El 9, 10 y 11 de abril, a las 7:30 p. m., en el Ateneo Porfirio Barba Jacob, con entrada de aporte voluntario, el grupo de teatro Escena 3 presentará la obra Motel de mala muerte, una puesta en escena dirigida y escrita por Alfredo Mejía Vélez, que aborda el feminicidio a partir de una estructura que combina comedia y denuncia social.
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La obra, interpretada por Diana Torres, Marisol Graciano y David Mesa Hernández, tiene una duración de una hora. Debido a su lenguaje y a las situaciones que se desarrollan en escena se recomienda que los asistentes sean mayores de 14 años. Antes de este estreno en la ciudad, la obra se presentó en Copacabana, Antioquia, en Bogotá y en Argentina.
Mejía Vélez le contó a EL COLOMBIANO que la obra surgió de un proceso de investigación motivado por un caso cercano de feminicidio, ocurrido en 2024 en Copacabana. La víctima, una joven de 19 años vinculada en su adolescencia a procesos teatrales, fue asesinada por un hombre que también había participado en espacios similares. Este hecho desencadenó en el grupo una indagación sobre las cifras del feminicidio en la región.
El equipo creativo consultó datos de organizaciones no gubernamentales, entidades públicas y reportes de prensa. De acuerdo con Mejía Vélez, las cifras analizadas evidencian un aumento sostenido de los casos y altos niveles de impunidad. Entre los datos recopilados, se señala que la mayoría de los casos queda sin condenas ni esclarecimientos judiciales de los hechos.
A partir de este material, la obra no recrea directamente el caso real, sino que construye una ficción situada en un motel de las afueras de la ciudad. Allí transcurre la historia de una pareja de amantes durante una noche que atraviesa distintas situaciones, inicialmente tratadas desde el humor. Paralelamente, aparece un tercer personaje: una trabajadora del motel, cuya presencia introduce elementos de tensión que anticipan un desenlace trágico.
El montaje articula además relatos recogidos mediante una convocatoria abierta en redes sociales, en la que el público compartió experiencias relacionadas con moteles. Estas historias, en su mayoría anecdóticas o humorísticas, fueron integradas en una sola narrativa que contrasta con el trasfondo de violencia.
“La obra transita por momentos de comedia, pero al final hay un giro que confronta al espectador con las cifras reales”, explicó el director. En ese cierre, se incorporan datos documentados sobre feminicidio, con el objetivo de mostrar que detrás de los números existen historias individuales.
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Uno de los retos del montaje fue la construcción del personaje femenino protagonista, evitando representaciones estereotipadas de la víctima. Otro desafío fue integrar la investigación documental con una propuesta teatral que mantuviera el interés del público. “La intención no es solo denunciar, sino también ofrecer una experiencia escénica que funcione como obra”, señaló el director, al referirse a la necesidad de combinar entretenimiento y reflexión.
La obra pretende abrir un diálogo sobre los afectos.