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Débora Arango llega al corazón de Medellín con una exposición permanente en el Museo de Antioquia

Este sábado se inaugura El mundo en primera persona, una exposición que incluye 118 obras de Débora Arango y que estará de forma permanente en la sala Historias para repensar del Museo de Antioquia.

  • Débora Arango nació el 11 de noviembre de 1907 y murió el 4 de diciembre de 2005. FOTO Camilo suárez Echeverry.
    Débora Arango nació el 11 de noviembre de 1907 y murió el 4 de diciembre de 2005. FOTO Camilo suárez Echeverry.
  • La exposición reúne 118 obras de la maestra. FOTO Camilo Suárez
    La exposición reúne 118 obras de la maestra. FOTO Camilo Suárez
  • Las obras de Débora Arango en el Museo de Antioquia. FOTO Camilo Suárez
    Las obras de Débora Arango en el Museo de Antioquia. FOTO Camilo Suárez
Sara Kapkin

Tendencias

31 de julio de 2026
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Débora Arango está pintando mejor todos los años. Suena raro, sobre todo porque la artista murió hace poco más de 20 años, pero es lo que dice Camilo Castaño, curador de la exposición El mundo en primera persona que se inaugura este sábado en el Museo de Antioquia. Él lo dice porque Débora supo ver lo humano y retratarlo, por eso su obra se mantiene vigente.

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–Ella se conectó con algo tan grande y fue tan honesta en su trabajo y en su vida, que por eso, mientras la discusión sobre lo que es un ser humano exista, su obra seguirá siendo relevante. Hoy, la noción de ser humano que parecía tan clara, está siendo cuestionada por la tecnología, la Inteligencia Artificial, la guerra, las crisis, por eso la obra de Débora es absolutamente contemporánea –dice Camilo.

El mundo en primera persona, reúne 118 obras, entre pinturas, acuarelas, dibujos y cerámicas, que permiten conocer una perspectiva íntima y a veces doméstica de la maestra. Las obras, que estaban en manos de su familia, fueron entregadas al museo en comodato.

–Esos cuadros estaban colgados en mi finca. Son demasiados especiales para mí, y yo creo que para Colombia, porque hacen parte de la historia de una mujer que verdaderamente defendió los derechos de las mujeres. Ella fue una mujer atrevida, que hizo cosas que para la época fueron demasiado difíciles. Ella hizo lo que quiso, así de sencillo –cuenta Pedro Estrada Londoño, sobrino de Débora.

La exposición reúne 118 obras de la maestra. FOTO Camilo Suárez
La exposición reúne 118 obras de la maestra. FOTO Camilo Suárez

La exposición hace parte de Historias para repensar, una sala de larga duración que recorre un periodo de tiempo que va más de 1880 hasta 1950 y presenta una selección de obras que buscan cuestionar y reflexionar sobre la historia, la identidad y la cultura local y nacional.

–En ese período pasaron demasiadas cosas en Colombia, en el mundo, en Antioquia y en el arte, pero ¿qué pasaba? Se contaba una historia muy genérica, y sobre todo, de muchos artistas hombres, una historia que tenía que lidiar con la épica, con la antioqueñidad, con esos mitos de lo que somos como sociedad, entonces cuando llega este cuerpo de obras que es tan personal, que tiene un gran componente autobiográfico es muy interesante porque se vuelve una oposición entre la intimidad y la historia personal, y la épica de la Historia con mayúsculas de Antioquia –dice Camilo.

Lo de Débora es una intimidad política, en sus obras se articula lo íntimo con lo público, lo personal y lo social. La suya es una mirada que se extraña de lo cotidiano, que desnaturaliza.

“Yo soy muy sensible, yo me conmuevo muy fácil. Yo veo una pobre mujer y casi que con verla por ahí en la calle así, me duele y me compadece, y yo no sé, entonces siento como una cosa contra la sociedad y contra todo que la pinto así (...) La gente cree que yo me metí a esas casa de prostitutas o algo, nada. Yo con verlas un minuto tenía ya para formarme mi cuadro. Y muchas veces, eso sí, cuando íbamos para el colegio, anteriormente, ver como cogía la policía una mujer de esas, ni arrastrando un animal por la mitad de la calle, pobrecita toda borracha. Hombres no veía, pero si veía mujeres”, le dijo Débora al periodista Darío Arizmendi en una entrevista para el programa Cara a cara en 1995.

Esa mirada se sostiene aún hoy, en su obra, en esta nueva exposición. Lo que pasa afuera del museo –la prostitución, la pobreza, la marginalidad, la violencia– y miramos sin ver, es lo que se ve en sus obras, y allí se vuelve inevitable, incómodo, provocador. El mundo en primera persona, es una mirada a lo que somos, pero sobre, todo a lo que no queremos ver, a lo que nos negamos a reconocer. De ahí su grandeza, pero también la censura y el rechazo que generó su trabajo y que la llevó al aislamiento de la vida pública y del circuito artístico.

“El mundo pintado por Débora Arango es un mundo visto y descrito en primera persona, aunque no necesariamente es autobiográfico –y, con alguna excepción–, la artista nunca es la protagonista. Sin embargo, su mirada siempre se percibe y se impone, porque nos hace partícipes de ella, hasta el punto de exigir una especie de complicidad, en parte porque sus personajes ocupan el espacio pictórico de manera frontal y directa, y, por otro lado, porque una de sus muchas rupturas –en este caso con el arte académico–, es la ausencia total de perspectiva”, escribió Camilo en el texto curatorial de la exposición.

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Allí explica lo transgresora que fue Débora Arango. Dice también que “Su obra rompió con todos los cánones de lo que se esperaba del arte en nuestro contexto: seguir el libreto académico occidental de orden, belleza y armonía, a pesar de que fuera tan lejano a nuestra realidad, y negara nuestras carencias, problemas, y tensiones políticas y sociales. Su ruptura también fue con lo que se esperaba de una mujer, otro canon, el del ama de casa, el de la esposa, el de la madre, roles que de manera consciente evitó asumir en su vida personal pero nunca descuidó desde su rol de artista, por esos sus maternidades no son idealizadas a la manera de la pintura religiosa de vírgenes, o reducidas a la mera sensibilidad o la ternura, son crudas, duras, pero siempre empáticas con los dramas representados, con los cuerpos de las mujeres protagonistas de su obra”.

Débora transgredió todo y lo hizo porque se mantuvo siempre fiel a sí misma, y esa es, quizás, la máxima forma de rebeldía. Era una mujer católica devota, que estuvo a punto de ser excomulgada por pintar desnudos, y aunque eso la preocupaba y la entristecía no hizo que dejara de pintar.

–Débora es lava volcánica, es agudeza. Saber pintar y saber dibujar no es que te quede igual a la realidad, es saber ver. Ella aprendió a ver y se expuso a cosas que la gente no quiere ver. Era una persona profundamente sensible y empática. No podía no ver. Cuando uno encuentra eso no tiene vuelta atrás –dice Camilo.

Lo de Débora era un acto de sensatez, de responsabilidad.

“Nunca he vivido entre la política ni me he interesado por ella. Es más, me considero apolítica. Para mí lo mismo es un godo que un liberal. Sin embargo, como vivimos en un medio en el que siempre suceden muchas cosas que de una manera u otra nos afectan, esos sucesos necesariamente se hacen presentar en la obra de un artista que piensa y siente como yo (...) un artista no puede vivir alejado del mundo. Por el contrario, ese mundo, esa realidad que lo rodea se meten en su obra. A través de ella denunciamos y mostramos lo que sucede. Es nuestra manera de comprometernos con la sociedad. Consciente o inconscientemente lo hacemos...”, se lee en una de las paredes de la sala. La cita es del texto Una pintora proscrita, de María Cristina Laverde Toscano y aparece en Así hablan los artistas, Universidad central (1986).

Débora, en el corazón de Medellín

Las obras de Débora Arango en el Museo de Antioquia. FOTO Camilo Suárez
Las obras de Débora Arango en el Museo de Antioquia. FOTO Camilo Suárez

Aunque el montaje de la exposición se hizo en apenas cuatro meses, el proceso para que las obras llegaran al museo se demoró un par de años.

Antes de la pandemia, Cecilia Londoño de Estrada, la sobrina que acompañó a Débora en sus últimos años de vida, se acercó al museo para contarles de la colección que todavía tenían en la casa. Hay que recordar que Débora donó casi la totalidad de su obra al Museo de Arte Moderno de Medellín. En 1986 entregó 188 obras y un año después, en 1987, cedió otras 46 piezas.

Pero empezando apenas las conversaciones, Cecilia enfermó y la comunicación se detuvo. Tiempo después los hijos de Cecilia contactaron al museo, querían hacer un catálogo razonado –un inventario exhaustivo que documenta todas las obras conocidas de un artista–, ahí retomaron la conversación que el museo tenía con Cecilia y el resultado fue la entrega en comodato de 108, obras, que son en realidad 118 pues hay 10 que tienen dibujos por lado y lado.

Este cuerpo de obras es mucho más íntimo, incluye los retratos de sus seres más queridos, pero también desnudos, mujeres, autoridades, en fin, los personajes y temas que habitan el universo expositivo de Débora.

–Si uno tiene un museo como el Museo de Antioquia, lo que más anhela es presentar extensamente a una artista como Débora Arango, porque es como una fuente de la cual manan otros artistas. Ella no tuvo descendencia, pero muchos artistas sí son sus hijos y nietos, entonces tener esa especie de corazón o de madre hace que el relato mejore mucho. Lo otro es que ella nos ha motivado para crear en esa sala Historia para repensar, una presencia muy contundente de mujeres. Sería la primera vez, gracias a ella, en que una sala de larga duración la comandan mujeres artistas. Ella es tan fértil, que hasta nos suscita semejante movimiento silenciosos y amoroso, pero real. Es como que la obra vuelve a traer toda esa fuerza que ella tenía. Uno se entristece porque en vida para ella fue muy duro, pero si hay un cielo, una eternidad para los artistas son los museos –detalla María del Rosario Escobar, directora del Museo de Antioquia.

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La apertura de la exposición, El mundo en primera persona es parte de un homenaje más amplio a la maestra Débora Arango, impulsado por la Promotora Cultural en el marco de la segunda edición de la Temporada Cultural de Medellín.

“Este año, la ciudad va a rendirle un homenaje muy importante a la maestra Débora Arango, una de las artistas más importantes del siglo XX en este país. Vamos a reunir organizaciones culturales que van a presentar una programación para que la ciudad pueda recorrer la obra de esta importante artista: Museo de Antioquia, Museo de Arte Moderno, Museo Pedro Nel Gómez y Casa Museo Otraparte. Los esperamos del 25 de septiembre al 25 de octubre para que vivamos a Medellín en clave de cultura”, dijo Lina Botero, directora de la Promotora Cultural.

Los detalles la programación de la Temporada Cultural y el homenaje a Débora se conocerán a finales de agosto.

La llegada de la obra de Débora al museo pone a la maestra en el corazón de Medellín, la lleva de vuelta al el centro de la ciudad, el lugar donde creció y vio tanto de lo que luego plasmó en su obra.

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Y así se abre, quizás, una nueva etapa para su obra, que podrá ser visitada de forma permanente por locales y visitantes. Este diálogo de la ciudad con Débora es una oportunidad inmensa para repensarnos como personas y como sociedad.

–Esto significa una cosa muy importante, es que muchas veces como nación, tenemos baja autoestima sobre lo que somos y sobre lo que tenemos, como que a veces no acabamos de creernos las cosas, y si un museo no es capaz de declarar que sus artistas son muy buenos, nadie lo va a hacer por nosotros. Sin chauvinismos, sin vanidades excesivas, sino de verdad:hemos tenido artistas impresionantes, importantísimos, excelentes, excepcionales, entonces esto significa un montón para que la gente que venga pueda verse reflejada, que de verdad encuentre en ese reflejo cosas que los hagan sentir un asunto de pertenencia y un aporte para entender y leer el mundo desde maneras distintas, desde la abundancia, desde la capacidad crítica, desde la empatía, desde cosas y sentimientos que son humanos. Eso es muy importante –concluye Camilo.

¿Qué obras se pueden ver en la exposición El mundo en primera persona de Débora Arango?
La exposición reúne 118 obras entre pinturas, acuarelas, dibujos y cerámicas que muestran una faceta más íntima de la artista. Estas piezas, que permanecían en poder de su familia, fueron entregadas al Museo de Antioquia en comodato e incluyen retratos, desnudos, escenas cotidianas y personajes que marcaron su producción artística.
¿Dónde estará ubicada la exposición permanente de Débora Arango en Medellín?
La exposición se presenta en el Museo de Antioquia, dentro de la sala de larga duración Historias para repensar. Allí las obras podrán ser visitadas de forma permanente como parte del recorrido dedicado a la historia, la identidad y la cultura entre 1880 y 1950.
¿Por qué Débora Arango fue una artista tan polémica en su época?
Porque rompió con los cánones artísticos y sociales de su tiempo. Pintó desnudos, retrató la prostitución, la pobreza, la violencia y la realidad política del país, además de desafiar el papel tradicional asignado a las mujeres.

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