistió y tuvieron un cruce espontáneo donde él le alabó los ojos verde esmeralda. Petro ese día se quedó a amanecer en un apartamento del piso tres de la calle Charcón, propiedad de la familia Montes Fernández, cuyo hijo más notorio es Juan Carlos Montes, el ingeniero que aparecería años después en un video entregándole fajos de billetes a Petro, que él entonces candidato guardo en una bolsa de basura.

Montes cuadró una cena a la que asistió Verónica por petición del conferencista. Fue el celestino que los unió. En diciembre de ese año se casaron con la bendición de su padre —Jorge Emilio— que pese a ser un godo redomado aprobó el matrimonio.

Aunque ha tenido bajo perfil en todos estos años, la familia Alcocer ha aparecido en varios momentos al lado de Petro. Justamente, María Teresa Alcocer —tía de Verónica— es esposa del exembajador de Colombia en Uruguay, Fernando Sanclemente, quien afronta un juicio después de que en su finca encontraron un laboratorio de cocaína. Sanclemente fue también gerente de Transmilenio en la Alcaldía de Petro.

María Teresa Alcocer, además, según el portal Cuestión Pública, está relacionada “con diez empresas como fundadora, propietaria o accionista. Tres de estas sociedades están matriculadas en Panamá y fueron incluidas en empresas offshore de Panama Papers, del Consorcio Internacional Periodistas de Investigación”.

En la época del cartel de la contratación de Bogotá, surgieron diversos rumores sobre los vínculos de Petro y los Nule, y él hoy candidato explicó que la relación se limitaba a la amistad de su esposa Verónica con Rina, la exesposa de Miguel Nule.

Pero no solo Verónica se ha acercado a la política. Entre los nietos del recordado alcalde, también salió político Mario Fernández Alcocer —primo de Verónica—, quien fue senador por el Partido Liberal y heredó los votantes a su esposa Ana María Castañeda, elegida senadora en 2018 por Cambio Radical.

Verónica, en 2019, sonó para candidata a la Alcaldía de Sincelejo —cargo para el que no solo iba a tener el apoyo de Petro, si no también de su primo Mario Fernández—, sin embargo destitió —según le dijo a Bocas— porque su hija Antonella estaba muy pequeña: “La niña se puso maluca pensando que, si ya al papá no lo ve mucho, a la mamá entonces tampoco. Empezó a tener dolores. Le dolía la pierna, el brazo, el ojo... Me llamaron al orden. Yo dije, primero los niños. Pero ahora Antonella está grande, le dediqué el suficiente tiempo. Ahora lo comprende”.

Justo ahora, cuando sus hijos ya crecieron y el esposo de Verónica Alcocer es el candidato con más intención de voto en el país, su “desparpajo” en la Casa de Nariño tal vez marque una pauta

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