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Una antología para conocer la otra historia del cuento colombiano

El libro estuvo a cargo del editor y docente Rodrigo Bastidas y fue publicado por Panamericana.

  • Rodrigo Bastidas es experto en ciencia ficción. Además, es profesor universitario. FOTO Cortesía
    Rodrigo Bastidas es experto en ciencia ficción. Además, es profesor universitario. FOTO Cortesía
15 de agosto de 2023
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La editorial Panamericana ha publicado Variaciones infinitas, una antología de cuento que les ofrece a los lectores otros nombres y otros textos de la tradición de este género en Colombia. El responsable de decidir cuáles cuentos se incluían y cuáles quedaban por fuera de la lista fue el escritor y docente universitario Rodrigo Bastidas, que tiene larga experiencia en el mundo editorial y en el estudio de la ciencia ficción. EL COLOMBIANO conversó con Bastidas sobre el trabajo de reunir en un libro de 200 páginas un conjunto de textos representativos de la ficción corta.

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Cuéntenos cuáles fueron sus criterios de escogencia...

“Hice una especie de investigación en la que noté que en muchas de las antologías de cuento aparecían constantemente los mismos textos. Es decir, había una especie de consenso sobre los cuentos y los autores que debían estar en esas antologías. Lo que intenté fue justamente tratar de no tomar esos cuentos. En algunos casos incluí a los mismos autores con textos distintos o en otros casos busqué nuevos autores. Entonces, a partir de eso, hice la selección, tratando de encontrar los cuentos que condensaran una época particular de la historia del cuento en Colombia”.

Toda antología es una lista de ausencias. ¿Qué se le quedó por fuera?

“Se quedaron por fuera un montón de autores y autoras. En algunos casos porque fue difícil conseguir sus derechos. Eso ocurrió con los cuentos de Marvel Moreno o con los de Ximenez, el cronista bogotano, cuyos textos considero cuentos. También quedó por fuera R.H. Moreno Durán, que me parece que tiene una propuesta de cuentos muy buena. También están por fuera los autores clásicos, porque quise darles espacio a otras voces. Eso explica, por ejemplo, porque no hay un cuento de Gabriel García Márquez, pero sí hay uno de Álvaro Cepeda”.

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¿Fue deliberada la paridad de sexo?

“Me parece que hay que revisitar las literaturas de mujeres que no habían sido tenidas en cuenta. Y de cierta manera me parece muy significativo que en la escritura de muchas autoras colombianas se puede ver de manera más clara ciertas marcas de época. Cuando me refiero a estas marcas de época y de la facilidad de verlo en escritoras, hablo de que nos hemos acostumbrado a leer cuentos cuyo interés central está en la referencialidad, es decir, que hablan de la historia de Colombia. Lo que ocurre en muchos casos en los textos de las escritoras es que esta relación con la realidad en la cual se está escribiendo no es referencial, sino que es una relación que se hace desde otro lugar, que es planteando diferentes voces narradoras, diferentes formas de trabajar el lenguaje, diferentes formas de trabajar la descripción”.

En la lista hay nombres que uno asocia más con la novela...

“En Colombia el cuento no ha sido un género muy fomentado por la academia. Aquí se le ha dado prelación a la novela. Quizá eso no ocurra solamente en Colombia, sino en otros países y por eso conocemos más novelistas. Nosotros no tenemos, por ejemplo, un Borges cuyo centro escritural estuvo tanto en los ensayos como en los cuentos, pero que nunca escribió novelas. Acá, en Colombia, durante mucho tiempo, el cuento se veía como una forma de acceder al texto final, que era la novela. Y eso nos ha hecho, de cierta manera, olvidar que este tipo de autores, como Álvaro Cepeda y Albalucía Ángel, también fueron grandes cuentistas. Entonces, el proceso consistió en revisar todos esos textos que no habían sido tan estudiados por la academia”.

¿Es coincidencia que los dos autores más jóvenes de la antología sean paisas?

“Fue una feliz coincidencia, realmente. En Medellín, en estos momentos, hay una gran producción de cuentos que van, por un lado, que me interesa mucho. Son esas narrativas que tienen que ver con lo fantasmal, con aquello que parece presente, pero no está. Es decir, se están narrando ausencias, mundos que no fueron. En los cuentos de Lina María Parra y de Cristian Romero justamente lo que aparece es la preocupación de cómo se construirá el futuro, como un fantasma, como una distopía, como un deseo frustrado”.

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