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La FIFA gana, los países asumen riesgo: ¿cuánto invirtieron las últimos naciones sede del Mundial y qué ganaron?

Aunque la Copa del Mundo impulsa el turismo y la economía durante varias semanas, la experiencia de las últimas cinco ediciones demuestra que los países anfitriones no siempre recuperan las multimillonarias inversiones que realizan.

  • Alemania, Brasil, Rusia, Sudáfrica y Qatar dejaron lecciones diferentes sobre el verdadero costo de organizar una Copa del Mundo. FOTOS JUAN ANTONIO SÁNCHEZ Y GETTY
    Alemania, Brasil, Rusia, Sudáfrica y Qatar dejaron lecciones diferentes sobre el verdadero costo de organizar una Copa del Mundo. FOTOS JUAN ANTONIO SÁNCHEZ Y GETTY
hace 2 horas
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Más allá de mover la pasión de miles de millones de aficionados, reunir culturas y paralizar al planeta durante un mes, el Mundial de la FIFA es uno de los negocios más grandes del deporte. Sin embargo, para los países que lo organizan, las cuentas no siempre terminan en verde.

La Copa Mundial de la Fifa 2026, que se está realizando en Estados Unidos, México y Canadá, además de ser un espectáculo deportivo, es una apuesta de una inversión de tres naciones que unieron fuerzas para recibir retornos de inversión en rubros como turismo, aumento del PIB, infraestructura, entre otros. Lo cierto es que el antecedente no es tan así.

Y es que, aunque el evento impulsa el turismo, el consumo y la actividad económica durante varias semanas, la experiencia de los últimos cinco mundiales demuestra que el retorno financiero directo suele ser inferior a las enormes inversiones que realizan los países anfitriones. En muchos casos, los beneficios terminan siendo más intangibles que contables.

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El negocio no siempre está en las cuentas

Cada Mundial exige inversiones multimillonarias en estadios, transporte, seguridad, aeropuertos y renovación urbana. La expectativa es que ese gasto se traduzca posteriormente en crecimiento económico, generación de empleo, llegada de turistas y mayor inversión extranjera.

Sin embargo, los resultados han sido muy distintos según el país organizador.

Alemania, en 2006, destinó cerca de 4.300 millones de dólares y logró uno de los casos más exitosos de retorno. Buena parte de la infraestructura deportiva ya existía, por lo que la inversión se concentró en modernizaciones que posteriormente siguieron siendo utilizadas. El torneo fortaleció el turismo y consolidó la imagen internacional del país.

Sudáfrica vivió una realidad diferente cuatro años después. Aunque invirtió alrededor de 3.600 millones de dólares, varios de los estadios construidos exclusivamente para el Mundial terminaron con poco uso, convirtiéndose en los llamados “elefantes blancos”, cuyo mantenimiento continúa representando altos costos para las autoridades locales.

Brasil llevó la apuesta mucho más lejos. El país destinó cerca de 15.000 millones de dólares para organizar el Mundial de 2014 entre estadios, carreteras, aeropuertos y obras de transporte. Aunque parte de esa infraestructura continúa siendo utilizada, diversos estudios estimaron pérdidas cercanas a 240 millones de dólares al considerar los costos directos del torneo y un retorno económico inferior al esperado.

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Uno de los pocos casos recientes con balance positivo fue Rusia. El Mundial de 2018 implicó inversiones cercanas a 11.600 millones de dólares, pero algunos análisis económicos calculan beneficios directos próximos a 250 millones de dólares, impulsados principalmente por el turismo y el uso posterior de parte de la infraestructura.

El caso más extremo es Qatar. La edición de 2022 se convirtió en el Mundial más costoso de la historia, con inversiones estimadas por ESPN en alrededor de 220.000 millones de dólares.

Sin embargo, la mayor parte de ese dinero no estuvo destinada únicamente al torneo, sino a una profunda transformación nacional que incluyó metro, carreteras, aeropuerto, urbanismo y nuevos desarrollos inmobiliarios. Más que recuperar la inversión mediante el campeonato, el objetivo era posicionar al país como un actor global y diversificar su economía.

Estados Unidos apostó por otro modelo

El Mundial de 2026 rompe con esa lógica de grandes construcciones. Estados Unidos, principal anfitrión del torneo junto con México y Canadá, aprovechó la infraestructura ya existente. Los partidos se disputan en modernos estadios de la NFL, por lo que el gasto público ha sido considerablemente menor frente a ediciones anteriores.

Según estimaciones, Washington destinó alrededor de 1.200 millones de dólares, de los cuales más de la mitad correspondieron al fortalecimiento de la seguridad, cerca de 500 millones se enfocaron en prevenir ataques con drones y alrededor de 100 millones fueron dirigidos a mejoras en el transporte de las ciudades sede.

La diferencia es notable frente a Brasil, Rusia o Qatar, cuyos gobiernos emprendieron megaproyectos de infraestructura para recibir el torneo.

El impacto económico todavía genera debate

Las proyecciones oficiales son optimistas. Un informe elaborado por la FIFA y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que el Mundial de 2026 aportará 41.000 millones de dólares al PIB conjunto de Estados Unidos, México y Canadá, generará 824.000 empleos y dejará más de 9.400 millones de dólares en ingresos por impuestos indirectos.

Sin embargo, economistas lo calificaron como exagerado y poco creíble. El tiempo pareció darles razón, puesto que algunos indicadores previos invitan a la cautela. La Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamientos (AHLA) advirtió, antes del inicio del campeonato, que cerca del 80% de los hoteles ubicados en las once ciudades sede de Estados Unidos registraban reservas inferiores a las previstas.

La organización señaló que factores como las tensiones políticas y las dificultades para obtener visas podían limitar la llegada de turistas internacionales y reducir el impacto económico esperado.

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La gran ganadora sigue siendo la FIFA

Mientras los países asumen buena parte de las inversiones y del riesgo financiero, la FIFA concentra la mayor parte de los ingresos.

El organismo administra la venta de entradas, los derechos de televisión, los contratos de patrocinio, las licencias comerciales y buena parte de la explotación comercial del torneo.

Según su presupuesto oficial, la FIFA espera obtener cerca de 9.000 millones de dólares en ingresos durante 2026, aunque algunos economistas, como Richard Sheehan, profesor emérito de Finanzas y autor del libro Keeping Score: The Economics of Big Time Sports, consideran que la cifra podría superar los 15.000 millones de dólares, impulsada principalmente por la venta de entradas, los derechos audiovisuales y los acuerdos comerciales, que todos esos van a las arcas del ente rector del fútbol y no de los países organizadores.

Solo por concepto de boletería, la organización proyecta recaudar 3.017 millones de dólares, más del triple de los cerca de 930 millones obtenidos durante el Mundial de Qatar.

Para Victor Matheson, profesor de economía deportiva de la Universidad de Holy Cross, el modelo de negocio favorece claramente a la FIFA. Según explicó a El País, la organización alquila los estadios bajo condiciones ventajosas y concentra prácticamente todas las fuentes de ingresos del torneo, mientras traslada buena parte de los costos de organización a los países anfitriones.

El verdadero retorno va más allá del dinero

La experiencia de las últimas dos décadas demuestra que medir el éxito de un Mundial únicamente por las utilidades económicas resulta insuficiente.

De acuerdo con Edgar Miranda Sosa, experto en finanzas, “En la mayoría de los casos, los principales beneficios aparecen años después y en variables difíciles de cuantificar: fortalecimiento de la marca país, incremento del turismo internacional, atracción de inversión extranjera, desarrollo de infraestructura y mayor posicionamiento geopolítico”, señaló en su cuenta de LinkedIn.

Por eso, más que un negocio financiero inmediato, organizar una Copa Mundial suele entenderse como una apuesta de largo plazo. El problema es que esos beneficios no siempre compensan las multimillonarias inversiones iniciales y, cuando las obras no encuentran un uso posterior, el costo termina recayendo sobre los gobiernos y los contribuyentes.

Preguntas y respuestas frecuentes

¿Qué país ha invertido más dinero en la historia de los Mundiales?
Qatar ostenta el récord del Mundial más costoso. Diversas estimaciones sitúan la inversión en alrededor de 220.000 millones de dólares, destinados principalmente a proyectos de infraestructura nacional como metro, carreteras, aeropuerto, urbanismo y nuevos estadios.
¿Quién obtiene la mayor ganancia económica de un Mundial: la FIFA o el país organizador?
Según informe de FIFA y OCDE, el torneo aportaría 41.000 millones de dólares al PIB de Estados Unidos, México y Canadá, generar alrededor de 824.000 empleos y producir 9.400 millones de dólares en ingresos por impuestos indirectos. Pero el impacto económico definitivo solo podrá evaluarse una vez concluya el campeonato.

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