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A propósito de abudinar, ¿cómo acepta la RAE una palabra?

Le explicamos el papel que cumple esta institución, con motivo de la tendencia en redes del verbo “abudinear”.

  • La Real Academia Española es considera la máxima autoridad del idioma español. FOTO SSTOCK.
    La Real Academia Española es considera la máxima autoridad del idioma español. FOTO SSTOCK.
LAURA FRANCO SALAZAR | Publicado el 07 de septiembre de 2021

A través de Twitter los internautas consultan dudas e inquietudes en relación al uso del lenguaje español. Lo hacen de manera directa etiquetando la cuenta oficial de la Real Academia Española (RAE), una institución con más de 300 años de historia, dedicada a la regularización lingüística.

El 30 de agosto un usuario de esta red social le preguntó a la RAE sobre el verbo “abudinar”. ¿Existe? ¿Qué significa? ¿En qué contextos puede usarse? La institución contestó dos días después, el 1 de septiembre, afirmando que había documentado dos formas del verbo en redes sociales.

El tuit se volvió viral en vista de que se relaciona directamente con un hecho coyuntural que atraviesa el país: la investigación en contra de Karen Abudinen, ministra de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, tras el escándalo por la pérdida de $70.000 millones de anticipo en un contrato que suscribió con la Unión Temporal Centros Poblados.

El verbo, que se derivaría de su apellido, está siendo usado como sinónimo de “robar” y “estafar”.

La ministra se dirigió a la RAE a través de Twitter señalando que “mi apellido y el de ningún ser humano puede ser utilizado para degradarlo, es un crimen”.

La Real Academia además aclaró que documentarlo no significa que se haya aceptado un término, respondiendo a la pregunta de otro usuario sobre si se había aceptado abudinear. “No. El servicio de consultas de la RAE respondió una duda sobre esos términos diciendo que se trata de derivados recientemente creados a partir del apellido de una política colombiana, que circulan en las redes sociales. En absoluto implica su reconocimiento oficial ni mucho menos su inclusión en el diccionario académico”.

El editor y corrector de estilo Juan David Villa explica que parte del trabajo lingüístico de la RAE es básicamente notarial, así que “documentar es tomar nota de que en alguna región del mundo hispano parlante están usando cierto término, o que para cierto término viejo ha aparecido una acepción nueva. Documentar es tomar nota de eso. Eso no implica que esté en el diccionario ni que la RAE la apruebe o la condene. Solo dice que sabemos que unas palabras se están usando”.

Entonces, ¿cuándo una palabra se acepta e, incluso, va al diccionario?

El papel de la Real Academia Española (RAE)

La RAE es considera la máxima autoridad del idioma español, explica Fernando Ávila, representante de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) en Colombia, “por eso abogados, científicos, escritores, periodistas acuden a sus normas para elaborar sus escritos”.

Sus directrices están registradas en la “Ortografía de la lengua española” (2010); el “Diccionario de la lengua española” (2014, 23.a edición), actualizado en 2017, 2018, 2019 y 2020; el “Diccionario panhispánico de dudas” (2005); el “Diccionario de americanismos” (2010), y el “Diccionario panhispánico del español jurídico” (2020).

“Es tan reconocida su autoridad que la gente del común suele decir, cuando no encuentra una palabra en el Diccionario de la lengua española: ‘¡esa palabra no existe!’”, comenta Ávila.

Cuando una palabra no existe

Entre las funciones de la RAE se encuentra observar y documentar los cambios, modificaciones, reconfiguraciones y nuevos usos del lenguaje, comenta Mario Morales, analista y docente de la Pontificia Universidad Javeriana. “Sus miembros de número (elegidos por el pleno de la academia por su alta cualificación) están al tanto de la evolución de términos”.

Su misión, continúa, no es establecer cambios sino detectarlos y determinar si otorga o no una licencia simbólica de uso.

El reconocimiento de una palabra puede ser propuesto por uno de los académicos, una de las academias (hay 23 distribuidas en países de habla hispana), la Fundéu o cualquier otra persona o institución. A partir de allí, detalla Ávila, “la RAE radica la solicitud, la estudia y la puede dejar en un enorme archivo de palabras de uso esporádico, transitorio, efímero o permanente”.

Si la palabra se convierte en voz de uso permanente puede pasar al Diccionario, siempre y cuando tenga escritura y pronunciación acorde a la morfológica propia de la lengua española.

Cuando esto ocurre, la palabra pasa a formar parte del patrimonio léxico español. Debe escribirse y pronunciarse tal como quede establecido en el diccionario. Su significado será, en principio, el que le da el diccionario. “Incluso en litigios se tendrá en cuenta, en primera instancia, el significado que el Diccionario de la lengua española le dé a un término dudoso o discutible”, complementa Ávila.

Tiempo y uso extendido

El tiempo de uso que tenga la palabra, y si se da o no de manera generalizada, también son condiciones tenidas en cuenta por la RAE para incluir términos en el diccionario. “Cuando la palabra se generaliza, algo que sucede más gracias a los distintos medios de comunicación, y comienza a usarse en la mayoría de los países, le quitan el nivel de registro y la pasan a nivel estándar (de uso extendido)”, agrega Francisco Vanegas, docente del Departamento de Humanidades de la Universidad CES, además, señala que cuando esto ocurre siempre hay un comunicado oficial.

La RAE documenta entonces la evolución natural del lenguaje. Morales coincide con Vanegas, sin embargo, para él no es posible hablar de tiempos de uso, sino de procesos. “El lenguaje es un organismo vivo, surgen palabras y se olvidan otras. Estos procesos pueden ser paulatinos, demorados, pero ahora con la profusión de medios y canales, pueden resultar más rápido”.

Finalmente, las redes sociales han pasado a ser una extensión más de la vida, por eso, continúa Morales, en ellas se refleja cómo los ciudadanos incorporan la actualidad, el momento coyuntural, a su habla, desde una perspectiva que llega a ser incluso picaresca. “Eso muestra el dinamismo de la lengua, su vivacidad y energía. El significado y el lugar de enunciación le dan una potencia fuerte que va más allá de los tiempos y canales, tiene que ver con su riqueza y dinamismo”, concluye.

Si quiere más información:

Laura Franco Salazar

Periodista convencida de la función social de su profesión, de la importancia del apoyo mutuo, la educación y el arte.


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