El Mamm inauguró su segundo bloque expositivo del año con cuatro grandes proyectos que abordan el océano, el sonido, los sistemas de conservación y el subsuelo, para conectar a Medellín con nuevas miradas sobre el clima, el territorio y la memoria.
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Son cuatro exposiciones individuales, tres están en la nave central del museo, La boca donde el agua engendra el agua de Astrid González con curaduría de Carolina Chacón, El movimiento de un registro fluvial de Gala Porras-Kim con curaduría de Natalia Valencia; y Los años de la piedra de Pedro Gómez-Egaña con curaduría de Cristina Vasco. En el tercer piso, en el Lab3, la sala de exposiciones sonoras, está Enjambre de Félix Blume con curaduría de Jorge Barco.
Este nuevo ciclo tiene entre sus propósitos acercar a los visitantes con aquello que suele permanecer fuera de nuestra mirada: lo que ocurre bajo la superficie, los rastros que deja el tiempo, las formas en que conservamos la memoria y las relaciones que establecemos con otros seres y con el planeta, explican desde el museo.
Son apenas cuatro obras, pero son todas enormes e integran diversos formatos: escultura, instalación, audio y video, en un montaje que rompe el formato tradicional, pues algunas atraviesan las paredes de las salas, en ese juego de traer a la superficie aquello que no vemos. Las exposiciones son una invitación a preguntarnos por eso que está debajo, oscuro.
“El fondo del mar sigue siendo un misterio. La ciencia ha tendido a llamar oscuro a aquello cuya naturaleza aún no comprende; de ahí, términos como materia oscura o energía oscura. Paradójicamente, conocemos menos las profundidades oceánicas que ciertas regiones del espacio exterior. Así, la oscuridad no designa una ausencia, sino el límite del conocimiento occidental. Y es en ese límite donde se inica el territorio de refugio, resistencia y autonomía del pensamiento negro”, dice el texto curatorial de La boca donde el agua engendra el agua.
Este trabajo explora el océano como cementerio y territorio de liberación, –se calcula que alrededor de 2 millones de africanos esclavizados murieron al cruzar el océano Atlántico durante el periodo de la trata transatlántica de esclavos–, pero también como un escenario de imaginación radical encontrando relaciones, lenguajes y posibilidades a partir de creencias y tradiciones del vudú haitiano y del pacífico colombiano.
Por su parte, El movimiento de un registro fluvial, explora como las instituciones y estructuras de poder construyen los relatos alrededor de los objetos culturales.
Los años de la piedra indaga por la relación de lo doméstico y lo geológico. Un cuestionamiento que nació de un pedacito de carbón tallado.
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Y finalmente, Enjambre invita al público a sumergirse en una experiencia de escucha radical donde 250 pequeños altavoces suspendidos desde el techo reproducen el sonido individual de abejas en pleno vuelo.
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