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“Me gusta buscar la rebeldía, pero no evitar el dolor”

Lo dice la escritora Laura Restrepo, conversando sobre su libro más reciente, Canción de antiguos amantes.

  • Laura Restrepo estuvo en la ciudad, primero en la Fiesta del Libro, luego recorriendo bibliotecas y librerías. FOTO Jaime Pérez
    Laura Restrepo estuvo en la ciudad, primero en la Fiesta del Libro, luego recorriendo bibliotecas y librerías. FOTO Jaime Pérez
  • “Me gusta buscar la rebeldía, pero no evitar el dolor”
Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 25 de septiembre de 2022

Cuando Laura Restrepo estaba escribiendo Canción de antiguos amantes le avisaron que en el sótano había una humedad, así que bajó y se encontró una caja con varios manuscritos de su abuelo Enrique Restrepo, que también era escritor, y que ella no había abierto. Subió la caja, la revisó y de pronto se encontró un borrador inédito, En el nombre de Alá, justo una novela que sucede en Yemen, esa ciudad en la que ella estaba escudriñando.

—Eso fue muy bonito. Mira que de todas maneras era muy extraño escribir para mí de Yemen, un país con el que no tenía vínculos antes de ir, la verdad ni siquiera podía ubicarlo bien en el mapa. En esa novela, que obviamente no está terminada, estaban los apuntes, se ve que la mecanografió en tinta morada y tiene las correcciones de su puño y letra. El personaje de esa novela se llama Mirza Hussain, y yo lo incorporé a la novela como ese viejo vendedor de alfombras que ya no tiene alfombras, pero sigue recorriendo los pueblos. Las frases que él dice son tomadas del abuelo.

P. 180. De él se dice que habla todos los idiomas y que en su tiempo fue un rico comerciante. Luego dejó de tener alfombras para ofrecer, pero seguía apareciendo allí y allá con su camello centenario cargado de chucherías made in China.

***

Este libro se escribió después de un viaje de la escritora con Médicos Sin Fronteras. Ya había hecho artículos periodísticos, pero habían quedado muchas ideas para la ficción.

—¿Cuándo decidió que había historias para una novela?

—Todo el tiempo, porque yo hago periodismo, pero siempre estoy pensando cómo se vuelve novela, cómo lo utilizo después. Ahora, lo que me dio a mí la clave de Canción de antiguos amantes fue saber que estaba recorriendo el territorio de lo que corresponde al mítico Reino de Saba, que es Yemen, Somalia y Etiopía, y oír a las mujeres, que cuando les preguntaba “cómo te llamas, de dónde vienes”, me decían, “soy descendiente de la Reina de Saba”. Eso fue impresionante, porque es el instante en el que la realidad y el mito se vuelven una sola cosa. Ahí yo dije, aquí hay terreno para una novela, la novela tiene que salir de este nudo, de lo real y de lo mítico.

—Sus libros no se quedan solo en la historia, reflexiona sobre la realidad, la sociedad

—Ese es el intento, que sea por un lado una lectura que al lector lo arrulle, que lo entretenga, que no sea a trancazos sino que fluya, y al mismo tiempo tratar de ahondar lo más posible en un cierto ángulo de la realidad que no haya sido muy tratado antes.

—En esta novela son los desterrados, y aun más difícil, las mujeres desterradas. Ese es un tema que le interesa

—Siempre me ha encantado. Está en La Multitud Errante, en Hot Sur... Ahora lo retomo con la comprobación de que es el mismo río de mujeres migrantes que recorre internamente nuestra Colombia en el desplazamiento por la violencia, que sube por Centroamérica y que trata de entrar a Estados Unidos, que atraviesa El Mediterráneo, donde se mueren tantos, por eso le están diciendo el mar de la muerte, y ahora encontrarlas en ese otro escenario que es el desierto del Yemen en Somalia y en Etiopía, y darte cuenta de que son las mismas pasiones, el mismo valor, el mismo sufrimiento, el mismo empeño de todas maneras de sobreponerse y llegar a algún lado donde la vida sea posible, sino por ellas, por sus hijos.

—Y en la novela se van mezclando las historias de realidad y ficción. Hay una imagen muy fuerte, por ejemplo, de una niña tratando de tener un bebé...

—Digamos que la novela es de ficción, pero los fragmentos que tienen que ver con Médicos Sin Fronteras son producto de vivencias reales, que además fueron reportajes publicados y de los que están las fotos porque íbamos acompañados de fotógrafos. Ese fue un momento muy fuerte, yo quise contarlo hacia el final porque era la tremenda dificultad de esa chiquita que debía tener unos 13 años, con un problema de salud, con ese embarazo que no creíamos que podría salir viva ni ella ni el niño, y finalmente sale bien la criatura, y ahí ya se me fueron las luces y me fui al piso. Después de estar tres horas parada presenciando el parto, ya no pude más y se me fueron las luces.

—Después, ¿cómo lo revivió?

—Afortunadamente, ahí aprendí cosas. Cuando se me fueron las luces me levantaron, me sacaron a un corredor, me dieron agüita con azúcar, y cuando volví en mí, de pronto abrí los ojos y vi a Colombia, era el paisaje ondulado, el paisaje cafetero, las hojas más claras del plátano que siembran para dar sombra. Era Colombia. Etiopía, donde sucedió esto, es tierra cafetera, además que está en la misma latitud de Colombia. El clima, esa sensación de frescura, ese olor a verde. Era Colombia. Una vez más confirmar que estés donde estés, el planeta es el mismo, y ahí también el empeño de los médicos y las médicas en salvar ese niñito. Tú sabes que Etiopía es uno de los países del mundo con la tasa poblacional más alta, tienen un nivel de nacimientos elevadísimo y ellos, los Médicos Sin Fronteras, propician control natal, pero al mismo tiempo me decían que si viene una mujer embarazada, y si nace un niño, “nosotros hacemos de cuenta que ese es el único niño del mundo”.

Pág. 354. Vamos ya por la media mañana y el niño de Barakat no logra salir. Es un torito que embiste, cansado de buscar escape, dando cabezazos contra un muro. Ya lucha poco, se ha quedado sin fuerzas. A esta muchacha habría que hacerla llegar enseguida a donde puedan practicarle una cesárea, pero el camino se borra bajo la lluvia y no logramos avanzar. Parirás con dolor, dice la Biblia. ¿Pero tanto dolor?

Eso de que vio a Colombia en el paisaje me hace pensar que el conflicto es muy del ser humano. Salimos de una pandemia y nos entramos a una guerra. Allá y acá hay gente sufriendo, aunque los problemas parezcan distintos, son conflictos, al fin y al cabo.

—Hay una situación especial en el tercer mundo, porque nos han castigado mucho. En esa región tú puedes decir que están llenos de conflicto por razones religiosas y raciales, y al mismo tiempo cuenta cuántas veces los han invadido, saqueado, destruido, de hecho, formando fronteras artificiales entre los países y dividiendo lo que son tribus, separando con una frontera por donde no pueden pasar. En este momento Yemen, toda esta crisis de colapso de una civilización es más acentuado, porque la sequía, la hambruna, la langosta, la peste, todo los está azotando y además está siendo bombardeado por una alianza de Estados Unidos e Inglaterra y Arabia Saudita, y es uno como “¿cómo bombardean a esta gente, por qué, qué les quieren quitar que los están bombardeando así?”. Hay que preguntarse no solo qué pasa en el tercer mundo que es tan violento, y no te quiero decir que no tengamos responsabilidad en ello, tenemos que superar la propia cultura de la violencia, pero también qué pasado tenemos de despojo, de desconocimiento, de irrespeto, de maltrato sistemático durante siglos.

***

Este fue un viaje en el que Laura aprendió mucho y conoció unas tierras con valor histórico en las que, de pronto, le señalaban que ese era el territorio del Arca de Noé. Tierras bíblicas y, para ella que ha viajado tanto, las ciudades del Yemen son las más hermosas que ha visto. Nunca había encontrado nada similar.

—Son las primeras ciudades habitadas del planeta, por eso toda la historia legendaria y mítica y bíblica está tan viva. Alrededor es una modernidad toda desbaratada que vemos en el tercer mundo, pero cuando traspasas las murallas de una ciudad como Saná, que es la capital, es un viaje en el tiempo, porque es el medioevo musulmán intacto, como al Yemen desde hace tiempo no llega nadie, está intacto. Las torres de adobe de hasta 12 pisos, los huertos muy aromáticos en la mitad de esa ciudad del desierto. Son Las Mil y una noches, la verdad. Los cielos son negrísimos, como no son tocados por la luz, están cuajados de estrellas, como los boleros, aunque suene cursi.

—De la Reina de Saba también le llamó la atención su sabiduría

—Ella sale en la Biblia y en El Corán... Normalmente las mujeres bíblicas o son madres o son santas o son vírgenes o de pronto alguna se armó de valor y mató a alguno o le cortó el pelo o la cabeza, pero esta es la única que está porque es poderosa, porque ella era la gobernanta del reino más poderoso que había en ese momento, y además sabia. Ella aparece en la Biblia porque ella, que es muy leída, va a confirmar que el rey Salomón es sabio. Es como una especie de concurso de los dos, a ver cuál raja al otro en sabiduría. Mira que entre esas mujeres migrantes que las ves ahí en harapos y quemadas por el Sol, después de atravesar el desierto, era muy bonito no solo ver el orgullo y la presencia de ánimo de saber que ellas tienen por detrás esa tradición milenaria, sino también que yo les preguntaba “¿qué estás buscando con esa travesía?”, y antes de decir comida o techo o salud decían “quiero estudiar”.

—La Reina de Saba se siente muy humana, muy cercana

—Esa era la idea, la primera impresión mía es que la Reina de Saba era como ellas. No era la del trono ni la del cetro ni la de las joyas ni la de como la ha pintado la imaginería a través de los siglos sino que era la reina caminante, migrante, la desterrada y destronada. Me gustó mucho también recoger una tradición que dice que ella tenía una pierna extraña, en partes dicen que era una pata de cabra. En Francia, por ejemplo, se dice que las abuelas y bisabuelas de Carlos Magno venían de la Reina de Saba y se las llama las Bertas Piegrandes, porque tenían pata de gansa. Me pareció que la reina caminante tenía que ser primero destronada, no tenía reino, no tenía palacio y además era coja, o sea que superaba esa dificultad para recorrer distancias.

***

Canción de antiguos amantes es narrada por Bos Mutas, y es un juego entre el presente y el pasado. Laura explica que es un pacto con el lector de que el pasado, el presente y el futuro se fundan en uno, contar sin que el tiempo sea una secuencia, sino que es de ida y de vuelta. Porque así se siente en estos lugares: el pasado está muy vivo y se asume como tal. Luego está la inmensidad del desierto, esa cosa sin límites, sin horizonte a la vista que hace mover en una especie, dice ella, de tiempo sin tiempo. Así que es un viaje geográfico, pero también en el tiempo. Y ahí el tono de la novela, de cómo se cuenta, tiene mucho que ver.

—Lo complicado era hacer que el lector se sintiera cómodo nadando en esas aguas tan revueltas, y también la idea es, porque después de estar ahí y haber sentido si el fin del mundo está cerca, en este lugar ya empezó, ya está sucediendo. Suponte tú que íbamos a ir a un pueblo y nos decían “no se puede ir porque llegó la langosta”, y luego decíamos, entonces vamos a tal sitio, “no, no se puede porque lo borraron a bombas, ya no existe”. Después me encerré a escribir en la casa y llegó la pandemia, y lo que era una sensación muy intensa de ese lugar lejano, de pronto se volvió la sensación de la humanidad entera porque la pandemia fue un llamado de atención brutal. Las cosas no vuelve a ser las mismas, el calentamiento global, la crisis económica, la guerra, la hambruna, la falta de agua. Yo me sentí como en el compromiso de buscar una manera distinta de narrar, si vivimos en un mundo distinto, habrá que contarlo de distinta manera. Era una apuesta, porque podía salir mal, un revoltijo que el lector no se hallara allí. Por eso me pareció importante que la historia de amor o las dos historias de amor fueran un eje narrativo en el que el lector se pudiera montar para no sentir todos los timonazos que se dan en la novela.

—En este libro igual hay mucho dolor

—Es que no puede ser igual. Siempre me gusta buscar la rebeldía, la resistencia, la fortaleza, la alegría, pero no evitando el dolor, porque me parecería falso. No podés contar una historia humana desconociendo el dolor. La muerte tiene una presencia permanente, puede que haya sociedades que pretendan ignorarla, pero es su problema.

Contexto de la Noticia

En un minuto También una novela de amor

–Al final hay una frase que dice “porque el amor no viene cuando lo llaman, sino cuando él quiere”

—Creo que es verdad, y en este caso el amor entendido como el amor de las parejas, pero también como una reconciliación con ese planeta que hemos agredido tanto, un acercamiento de lo humano con lo animal, de un ser humano con otro, el reconocimiento del otro, porque cuando estás en una situación tan crítica, que se va a extender, que ya nos está tocando, pues lo que rescatas es el amor, la solidaridad, el reencuentro con el otro, el reconocimiento, el respeto, el tender la mano, y eso a la hora de la verdad es lo único que salva. Inclusive la literatura misma como una forma de estar ahí, no dar la espalda. No solamente la escritura sino la lectura como una forma de compañía.

Si quiere más información:

Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta la cultura y escribir. A veces intenta con la ficción, y con los poemas, y es Camila Avril. Editora de la revista Generación. Estudió Hermenéutica Literaria.


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