Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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En las tablas desde 1956, el director experimenta en la Casa del Teatro.
Gilberto Martínez no es ateo: nació ateo. Esta característica, aceptémosla innata, en la que él hace énfasis, la ha ido cultivando a lo largo de su vida.
Sentado en una de las sillas de mimbre que heredó de su madre, en la sala del apartamento situado en el piso 12 de un edificio del Centro de Medellín, este hombre de teatro toma una bebida aromática en un pocillo decorado con numerosas letras equis. Su vida, al lado de Gloria Tobón, compañera y cómplice de sus aventuras teatrales —y de las otras— está dominada por lo académico. Leer, reflexionar, escribir. Está convaleciente de una enfermedad y, sin embargo, no se concede descanso en estos asuntos.
«Al menos ya puedo escribir en el computador, lo que he venido escribiendo, por días, en mi mente»....