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“La Inteligencia Artificial no tiene angustia existencial”: Gustavo Santaolalla

El músico y compositor argentino conversó con EL COLOMBIANO sobre las evoluciones de su carrera, sobre sus búsquedas musicales y los nuevos públicos a los que ha llegado gracias a los videojuegos.

  • Gustavo Santaolalla es un músico argentino, afincado en los Estados Unidos. Su trabajo le ha dado fama continental. Foto: Cortesía Piper Ferguson
    Gustavo Santaolalla es un músico argentino, afincado en los Estados Unidos. Su trabajo le ha dado fama continental. Foto: Cortesía Piper Ferguson
hace 38 minutos
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Gustavo Santaolalla ha hecho rock, canciones folclóricas, música instrumental, bandas sonoras para películas y videojuegos. Tan variado es su catálogo que no pocos críticos musicales lo consideran una suerte de rey Midas de la industria musical. Su palmares es impresionante: ha ganado dos Oscar en la modalidad de Banda Sonora, dos Grammy y 14 Grammy Latinos. Es el motor creativo del grupo BajoFondo y unos de los arquitectos del rock en español. En fin, una autoridad en todo el sentido de la palabra. Precisamente, parte de ese universo musical llegará a Medellín el 27 de agosto, durante el concierto que dará el argentino en el Teatro Pablo Tobón Uribe.

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Ese día, Santaolalla revisitará Ronroco, el álbum compuesto en homenaje a sus exploraciones vitales e interpretado con un charango de la región andina. Mientras llega la fecha de ese periplo sónico, EL COLOMBIANO conversó con Santaolalla de las evoluciones de su carrera, de la cumbia y de la Inteligencia Artificial

En los últimos años la palabra orgánico se ha popularizado en Colombia. Cuando pienso en su carrera, pienso en esa palabra. Cuando usted lo hace, antes de una gira o de un lanzamiento de música, ¿qué piensa?

“Creo que mi carrera se ha movido mucho, que la palabra que utilizaste es bastante coherente con lo que me ha pasado. Mis movimientos siempre han sido muy orgánicos. No ha habido realmente una planificación o una estrategia, sino más que nada ha habido un compromiso con lo que hago y con mi visión de la música. Siempre he tenido un apetito voraz por la vida, que me ha costado un par de grandes indigestiones, pero igual no lo he perdido. Y eso se refleja en todo. Me encanta todo tipo de música. La música para mí se divide en dos categorías: buena o mala.

En mis producciones y composiciones he explorado todo tipo de estilos, de manifestaciones. He sido artista, productor, compositor de música para películas y para videojuegos. Hoy en día estoy entrando más en el mundo de lo clásico. Todo esto ha sido sin demasiada estrategia. Ha habido una constante búsqueda, una constante necesidad de no quedarme en la zona de confort, en una zona de repetición. No quiero estar tocando lo mismo siempre.

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No tengo ningún problema con eso. Hace muchos años hice la canción Mañana campestre, que en la Argentina la enseñan en los colegios. Mucha gente la conoce, pero ni sabe que yo la hice. Eso es lo mejor que le puede pasar a una canción. Cuando conocí a mi señora, con la que estoy hace más de cuarenta años, ella no creía que yo había hecho esa canción. Algo parecido me pasó con la música de The Last of Us, que me permitió acceder a un público de videogamers, que no tenía idea de quién era yo. No me conocían de Bajofondo ni de las películas. Entonces, entablar a esta altura de mi vida una relación profunda con otro público ha sido muy gratificante y es el resultado de haber llevado una carrera muy orgánica”.

Por ejemplo, yo conocí su música en Diarios de Motocicleta. Luego supe del viaje que usted hizo con León Gieco por toda la Argentina, recogiendo las músicas regionales y trabajando en el disco de León...

“Claro. Mira hay una cosa muy graciosa. En Ronroco hay un tema que se llama De Usuahia a la Quiaca, que es uno de los temas más populares que he hecho. Walter Salles lo eligió para la película de Diarios de Motocicleta, sobre todo en la parte final, en la que aparecen las imágenes tan lindas de la gente de Latinoamérica. Pero él no sabía que había compuesto ese tema por el viaje que hice con León, que de alguna manera tiene puntos de encuentro con el viaje que hicieron Ernesto Guevara y Alberto Granado. Tenían en común que viajaban jóvenes en busca de su identidad, tratando de encontrar una relación más profunda con la tierra, con su cultura. Es muy lindo que haya escogido esa canción sin saber del viaje. Mi carrera está llena de esas cosas”.

En algún lado Benicio del Toro dijo que Ronroco es un disco que no solo se escucha, que es un disco que lo abraza a uno. Hablemos del proceso de abrazar a la gente con esta música, en esta gira que tendrá por América Latina. ¿Cuál es la sensación de tocarlo en vivo después de tanto tiempo?

“Mira, es una cosa increíble porque yo lo guardé durante mucho. Ese álbum lo conforman grabaciones que recopilé durante trece años. También necesité un tiempo para poder hacerlo en vivo. Claro, yo incorporaba dos o tres temas de Ronroco en mis conciertos, que han estado signados por un eclecticismo, no solamente estilístico cino sónico. Meterme a hacer Ronroco y ese tipo de música –porque incluí cosas de Camino, que es el álbum que siguió a Ronroco–, era meterme en un concierto en el que todo ocurre en un mismo universo. Entonces era un desafío para mí y también, supongo, para el público. Y lo que ha pasado es algo realmente maravilloso porque es un concierto realmente muy distinto a todo lo que podés ver. Hay que realmente estar para sentir lo que pasa, pero te lo puedo decir porque he hecho giras por Europa y Medio Oriente. Pasa algo difícil de describir. Casi todo está hecho con sonidos acústicos, sonidos naturales. El concierto está diseñado de una manera en que la gente no puede aplaudir hasta 20 minutos de comenzado el show. Y cuando entra el aplauso, la gente está dentro del viaje. Estoy muy feliz de llevarlo a Colombia, un país con el que tengo una relación de muchos años, no solo por el trabajo que hice con Juanes, sino también por mis visitas con Bajofondo y por el vínculo que tengo con su música.

Además, este es un tiempo especial por el fallecimiento de Totó la Momposina, alguien que mostró la Cumbia desde otro ángulo. Yo crecí escuchando vallenato y cumbia, y siempre me ha parecido impresionante lo que ocurrió con este ritmo. A veces lo comparo conceptualmente con el reggae: es una música que nace en un lugar y luego se expande por el mundo. Pero siento que la cumbia fue más allá, porque logró adaptarse a distintos territorios sin perder su esencia colombiana. Ahí están la cumbia norteña mexicana o la cumbia villera argentina, cada una con identidad propia”.

¿Cuál es su percepción de lo que está pasando con la inteligencia artificial y la creación de música?

“Mira, yo creo que es difícil hacer programas certeros. Creo que cosas similares ocurrieron cuando salieron los samples, por ejemplo. Me acuerdo que la gente decía, “uy, ya no van a necesitar más orquestas”. Y resulta que todavía, cuando querés hacer un buen score de una película, no hay nada como una orquesta, no hay nada como cuando 60 personas levantan un arco y lo dejan caer sobre las cuerdas.

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La inteligencia artificial, obviamente, es distinta porque con ella se pueden hacer muchas más cosas, pero hay algo que la inteligencia artificial no tiene y es la angustia existencial. O sea, eso que percibimos desde que nacemos de sentir que somos un universo, pero que al mismo tiempo hemos sido separados de algo. Además, la Inteligencia Artificial no tiene la gama de emociones que nosotros sí.

Pasará que la IA va ir modificando al oyente. Ya hay chicos que escuchan algo y detectan que se hizo con Inteligencia Artificial. Vamos a llegar a un momento en que escucharemos algo y diremos “No, esto es inteligencia artificial, está bueno, está muy bueno, pero no tiene eso otro: las emociones”. No creo que pueda sustituir la expresión del sentimiento de un ser humano”.

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